El Pentágono admite déficits estratégicos tras el conflicto

NewsITe
Un informe del inspector general del Departamento de Defensa de Estados Unidos reveló que la guerra con Irán provocó una merma significativa en las reservas de municiones norteamericanas y complicó su reabastecimiento. El documento contradice el discurso oficial previo de Washington, que sostenía que la capacidad militar del país era prácticamente inagotable.
Según el reporte, entre el 28 de febrero y el 30 de junio, Estados Unidos destinó miles de millones de dólares para sostener sus operaciones en Medio Oriente. Solo en municiones se invirtieron más de 22.000 millones de dólares, mientras que el gasto total vinculado a la guerra trepó a 33.400 millones de dólares en ese mismo período, incluyendo pérdidas de equipamiento y costos adicionales asociados al despliegue militar.
El informe, al que tuvieron acceso medios internacionales como la BBC y pudo confirmar la agencia Noticias Argentinas, detalla que las fuerzas estadounidenses emplearon de manera intensiva misiles de largo alcance, sistemas de defensa aérea y antimisiles. Ese uso intensivo generó lo que el organismo denomina “déficits estratégicos”, es decir, niveles de stock por debajo de lo planificado para responder ante eventuales crisis futuras.
Pérdidas millonarias y cuellos de botella industriales
Además del gasto operativo, el Pentágono registró pérdidas de equipamiento por unos 3.700 millones de dólares, que incluyen la destrucción de cuatro cazas F-15E, un avión furtivo F-35 y alrededor de 30 drones MQ-9 en distintos incidentes. A esa cifra se suman otros 7.400 millones de dólares en costos adicionales vinculados al sostenimiento logístico de la campaña militar.
El organismo de control advierte sobre “cuellos de botella en la base industrial de defensa” de Estados Unidos, es decir, problemas en la capacidad de las empresas armamentísticas para responder con rapidez al incremento de la demanda. Esa limitación demora la reposición de misiles, municiones guiadas y otros sistemas clave, y obliga al Pentágono a revisar sus plazos y prioridades de producción.
- Más de 22.000 millones de dólares gastados solo en municiones entre febrero y junio.
- 33.400 millones de dólares en gastos totales relacionados con la guerra en ese período.
- Pérdidas de equipamiento por 3.700 millones y otros 7.400 millones en costos adicionales.
- Destrucción de aviones de combate F-15E y F-35, además de 30 drones MQ-9.
Desencuentro con el discurso político en Washington
Las conclusiones del informe chocan con las declaraciones del expresidente Donald Trump, quien aseguró en reiteradas oportunidades que las reservas estadounidenses eran “prácticamente ilimitadas” y desestimó las advertencias sobre una eventual escasez. En la misma línea, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, había rechazado públicamente las versiones que señalaban dificultades para mantener el ritmo de la campaña.
Sin embargo, el documento del inspector general describe un panorama más complejo: un aparato militar con alta capacidad de fuego, pero que enfrenta límites concretos para reponer en tiempo y forma aquello que se consume o se pierde en combate. En un contexto internacional marcado por la tensión en Medio Oriente y la competencia estratégica con otras potencias, la disponibilidad de arsenales vuelve a ubicarse en el centro del debate en Washington.
El informe señala que el Pentágono busca acelerar los procesos de adquisición y reducir los tiempos de producción para recomponer sus reservas y estar en condiciones de responder ante futuras contingencias.
De acuerdo con el organismo de control, el desafío para el Departamento de Defensa será equilibrar el apoyo a las operaciones en curso con la necesidad de reconstruir su capacidad disuasoria a largo plazo. La discusión promete escalar en el Congreso estadounidense, donde se debate cómo financiar el esfuerzo militar sin descuidar otras áreas sensibles del presupuesto federal.

