Alemania y Francia ofrecen financiar tres submarinos para la Armada

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Alemania y Francia presentaron a la Argentina una propuesta de financiamiento total para la compra de tres submarinos, en una operación estimada en algo más de 3.000 millones de euros, equivalentes a unos 3.355 millones de dólares. La iniciativa, confirmada por el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, almirante Marcelo Dalle Nogare, se enmarca en el plan de reequipamiento militar impulsado por el gobierno de Javier Milei.
El anuncio fue expuesto durante el tradicional almuerzo del Rotary Club en Buenos Aires, donde Dalle Nogare detalló que, por primera vez, el Poder Ejecutivo autorizó a la Armada a gestionar un crédito externo específico para modernizar su flota. El esquema prevé 2.300 millones de dólares para la adquisición de submarinos y otros 1.200 millones para la compra de dos fragatas, lo que marcaría un salto cualitativo en la capacidad naval del país tras años de postergación presupuestaria.
En paralelo, el Ministerio de Defensa avanza con la construcción de la Base Naval Integrada en Ushuaia, concebida como un polo estratégico de proyección hacia el Atlántico Sur y la Antártida. La licitación, por casi 190.000 millones de pesos, ya fue publicada en el Boletín Oficial y contempla la apertura de sobres para el 20 de noviembre. Esta infraestructura es considerada clave para el futuro despliegue de la nueva flota.
Dos modelos en estudio y debate geopolítico
Antes de llegar a la instancia financiera, el jefe de la Armada, almirante Juan Carlos Romay, elevó al Ministerio de Defensa un informe técnico con la evaluación de las propuestas recibidas. Allí se analizaron dos alternativas principales: el modelo Scorpène, ofrecido por el astillero francés Naval Group, y el Type 209NG, presentado por la alemana ThyssenKrupp Marine Systems (TKMS). En ambos casos se prevé un esquema de devolución en cuotas y una primera entrega de unidades en un plazo estimado de seis años.
El Scorpène Evolved propuesto por Francia es un submarino de alrededor de 2.000 toneladas de desplazamiento y 72 metros de eslora, con autonomía de hasta 80 días y capacidad para portar torpedos pesados y misiles Exocet, lo que le otorga un importante poder disuasivo. La opción alemana, el Type 209NG, ronda las 1.590 toneladas en superficie e incorpora el moderno sistema de combate ORCCA, además de apoyarse en la experiencia histórica de la Armada Argentina, que opera submarinos de la familia 209 desde la década de 1970.
La posible compra de submarinos generó reacciones en el plano internacional. Fuentes diplomáticas y analistas de defensa señalan que el Reino Unido y Chile siguen de cerca el proyecto, atentos al impacto que una flota submarina moderna podría tener en el equilibrio estratégico del Atlántico Sur y en la competencia por la proyección logística hacia la Antártida. En ese contexto, la modernización naval es leída no solo como una decisión militar, sino también como un movimiento geopolítico de largo plazo.
Defensa de recursos y comercio marítimo
Especialistas en asuntos navales remarcan que la incorporación de submarinos y buques modernos es prioritaria para proteger el comercio marítimo y los recursos económicos argentinos. El aumento proyectado del tráfico de buques petroleros y gasíferos asociado al desarrollo de Vaca Muerta vuelve más sensible la seguridad de las rutas marítimas y de las zonas de explotación en la plataforma continental.
- Refuerzo de la presencia argentina en el Atlántico Sur y el acceso a la Antártida.
- Mayor capacidad para disuadir incursiones ilegales en aguas bajo jurisdicción nacional.
- Protección del creciente flujo de comercio exterior vinculado a Vaca Muerta.
- Actualización tecnológica tras años sin submarinos operativos plenos.
“La capacidad submarina es esencial para resguardar nuestros intereses marítimos y sostener una política activa en el Atlántico Sur”, coinciden analistas de defensa consultados por distintos centros de estudio.
Aunque la decisión final sobre el modelo y los plazos de adquisición aún no fue oficializada, la combinación de financiamiento europeo, autorización de crédito externo y obras en la Base Naval Integrada de Ushuaia configura el proyecto naval más ambicioso de las últimas décadas. Su avance dependerá ahora de las negociaciones técnicas y financieras, así como del respaldo político que logre en el Congreso y en la opinión pública.

