En vísperas de un nuevo aniversario mariano, San Nicolás se prepara para conmemorar los 43 años del acontecimiento que dio origen a una de las principales expresiones de fe de la ciudad. Un recorrido por la historia de la construcción del Santuario, desde sus primeros pasos hasta la obra que hoy recibe a miles de peregrinos.

De la redacción de EL NORTE
[email protected]
A cuatro días de un nuevo 25 de septiembre, San Nicolás se prepara para conmemorar un nuevo aniversario del acontecimiento mariano que surgió en 1983 y con el paso de las décadas, transformó la relación de la ciudad con el lugar que hoy es conocido como el Campito y que alberga al Santuario de María del Rosario de San Nicolás.
El predio se convirtió en el punto de encuentro de miles de peregrinos que cada año llegan a la ciudad para participar de las celebraciones. Pero la imagen actual del Santuario es el resultado de un proceso que comenzó hace más de cuatro décadas y que avanzó por distintas etapas, sostenido principalmente por el aporte de los fieles.
Según el registro histórico difundido por la página de Facebook “María del Rosario de San Nicolás – charlas”, el predio del Campito tiene entre seis y ocho hectáreas y es utilizado para las celebraciones eucarísticas que se realizan fuera del templo. Sumando sus adyacencias, el lugar tiene una capacidad estimada de hasta 350.000 personas.
En el lugar también se encuentran el altar de campaña, ubicado a la salida de una de las puertas laterales del Santuario, un cinerario y las canillas de las que los peregrinos pueden obtener agua bendita, además de otros espacios destinados a quienes llegan hasta el lugar.






El lugar señalado para el futuro templo
La historia del Santuario está directamente vinculada con los acontecimientos que comenzaron el 25 de septiembre de 1983, cuando Gladys Herminia Quiroga de Motta manifestó haber tenido la primera aparición de la Virgen María mientras se encontraba en su casa.
En los meses siguientes, de acuerdo con el relato de la devoción, se sucedieron distintos mensajes y acontecimientos. El 24 de noviembre de 1983, un rayo de luz habría señalado el lugar donde debía construirse el futuro templo. Al día siguiente, la Virgen le habría indicado a Gladys que quería estar en la ribera del Paraná.
A partir de entonces, aquel espacio comenzó a adquirir un significado particular para los fieles. En agosto de 1985, el Municipio de San Nicolás donó a la Iglesia el terreno conocido como “El Campito”, destinado a la construcción del Santuario.
El proyecto comenzó a tomar forma concreta al año siguiente. El 25 de septiembre de 1986, a tres años de la primera manifestación relatada por Gladys, monseñor Domingo Salvador Castagna colocó la piedra fundamental del Santuario. La Comisión Pro Templo, integrada por sacerdotes y laicos, tuvo un papel central en la recaudación de fondos para llevar adelante la obra.
Las obras de construcción comenzaron finalmente el 13 de octubre de 1987. Durante los años siguientes, el templo fue creciendo por etapas hasta convertirse en la estructura que hoy domina el predio.




Aporte de los fieles
La construcción no se desarrolló de una sola vez. La primera etapa fue inaugurada el 19 de marzo de 1989, día de San José y Domingo de Ramos. Ese día también se trasladó la imagen de María del Rosario de San Nicolás desde la Catedral hasta el nuevo templo. Monseñor Castagna bendijo la parte del edificio que había sido construida hasta ese momento y el presbítero Carlos Pérez fue designado como primer rector.
La obra continuó durante las décadas siguientes. La segunda etapa comenzó en 1990 y posteriormente avanzaron los trabajos correspondientes al sector bajo la cúpula, el ábside y los extremos del crucero. El proceso llevó años y se desarrolló de acuerdo con los recursos disponibles.
En ese sentido, el registro histórico publicado por “María del Rosario de San Nicolás – charlas” destaca que la construcción material del Santuario y las mejoras realizadas en el Campito se concretaron a partir de las donaciones de los fieles.
“No hubo grandes dádivas, sino solo los pequeños aportes de la gente sencilla, poniendo de manifiesto su amor a la Virgen”, señala el registro. En aquella primera inauguración, monseñor Castagna resumió esa participación popular con una frase que quedó asociada a la historia de la obra: “el único padrino del Santuario es el pueblo”.
La propia tradición mariana también vincula la construcción del templo con un mensaje atribuido a la Virgen el 25 de septiembre de 1984: “No olvidéis el Santuario, ya que será el Santuario del Señor. El tiempo pasará más esto perdurará”.



Una obra que tomó forma durante décadas
El Santuario tiene una extensión de 80 metros de largo por 50 de ancho y una planta con forma de cruz latina. Cuenta con espacios distribuidos en planta baja y planta alta, dos criptas con capillas y una cúpula que se convirtió en uno de los elementos arquitectónicos más reconocibles de San Nicolás.
En la planta alta se encuentra el camarín de la Virgen, habilitado definitivamente en 2012, con escaleras y ascensores destinados al acceso de los peregrinos, incluidas las personas con problemas de movilidad.
El templo cuenta además con imágenes, reliquias y distintos espacios vinculados con la historia del acontecimiento mariano. En el exterior se encuentran representaciones de San Juan, San Lucas y San Marcos, obras de Sabrina Maino de Karagozian, además de las figuras de San Pedro y San Pablo.
La inauguración total del interior del Santuario se realizó el 25 de mayo de 2014, cinco años después de la coronación de la imagen de María del Rosario de San Nicolás y del Niño, realizada por monseñor Héctor Cardelli el 25 de mayo de 2009.

El Campito, escenario de las grandes celebraciones
Aunque el templo ocupa un lugar central, el Campito continúa siendo fundamental para la vida del Santuario. Es allí donde se desarrollan las celebraciones multitudinarias que exceden la capacidad del edificio y donde cada 25 de septiembre se concentra una parte importante de la actividad de los peregrinos.
La magnitud de esas jornadas hizo que el espacio exterior se transformara en una verdadera extensión del templo. A lo largo de los años, las imágenes de las peregrinaciones muestran cómo aquel terreno fue cambiando hasta convertirse en el predio que hoy recibe a miles de personas.
El crecimiento del Santuario y del Campito acompañó, de esta manera, el crecimiento de la devoción a María del Rosario de San Nicolás. Desde aquel terreno que comenzó a ser preparado para albergar el templo hasta la construcción que hoy forma parte del paisaje de la ciudad, cada etapa quedó registrada en fotografías que permiten reconstruir visualmente una historia de décadas.


