Preocupación por el aumento de internaciones y el malestar juvenil

NewsITe
La salud mental de las y los adolescentes atraviesa una etapa crítica en la Argentina y plantea desafíos urgentes para las familias, la escuela y el sistema de salud. Datos recientes del Ministerio Público Tutelar de la Ciudad de Buenos Aires revelan que las internaciones por riesgo suicida aumentaron un 15% entre 2023 y 2025, con una fuerte prevalencia en mujeres y en chicas y chicos de entre 13 y 15 años.
De acuerdo con ese informe, el 72,4% de las internaciones correspondió a mujeres y el 50,6% a adolescentes de 13 a 15 años, una franja etaria especialmente vulnerable. Detrás de estas cifras aparecen historias atravesadas por la soledad, la sensación de falta de sentido, el bullying, distintas formas de abuso y el avance de fenómenos como las apuestas y los préstamos en línea.
“Los adolescentes que llegan a la consulta generalmente manifiestan que se sienten solos, que no tienen ganas de vivir, que no ven perspectiva de futuro o no ven sentido a las cosas que hacen”, explicó la psiquiatra infanto-juvenil Silvia Ongini, del Departamento de Pediatría del Hospital de Clínicas de la UBA. La especialista advierte que muchos también llegan tras haber sido víctimas de acoso, violencia sexual o engaños a través de plataformas digitales.
Velocidad, pantallas e hiperconectividad: un contexto que impacta
Ongini describe el clima de época como una “velocidad maníaca”, donde todo debe ser inmediato y la atención se fragmenta. En ese marco, cada vez más adolescentes consultan por ansiedad y depresión, signo de un contexto saturado de estímulos que deja poco espacio para procesar emociones y elaborar un pensamiento crítico propio.
Cuando la vida cotidiana se reduce a estímulos rápidos y cambiantes, especialmente a través de pantallas, se dificulta la construcción de criterios propios y se resiente la toma de decisiones. Al mismo tiempo, se transforman los vínculos: pese a la hiperconectividad, se observa una “dilución” de las redes de contención. Falta tiempo para la escucha atenta, para la mirada y el encuentro cara a cara.
La especialista también remarca la devaluación de las instituciones y de las figuras significativas de referencia, como madres, padres o adultos a cargo. El pasaje de modelos muy autoritarios a un escenario donde muchas veces no hay límites claros deja a las y los adolescentes más expuestos en edades en las que necesitan un marco firme y contenedor.
Soledad en compañía y el rol de la tecnología
Otro fenómeno en crecimiento es la llamada “soledad en compañía”: adolescentes que están conectados permanentemente, pero se sienten profundamente solos. Las redes sociales ofrecen una sensación de pertenencia que muchas veces es apenas un “como si”: vínculos lábiles, exposición constante y presión por mostrarse, sin garantía de contención real.
Según Ongini, incluso hay jóvenes que señalan que les resulta más fácil hablar de sus emociones con sistemas de inteligencia artificial que con un adulto o un par. Aunque saben que “del otro lado” no hay una persona real, eligen esa vía porque no encuentran espacios de escucha cercanos, lo que refuerza la percepción de aislamiento.
Cómo acompañar y detectar señales de riesgo
Ante este escenario, la mirada adulta se vuelve clave. Especialistas subrayan la necesidad de abrir espacios de diálogo sin prejuicios, registrar cambios de conducta y no minimizar comentarios o señales de sufrimiento. El objetivo es intervenir antes de que el malestar derive en situaciones de alto riesgo, como intentos de suicidio o conductas autodestructivas.
- Señales de riesgo frecuentes: aislamiento, irritabilidad, ideas persistentes de fracaso o desesperanza y retraimiento emocional.
- Otras alertas: cambios bruscos en hábitos de sueño y alimentación, conductas desafiantes o violentas, consumo de alcohol y drogas, abandono del cuidado personal y caída del rendimiento escolar o laboral.
Los especialistas recomiendan que, ante la sospecha de un problema, las familias consulten a equipos de salud mental, pediatras, orientadores escolares o servicios especializados. Cuanto más temprano se detecta el sufrimiento, mayores son las posibilidades de acompañar y evitar daños mayores.
Nuevas violencias y el impacto de los entornos digitales
Las transformaciones tecnológicas también potenciaron formas de violencia que afectan a niñas, niños y adolescentes. La exposición permanente a redes sociales y plataformas digitales facilita la violencia sexual en línea, el grooming, la difusión de imágenes íntimas sin consentimiento y el uso de inteligencia artificial para producir contenidos sexuales abusivos.
En la Argentina se estima que casi 2 millones de chicas y chicos podrían ser víctimas de violencia sexual, según una proyección de la Red por la Infancia difundida por el Centro de Prevención y Atención del Abuso Sexual en la Infancia y Adolescencia (CEPASI). La mayoría de los abusos se dan en el entorno cercano: entre el 70% y el 80% son intrafamiliares y ocurren dentro del hogar.
“No alcanza con pedirles a los chicos que digan ‘no’. Es imprescindible respetar sus límites y construir entornos seguros, donde las personas adultas sean quienes asuman la responsabilidad de protegerlos y acompañarlos”, remarca Ongini.
La prevención incluye una Educación Sexual Integral efectiva en las escuelas, diálogo permanente en los hogares y acompañamiento profesional. La Ley 26.061 obliga a cualquier persona que sospeche de abuso o violencia a denunciar ante organismos de protección o la Justicia. Para orientación y ayuda se puede llamar a la Línea 137 o a la Línea 102, además de acudir a comisarías, fiscalías, juzgados, defensorías y organizaciones especializadas.
Congreso para pensar nuevas respuestas
En este contexto, el miércoles 21 de octubre se realizará en el Hospital de Clínicas el IV Congreso Interdisciplinario de Salud y Justicia, bajo el lema “Nuevas violencias, nuevas respuestas: infancias y adolescencias frente a los desafíos de esta época”. El encuentro, que se desarrollará en el Aula 20 de 8.30 a 16, reunirá a especialistas de distintas disciplinas para abordar salud mental, violencia sexual digital, acceso a la justicia y debates sobre la edad de punibilidad, entre otros temas.
La iniciativa busca articular miradas del sistema de salud, la justicia, la educación y las organizaciones sociales para construir respuestas integrales frente a problemáticas que ya no pueden ser ignoradas. La salud mental de las y los adolescentes, coinciden los especialistas, debe ser una prioridad de la agenda pública.

