Tal como EL NORTE consignara a comienzos de este año, las motos no detienen su destrucción en el área de barrancas del ex Parque Rafael de Aguiar. Damián Voglino, biólogo especializado en esta área natural, explica que su conservación es crucial aunque “en la actualidad lamentablemente han sido destruidas por el avance urbano que no considera el valor patrimonial que ellas contienen, ni su enorme potencial educativo y turístico”.

Carolina Mitriani
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El guardaparques ad honorem Oscar Ramírez, quien lleva casi 50 años de tareas en el Parque Aguiar, acercó a este medio imágenes del arrase de la naturaleza efectuado por motociclistas de San Nicolás y la zona. Entre insultos y amenazas al especialista, de 71 años, estas personas exhiben a plena luz del día sus movimientos, que se contraponen con los principios de conservación de la zona de barrancas, única en sus características.
Valor natural
Damián Voglino, investigador del Museo de Ciencias Naturales Scasso, compartió con EL NORTE los principales motivos por los que este espacio debe mantener un especial resguardo, velado por las autoridades competentes y en compañía de la conciencia social. Sobre sus inicios, señaló que “las barrancas del Parque Rafael Aguiar (derogado como Área Protegida por el llamado “Ecoparque”) se originaron a partir de fracturas y el hundimiento del subsuelo, producto del movimiento de la corteza terrestre. Durante la última ingresión marina hace 6000 años, fueron modeladas por la erosión litoral. En la actualidad, lamentablemente han sido destruidas por el avance urbano que no considera el valor patrimonial que ellas contienen ni su enorme potencial educativo y turístico”.
La composición de este escenario natural es considerada por el biólogo como “un libro del pasado geológico”, ya que “están constituidas por capas de sedimentos rojizos, blancos, amarillentos y verdosos originados en el oeste de nuestro país, y depositados en nuestra región por procesos vinculados a volcanes o glaciares”. En ellas, explica Voglino, se reconocen “diferentes minerales, estructuras geológicas, pretéritos pantanos, evidencias de la Era de Hielo y magníficos restos fósiles de plantas y animales extintos. Un ejemplo de estas estructuras peculiares se encontraba en las barrancas del camino costanero, próximo al Santuario, actualmente destruidas por infraestructura y obras que taparon a las barrancas con cemento”.
Milenarias
Las barrancas nicoleñas resultan un mapa en el tiempo, dado que contienen información sobre los últimos millones de años de nuestro territorio, con evidencias de dos épocas prehistóricas. “El Holoceno abarca el lapso temporal comprendido entre los diez mil años hasta el día de hoy, con registros culturales de los primeros pueblos originarios. El Pleistoceno se remonta desde hace casi dos millones y medio de años, momento en el cual habría surgido en África la especie humana. Se reconoce en prácticamente todo el perfil de nuestras barrancas destacándose, hacia el sector medio de su perfil, la finalización del evento “Matuyama”, tiempo en el cual los polos magnéticos de la Tierra estaban invertidos”, detalló el investigador.
Restos fósiles
Oscar Ramírez resaltó que el área mayormente afectada por motociclistas –que trazan a su gusto un circuito de destrucción– corresponde a un área de relevancia paleontológica. Voglino especificó que “se han encontrado en estas barrancas restos fósiles de pequeños y grandes mamíferos. Se trata muchas veces de especies extintas, como por ejemplo, gliptodontes, celidoterios, mastodontes, osos y grandes felinos. Pero también evidencia de sus actividades pasadas: es el caso de las madrigueras construidas en el subsuelo por especies gigantescas emparentadas lejanamente con los osos hormigueros”. Además, compartió que los ejemplos de estas estructuras se pueden observar en las barrancas próximas al barrio Barrancas del Yaguarón, “amenazadas no solo por las actividades recreativas descontroladas, sino también por las actuales obras que efectúan movimientos de sustratos en el marco del Eco Parque”.
Figuras mundiales como Alcides d’Orbigny y Charles Darwin, a principios y mediados del siglo XIX, realizaron estudios en la zona de barrancas del Parque Aguiar por su gran valor natural.
Visitas notables
Figuras mundiales como Alcides d’Orbigny y Charles Darwin, a principios y mediados del siglo XIX, realizaron estudios en la zona del Parque Aguiar, precisó el biólogo local, y remarcó el valor que contiene este espacio. “El naturalista suizo Santiago Roth colectó fósiles de las barrancas nicoleñas incluso antes de conocerse la existencia de dinosaurios en la Argentina. En su pionera obra de 1888 destaca a las barrancas de San Nicolás y, en función de sus fósiles, sienta las bases para el desarrollo paleontológico nacional”. Desde entonces, se han realizado en ellas numerosos hallazgos e investigaciones, como aquellas desarrolladas desde el Museo de Ciencias Naturales A. Scasso junto a diferentes instituciones científicas de nuestro país.
Pulmón
Las características de esta zona son especiales para el asentamiento de especies arbóreas adaptadas a la sequía: “Se trata de árboles característicos de la ecorregión del Chaco Seco, y que conforman los amenazados bosques nativos del espinal (talares), entre los que pueden encontrarse el chañar, el tala, el molle, ombúes, entre otros”. Parte del sotobosque, retrata Voglino, está integrado por la barba de chivo, el cedrón del monte, el tala de burro, el chucupí, el malvavisco y el abaticú. “En sitios puntuales pueden observarse cactus nativos y epífitas de varias especies. Los bosques constituyen el hábitat para animales silvestres migratorios, emblemáticos, raros y amenazados de extinción”, concluyó.

