Cuántas almendras por día pueden ayudar a controlar el colesterol, según un nuevo estudio

SALUD

Un ensayo clínico con adultos que presentaban síndrome metabólico comparó esta colación frente a galletas de igual valor calórico. Por qué los especialistas advierten que este hallazgo solo aplica a un grupo puntual de personas.

Las almendras ocupan un lugar frecuente entre las colaciones por su sabor, su textura y la facilidad para incorporarlas a distintas comidas. Sin embargo, cuando se habla de sus posibles efectos sobre la salud, la pregunta no se limita a incluirlas o no en la alimentación: también importa la cantidad analizada y el contexto en que se consumieron.

La porción habitual suele mencionarse como una referencia práctica, pero los resultados de un estudio sobre almendras corresponden a una cantidad, una población y una comparación específicas.

Esa distinción resulta necesaria para evitar que un dato de investigación se transforme, sin matices, en una recomendación para cualquier persona.

Según la nutricionista dietista registrada Amy Brownstein, en un artículo para Verywell Health, diversas investigaciones sobre las almendras emplearon cantidades que superan la porción habitual de 23 unidades.

La investigación evaluó 56 gramos diarios, equivalentes a cerca de 45 unidades, y no un rango válido para cualquier persona.

El estudio comparó almendras con galletas de igual aporte calórico

El ensayo reunió a 77 adultos con síndrome metabólico. Esta condición combina alteraciones que aumentan el riesgo de problemas cardiovasculares y metabólicos, como el exceso de grasa abdominal, la presión arterial elevada, la glucosa alta, los triglicéridos altos o el colesterol HDL bajo.

Los participantes se distribuyeron en dos grupos. Treinta y ocho consumieron almendras enteras tostadas en seco cada día, mientras que 39 recibieron galletas con el mismo aporte calórico.

La comparación con una colación de calorías equivalentes es un aspecto central del diseño. Permite observar qué ocurrió cuando las almendras reemplazaron a otro refrigerio, en lugar de atribuir los cambios al simple aumento de la comida diaria.

El ensayo no analizó qué sucede si esa cantidad de almendras se agrega a una dieta sin reemplazar otros alimentos.

Durante las 12 semanas, el grupo que consumió almendras registró niveles más bajos de colesterol total y de colesterol de lipoproteínas de baja densidad, conocido como colesterol LDL, frente al grupo que recibió galletas.

El LDL es una de las medidas que se toman en cuenta al evaluar el riesgo cardiovascular. Los autores también informaron una reducción moderada de la circunferencia de cintura en la cuarta semana.

Ese dato no permite presentar a las almendras como una herramienta aislada para bajar de peso o modificar la composición corporal, ya que el estudio indicó que el peso total y la ingesta calórica no cambiaron durante la intervención.

Cambios intestinales

El ensayo también evaluó indicadores vinculados con el intestino y la inflamación. La barrera intestinal regula el paso de sustancias desde el intestino hacia el resto del organismo.

Según el artículo científico, las mejoras en estos indicadores aparecieron en participantes que ya tenían valores altos de inflamación al comienzo del estudio.

Entre las mediciones se incluyeron la calprotectina y la mieloperoxidasa fecales, proteínas que sirven como indicadores de inflamación intestinal. El trabajo informó una mejora de esos marcadores en el subgrupo con inflamación alta al inicio.

Por ese motivo, el resultado no puede trasladarse de manera automática a personas sin esa condición ni interpretarse como un tratamiento para molestias digestivas.

En ese ensayo de Beaver y sus colegas, los investigadores detectaron un aumento de alfatocoferol en relación con el colesterol y una mayor eliminación de un marcador de vitamina E. La vitamina E participa en la protección de las células frente al daño oxidativo.

Además, el grupo que recibió almendras aumentó su consumo de fibra soluble, cobre, biotina, magnesio y grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas, de acuerdo con el artículo de Nutrition Research.

El diseño permite afirmar que, en este grupo de adultos con síndrome metabólico, sustituir una colación de galletas por almendras mejoró el perfil nutricional de esa comida y se asoció con cambios en algunas mediciones de sangre e intestino.

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