Israel vota en unas legislativas clave para Netanyahu

Netanyahu se juega su futuro político en las urnas

Benjamin Netanyahu durante un acto de campaña en Israel

NewsITe

Israel celebra este martes unas elecciones legislativas decisivas en las que el primer ministro Benjamin Netanyahu disputa su supervivencia política frente al ex jefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot. Unos 7,3 millones de ciudadanos están habilitados para votar y definir la composición de la Knesset, el parlamento unicameral de 120 escaños, en un contexto de fuerte polarización interna y pancartas cruzadas con la guerra en Gaza y el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 como telón de fondo.

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El sistema electoral israelí, de representación proporcional pura, obliga a los partidos a superar un umbral del 3,25% de los votos para ingresar al Parlamento. En esta ocasión se inscribieron 37 listas, aunque los sondeos prevén que entre 11 y 13 agrupaciones logren escaños. Las encuestas más recientes muestran un escenario muy reñido, con una ventaja exigua de Eisenkot sobre el Likud de Netanyahu en algunos estudios, y una situación inversa en otros relevamientos más cercanos al oficialismo.

El bloque de Netanyahu articula al derechista Likud, dos partidos de extrema derecha liderados por Bezalel Smotrich e Itamar Ben-Gvir y dos fuerzas ultraortodoxas. En conjunto, la mayoría de los sondeos les asigna entre 49 y 55 bancas, por debajo de las 61 necesarias para formar gobierno. La oposición, si bien numerosa en votos potenciales, aparece fuertemente fragmentada entre centristas, derecha laica y sectores de izquierda judía y árabe.

Una oposición atomizada y el rol clave del voto árabe

Del lado opositor, Eisenkot se posiciona como figura central, pero no logra ordenar a todo el arco contrario a Netanyahu. A su derecha compiten por el liderazgo el ex primer ministro Naftali Bennett y el ex ministro de Defensa Avigdor Liberman, mientras que por la izquierda se ubican los Demócratas que encabeza Yair Golan. La falta de un acuerdo claro sobre quién debería encabezar un eventual gobierno alternativo alimenta la incertidumbre poselectoral.

Los analistas coinciden en que cualquier coalición que aspire a una mayoría estable requerirá, al menos, del apoyo parlamentario o la abstención de los partidos árabes. Los ciudadanos palestinos de Israel representan alrededor del 20% de la población y su participación podría ser determinante. En 2022 votó el 53,2% del electorado árabe frente al 70,6% general; para esta elección, los sondeos anticipan que ese porcentaje superaría el 60%, lo que puede redefinir los equilibrios en la Knesset.

Qué preocupa a los votantes israelíes

Más allá de las figuras en disputa, el humor social aparece marcado por las dificultades económicas y el costo de la vida. Un estudio del centro Achord de la Universidad Hebrea reveló que el 58% de los votantes de entre 22 y 34 años prioriza el encarecimiento de los alquileres y los precios de la vivienda a la hora de definir su voto, mientras que un 36% menciona en primer lugar las cuestiones de seguridad. La prolongación del conflicto en múltiples frentes y la sensación de desgaste también inciden en el clima electoral.

Netanyahu, de 77 años, intenta capitalizar apoyos internacionales de alto perfil. Suele destacar el respaldo del ex presidente estadounidense Donald Trump y plantea la contienda como una lucha existencial por la “supervivencia del Estado judío”. Advierte, además, que una victoria de sus adversarios podría abrir el camino a la creación de un Estado palestino, propuesta que, según insiste, rechaza la mayoría de la sociedad israelí.

Antecedentes y polarización internacional

La votación llega tras la autodisolución unánime de la Knesset, aprobada el 17 de julio, que dio paso a un gobierno interino con facultades limitadas. Será la primera vez desde 1988 que se completa un mandato de cuatro años antes de convocar a las urnas, en medio de un áspero debate sobre las reformas judiciales impulsadas por Netanyahu, las exenciones del servicio militar para los hombres ultraortodoxos y las responsabilidades políticas por las fallas de seguridad del 7 de octubre.

En el plano internacional, Netanyahu mantiene una relación cercana con el presidente argentino Javier Milei, con coincidencias en política exterior y en el respaldo de Israel a la postura de Buenos Aires sobre Malvinas. A la vez, recibe apoyos explícitos de Trump, quien llamó a votar por “Bibi” y lo definió como un “primer ministro guerrero excepcional”. En la vereda opuesta, Irán minimiza la relevancia del resultado y acusa a Israel de “violencia y masacre” en la región, en el marco de denuncias de organizaciones internacionales por presuntos crímenes de guerra en Gaza.

“Netanyahu no es apto para permanecer en el cargo, difunde odio y miedo, y presenta a sus rivales como enemigos de Israel”, lanzó Gadi Eisenkot en una entrevista con la cadena pública Kan, sintetizando la dureza del enfrentamiento político.

Al cierre de la campaña, las encuestas no otorgan una mayoría clara a ningún bloque y abren un abanico de opciones que va desde un gobierno minoritario sostenido por acuerdos puntuales hasta una gran coalición de unidad nacional o incluso la convocatoria a nuevas elecciones. El resultado final no solo definirá el futuro inmediato de Netanyahu, el primer ministro que más tiempo ocupó el cargo en la historia del país, sino también la orientación política de Israel en un momento de máxima tensión regional e interna.

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