Desde hace años la agrupación local de familiares de personas con TEA (Trastorno del Espectro Autista) llevan adelante una importante labor de divulgación de la campaña nacional #MasLucesMenosRuidos con el fin de concientizar sobre los efectos perjudiciales que la pirotecnia sonora puede provocar.

Cada año gran cantidad de familias esperan con ansias la llegada de las fiestas de fin de año. Tradicionalmente en nuestro país tanto el 24 y 25 de diciembre, como el 31 de diciembre y 1° de enero, son fechas que invitan a la reunión, al reencuentro, y sobre todo a la celebración de un año concluido y otro que está por comenzar. Muchos destinan los días previos a la preparación de diferentes menús para la cena, algunos se encargan de la mesa dulce, la decoración y los regalos, otros incluso viajan cientos de kilómetros para estar con sus seres queridos.
Sin embargo, la realidad que afrontan las familias de personas con TEA no es la misma. Sus días previos a Navidad y Año Nuevo son de pura inquietud y nerviosismo, al tratar de hallar la forma en que sus hijos, sobrinos, padres o tíos con autismo no sufran el impacto de los fuegos artificiales.
Las personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA) padecen, en muchos casos, de hiperacusia o hipersensibilidad auditiva. La percepción de los estímulos externos, como los sonidos que son considerados fuertes, se tornan insoportables para ellos generando una desestabilización total que puede llegar a incluir miedo, convulsiones, autolesión y pérdida de la noción del tiempo.
“Las fiestas de fin de año son fechas que se esperan mucho para festejar, pero los familiares de personas TEA lo vivimos diferente. Uno termina aislándose de la familia y pasándolo solo, por miedo a lo que su hijo pueda sufrir. Siempre queremos cuidarlos”, comentó en exclusiva a este medio Patricia Sánchez, referente de la agrupación local ‘TGD Padres TEA’.
Y agregó que “acá en San Nicolás muchos papás alquilan quintas alejadas de la ciudad para poder pasar las fiestas. Otros directamente se van a otras localidades como Colón o ciudades aledañas en Córdoba, donde está prohibida la pirotecnia. Aquellos que no tienen la posibilidad económica para salir de la ciudad, simplemente se quedan en sus casas, cierran las ventanas, puertas y a afrontar lo que venga”.
Otra alternativa a la que recurren es llevar adelante la celebración familiar horas antes de la medianoche, para poder acostar temprano a los niños o familiares adultos y anticiparse a los fuegos artificiales y sonidos fuertes.
PATRICIA SÁNCHEZ, referente de ‘TGD Padres TEA San Nicolás’.
“Las discapacidades existen por las barreras que nosotros mismos imponemos como sociedad. Si no, no habría discapacidad. Somos neurodiversos, personas diferentes”.
Testimonio TEA
EL NORTE dialogó con María de los Ángeles, quien brindó sus vivencias en primera persona junto a su hijo con TEA, de 5 años. Así lo relató: “Soy mamá de un niño TEA. Mis experiencias en las fiestas son bastante complicadas. Muchos años no logramos sentarnos a la mesa a cenar con la familia, debido al susto que produce el impacto de la pirotecnia en mi niño. Suele asustarse con los primeros impactos que producen petardos o bombas de estruendo aunque estén lejos (una o dos cuadras) según la pirotecnia.
Hace dos años, cuando todos los niños y la mayoría de la ciudad estaban en sus mesas con sus familias cenando, mi niño (3) ya estaba asustado sin querer salir de la pieza, debajo de las sábanas y cobijas. Logramos que salga cuando se calmó. No pudimos cenar. A la hora del brindis (0:00) mi niño entró en crisis debido a que a media cuadra de donde estábamos pasando la Nochebuena, estaban tirando petardos (para él es como si estuvieran al lado explotando). En esa crisis él terminó lastimándose, lastimándome por un cabezazo debido al estrés que sentía. Él en ese momento no entendía lo que estaba pasando, no sabía cómo manifestar todo lo que sentía y lo que causa la pirotecnia de alto impacto en su cuerpo. A la hora en que su hermano empezaba a abrir los regalos, él aún continuaba en crisis. Su regalo lo abrió al día siguiente. Con suerte los impactos terminaron hacia las 0:30, pero la lucha siguió toda la noche para lograr calmarlo. Finalmente se durmió a las 5… casi 6 de la mañana, llorando y diciendo “o ma” (no más).
Es muy desgarrador tener que vivir estas cosas, pero lo más desgarrador que viví fue el 31 de diciembre del 2020. Parecía que se terminaba el mundo. Mi niño entró en crisis nuevamente y terminó en la guardia del hospital debido al trance y posteriores convulsiones que se produjeron por la pirotecnia de alto impacto sonoro. Pero no terminó ahí. Mi niño no logró salir del hospital que una moto con escape libre pasó por calle Mitre y en la esquina de Olleros hizo sonar el famoso ‘track’. Otra vez él entró en crisis. Lo pude controlar, pero nuestra lucha como mamá no terminó el 1 ni el 2 de enero, sino que sigue por días. Ante cualquier ruido se alarma, a veces llegan a ser semanas e incluso hasta meses, para que ellos logren volver a confiar en que todo ya pasó y sigan con su vida diaria. Desde mi posición de mamá, pido a la sociedad nicoleña que no olvidemos que hay niños, ancianos y personas con sensibilidad auditiva, incluso mascotas que sufren demasiado por la pirotecnia de alto impacto sonoro. Solo pido empatía por mi niño y por todas las personas que sufren producto de la pirotecnia”.
Impacto de la pirotecnia
Según explican los expertos de la salud, las personas con autismo son incapaces de procesar psicológicamente el impacto que produce la explosión masiva y el destello de la pirotecnia. Su carácter sorpresivo, impredecible, estruendoso y destellante hace imposible que la persona con esta patología pueda generar la capacidad de entendimiento y lectura del contexto.
Muchos responden llorando de manera continua, tapándose fuertemente los oídos. Además, se golpean la cabeza y las orejas llegando a producir, en muchos casos, lesiones importantes. Otros también pueden llegar a tener convulsiones, incluso salir corriendo y perderse.
“No solo sufre la persona con autismo, sufre toda la familia. Los chicos que se ven afectados por la pirotecnia muchas veces tardan un mes en recuperarse completamente, incluso dos. Tienen graves problemas para conciliar el sueño, y les cuesta volver a salir a la calle porque cualquier mínimo sonido los sobresalta”, explicó Patricia Sánchez.
En San Nicolás
Aunque en San Nicolás se evidencia un destacable cambio y mayor empatía hacia la discapacidad que afecta a más de 300 personas en la ciudad, hay barrios donde se siguen tirando fuegos artificiales sonoros, aseguró la referente de la agrupación local ‘TGD Padres TEA’. Y agregó que si bien está prohibida la venta de pirotecnia sonora, la gente la compra de manera ilegal por redes sociales. Además, en estos días durante los horarios de los partidos donde juega el seleccionado argentino es una locura, y los festejos posteriores, ni hablar.
Asimismo, manifestó que el año pasado los comerciantes le comentaban a la agrupación que se había vendido gran cantidad de espuma. En ciertos cotillones hasta tuvieron que reponer, porque mucha gente prefería esta alternativa. “No es necesario hacer estruendo para poder celebrar las fiestas. Obviamente la pirotecnia lumínica sí está permitida, el problema es la pirotecnia sonora”, dijo.
Por último, para concluir Patricia Sánchez aseveró: “En San Nicolás está prohibida la fabricación y comercialización de la pirotecnia, pero no su uso. Y eso hace que algunas personas continúen tirando. Seguimos apelando a la empatía de la sociedad para que esto no pase, pero es súper difícil”.

