Se agrava la crisis textil: caída de 22,6% en la producción y más de 28.000 empleos perdidos

Ricardo Kuchikian , CEO de Cocot Dofour, sostuvo que la caída del consumo llevó a la empresa a una crisis más compleja que las atravesadas durante la pandemia y las grandes crisis económicas de las últimas décadas. Los números del sector acompañan ese diagnóstico: la producción textil cayó 22,6% durante los primeros siete meses de 2026 y desde diciembre de 2023 se perdieron más de 28.000 empleos.

crisis textil

El desplome del consumo está golpeando de lleno a la industria textil y uno de los empresarios históricos del sector asegura que nunca atravesó una situación semejante. Ricardo Kuchikian, CEO de Cocot Dufour, calificó el escenario actual en diálogo con Infobae como la peor crisis que enfrentó la compañía desde su creación en 1982.

“Esta es la peor crisis en los cuarenta y pico de años que tiene la empresa. Peor que la pandemia, peor que el 2001, peor que el Plan Primavera, las hiperinflaciones de Alfonsín, de Menem”, afirmó durante una entrevista en el podcast Fábrica País.

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Kuchikian marcó una diferencia central respecto de aquellos períodos: la magnitud de la retracción de la demanda. Según explicó, las crisis anteriores fueron profundas. Sin embargo, en esas ocasiones la recuperación llegó con mayor rapidez y el consumo no alcanzó niveles tan bajos dentro del mercado textil.

“Con las crisis fuertes que hubo, el consumo nunca disminuyó a los niveles que ha disminuido en este momento, por lo menos en el área textil”, señaló. Para el empresario, esa falta de demanda reduce también el margen de las compañías para responder mediante nuevas estrategias comerciales o productivas.

La situación llevó a Cocot Dufour a revisar su esquema de producción. Kuchikian planteó que, si fabricar íntegramente bajo determinadas condiciones deja de ser viable, las empresas deben buscar alternativas que permitan preservar el valor de sus marcas y reducir costos.

La producción textil cayó 22,6% en siete meses

Los últimos datos sectoriales muestran que la contracción excede la situación de una empresa. Según la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), la producción cayó 22,6% entre enero y julio frente al mismo período de 2025, mientras que el conjunto de la industria retrocedió 2,6%.

La diferencia implica que la actividad textil se contrajo a un ritmo casi nueve veces superior al promedio industrial. El segmento de tejidos y acabados presentó el resultado más desfavorable, con una caída acumulada del 35,1%, mientras que solamente en julio la producción del sector retrocedió 13% interanual.

La menor actividad también se refleja dentro de las plantas. En julio, las textiles trabajaron al 45,3% de su capacidad instalada, frente al 58,2% del promedio industrial. Desde 2024, el indicador del sector se mantiene mayormente entre el 30% y el 50%, después de haber oscilado entre el 50% y el 60% durante 2023.

Más de 28.000 empleos perdidos desde fines de 2023

El deterioro productivo tuvo su correlato en el mercado laboral. Desde diciembre de 2023, las actividades textiles, de confección, cuero y calzado perdieron 28.322 puestos de trabajo.

En junio de este año permanecían registrados 92.531 empleos dentro de esas actividades. Fueron 1.284 menos que en mayo y 16.536 menos que en junio de 2025.

FITA advirtió además una aceleración en la destrucción de puestos. Aunque el complejo representa el 8,4% del empleo industrial, explicó el 31% de toda la pérdida interanual de puestos industriales registrada en junio.

La reducción alcanzó también a la cantidad de empresas en funcionamiento. En junio había 1.939 establecimientos textiles y 2.343 dedicados a confección, para un total de 4.282. En apenas un año desaparecieron 517 unidades productivas y, desde diciembre de 2023, la pérdida neta llegó a 770 establecimientos.

Ante ese escenario, Kuchikian sostuvo que las empresas deberán modificar sus estrategias para sostenerse. También cuestionó las dificultades históricas para financiar inversiones industriales y advirtió que la incertidumbre económica y regulatoria condiciona las decisiones de largo plazo. “Uno no se puede quedar en lo que venía haciendo, hay que cambiar, porque es la única manera de hacer frente a todo esto”, concluyó.

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