Cáncer de mama: cómo cambian el diagnóstico y los tratamientos

NewsITe
El cáncer de mama continúa siendo el tumor más frecuente en las mujeres a nivel mundial y también en la Argentina. Cada año se estiman más de 20.750 nuevos casos en el país, impulsados por el aumento de factores de riesgo y el envejecimiento poblacional. Sin embargo, a pesar de esa alta incidencia, la mortalidad muestra un descenso sostenido cercano al 1,7% anual entre 2014 y 2026, de acuerdo con análisis de la Dirección Nacional de Cáncer del Ministerio de Salud.
Ese descenso está vinculado, principalmente, a dos pilares: la detección temprana y la incorporación de terapias más específicas. El mayor cambio de paradigma es entender que no todos los tumores mamarios son iguales y que cada paciente requiere una estrategia personalizada, basada en las características biológicas de su enfermedad y de su propia historia clínica.
“Detectar temprano, conocer bien cada tumor y elegir el tratamiento adecuado para cada paciente permite obtener mejores resultados”, resume el oncólogo Juan Ignacio Hernández Morán, jefe del Servicio de Oncología y coordinador de la Unidad de Tumores Mamarios del Instituto Argentino de Diagnóstico y Tratamiento (IADT). Según el especialista, se pasó de tratamientos generales a abordajes mucho más precisos, que mejoran las chances de curación en enfermedad localizada y prolongan la vida en casos avanzados.
Diagnóstico temprano: mamografías y nuevas tecnologías
El cáncer de mama es más frecuente después de los 50 años, en especial entre los 50 y los 69, aunque puede aparecer a cualquier edad. Se estima que entre el 5% y el 10% de los diagnósticos se vinculan a formas hereditarias, por lo que no tener antecedentes familiares no elimina el riesgo.
La especialista en diagnóstico por imágenes mamarias María Eloísa Godino, integrante de la Unidad de Tumores Mamarios del IADT, subraya que los controles mamarios deben integrarse al cuidado habitual de la salud, sin esperar síntomas. En muchas ocasiones, el cáncer de mama se desarrolla en silencio, sin dolor ni cambios visibles o palpables.
En Argentina, el Consenso Nacional Inter-Sociedades recomienda realizar una mamografía de base entre los 35 y los 37 años y, desde los 40, un control mamográfico anual en mujeres con riesgo promedio. Este estudio sigue siendo la herramienta fundamental para la detección temprana: permite identificar lesiones muy pequeñas y microcalcificaciones que pueden ser los primeros signos de la enfermedad.
En la última década se sumaron tecnologías que aumentan la precisión del diagnóstico. La tomosíntesis, conocida como mamografía 3D, obtiene imágenes desde diferentes ángulos y reduce la superposición de tejidos. La ecografía mamaria, por su parte, ayuda a caracterizar mejor las lesiones y es especialmente útil en mamas densas. En situaciones puntuales también se recurre a resonancia magnética o mamografía con contraste, de acuerdo con la historia clínica de cada paciente.
La tecnología por sí sola no alcanza: la lectura de los estudios y las decisiones posteriores requieren equipos médicos especializados e interdisciplinarios.
Cuándo consultar y qué signos de alarma vigilar
Además de los controles periódicos, es clave acudir al médico ante cualquier cambio nuevo en la mama o la axila. Entre los signos de alerta se encuentran:
- Aparición de un nódulo o bulto en la mama o debajo del brazo.
- Modificaciones en el tamaño o la forma de una de las mamas.
- Retracción o hundimiento del pezón.
- Enrojecimiento, engrosamiento o cambios persistentes en la piel.
- Secreción espontánea por el pezón que no tenga explicación clara.
La presencia de uno o varios de estos síntomas no implica necesariamente un cáncer, pero sí requiere evaluación médica. Al mismo tiempo, mantener un peso saludable, realizar actividad física en forma regular y limitar el consumo de alcohol contribuye a reducir el riesgo, aunque no lo elimina completamente.
Cirugía más conservadora y tratamientos personalizados
En el plano quirúrgico, uno de los avances más importantes fue la tendencia a la desescalada: cirugías más precisas, conservadoras y menos invasivas. El mastólogo Francisco Santillán, jefe de Mastología del IADT, destaca que la identificación del ganglio centinela permite evitar, en muchos casos, el vaciamiento completo de la axila y sus secuelas, como el linfedema de brazo o las limitaciones en la movilidad del hombro.
La cirugía conservadora es hoy la primera opción cuando existe una adecuada relación entre el tamaño del tumor y el volumen mamario, siempre que se aseguren márgenes libres de enfermedad. La mastectomía se reserva para tumores grandes, múltiples o en pacientes con mutaciones genéticas de alto riesgo. La reconstrucción mamaria, a su vez, se considera parte integral del tratamiento oncológico, con foco en la imagen corporal y el bienestar emocional.
En oncología médica, el cambio central fue reconocer que existen distintos subtipos de cáncer de mama. Para definir la mejor terapia se analizan el estadio de la enfermedad, la histopatología, la inmunohistoquímica (receptores hormonales, HER2/neu, índice Ki-67) y, en casos seleccionados, el perfil molecular. Esta información orienta el uso de terapias dirigidas, hormonales, quimioterapia e incluso inmunoterapia en subgrupos específicos.
Pronóstico, controles y el valor del enfoque interdisciplinario
Cuando el cáncer de mama se diagnostica en etapas tempranas, las probabilidades de curación son muy altas. En enfermedad avanzada, los tratamientos actuales permiten controlar la patología durante largos períodos y mejorar notablemente la calidad de vida. Estudios como el PET/CT se utilizan en situaciones seleccionadas para conocer la extensión de las lesiones y evaluar la respuesta al tratamiento.
Hernández Morán remarca la importancia de las unidades funcionales especializadas, que integran oncólogos, mastólogos, especialistas en imágenes, patólogos y otros profesionales. Este modelo, ya adoptado en centros de referencia internacionales y replicado en la Argentina tanto en el ámbito universitario como en instituciones privadas, evita que la persona deba “peregrinar” de consultorio en consultorio con sus estudios.
El desafío hacia adelante es seguir avanzando en una medicina más precisa, que permita diagnosticar antes, conocer mejor cada tumor y evitar intervenciones o terapias innecesarias. En ese camino, los controles periódicos, el acceso a tecnología adecuada y la consulta temprana ante cualquier síntoma siguen siendo las herramientas más poderosas para cambiar la historia de la enfermedad.

