Cómo Lula dio vuelta la elección y entró en la historia de Brasil

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El triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva en el reciente balotaje brasileño no sólo significó el retorno del líder del Partido de los Trabajadores (PT) al Palacio del Planalto, sino también un hito histórico en la región. Nunca antes un presidente brasileño había perdido la primera vuelta y logrado revertir el resultado en la segunda, ni un mismo dirigente había alcanzado cuatro mandatos en la jefatura del Estado.
Con casi el 52% de los votos, Lula sumó alrededor de 64,2 millones de sufragios, unos 10 millones más que en la primera ronda. Del otro lado, Flávio Bolsonaro —heredero político de su padre Jair— retuvo el 48% y apenas creció 3 millones de votos respecto de la elección inicial, quedando lejos de las proyecciones de encuestadoras que, tras errarle en la primera vuelta, lo daban como favorito o en empate técnico.
La clave del “batacazo” estuvo en la movilización de los 33 millones de electores que se habían mantenido al margen en la primera vuelta. Con ese objetivo, Lula impulsó un paquete de medidas económicas y sociales de fuerte impacto, comparado por la oposición con el “Plan Platita” argentino. El oficialismo redujo la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales, avanzó hacia un esquema 5×2 y acompañó la iniciativa con condonación de deudas para emprendedores, créditos blandos para taxistas y beneficios para universitarios y beneficiarios de la Bolsa Familia.
El giro también alcanzó al discurso de seguridad, uno de los flancos débiles del PT. Lula prometió crear un Ministerio de Seguridad, debatir la baja de la edad de imputabilidad de 18 a 16 años y avanzar en una reforma constitucional para que las fuerzas federales tengan mayor margen de acción, tradicionalmente en manos de los estados. De este modo buscó neutralizar una de las banderas centrales del bolsonarismo.
Campaña digital, religiosidad y apoyo internacional
En paralelo, la campaña sufrió una fuerte tensión en las redes sociales. El PT denunció a Meta por supuestos cambios en los algoritmos que habrían favorecido la difusión de contenidos ligados a Bolsonaro. Varios medios brasileños describieron como “invasiva” la presencia del discurso bolsonarista en plataformas digitales, lo que alimentó la percepción de campaña sucia en internet.
Otro capítulo crucial fue el terreno religioso. En un país donde la fe católica y el crecimiento de las iglesias evangélicas pesan en la agenda pública, circularon versiones sobre eventuales presiones de Bolsonaro para remover obispos considerados “progresistas” y cambios en el estatus de la Virgen de Aparecida como Patrona de Brasil. Aunque el exmandatario habló de fake news, un sector de la Iglesia católica se pronunció abiertamente a favor de Lula, llamando a los fieles a las urnas.
En el frente externo, el respaldo internacional a Bolsonaro fue más tibio que en otras experiencias de derecha en la región. El apoyo de Donald Trump se sintió distante en comparación con su entusiasmo hacia figuras como Javier Milei o Keiko Fujimori. En este contexto, analistas se preguntan si a Washington le resulta más funcional un Brasil conducido por Lula dentro de los BRICS, pero con margen para el diálogo con Estados Unidos.
Un Brasil partido en dos y el impacto regional
El resultado ajustado confirma una sociedad profundamente polarizada, con “dos Brasiles” casi irreconciliables. Bolsonaro decidió judicializar la elección, aunque hasta ahora no se registraron episodios graves como los disturbios de enero de 2023, cuando seguidores del exmandatario irrumpieron en edificios públicos para exigir un golpe de Estado.
Lula deberá gobernar con un Congreso dominado por el bolsonarismo y fuerzas de centroderecha, escenario que anticipa negociaciones tensas para avanzar con sus reformas. Al mismo tiempo, su triunfo reaviva el debate sobre un posible freno al avance de las derechas en América Latina y abre interrogantes sobre un eventual nuevo ciclo “progresista” en la región.
En la Argentina, la mirada está puesta en cómo este cuarto mandato de Lula puede influir en la agenda política y económica local, así como en las presidenciales de 2027. Por ahora, el resultado deja más preguntas que certezas, pero exhibe con claridad un movimiento de resistencia social que, en apenas tres semanas, logró cambiar el destino político del país vecino.
El histórico regreso de Lula, con un cuarto mandato y un país dividido, vuelve a colocar a Brasil en el centro del tablero político latinoamericano.

