La lucha de tres mujeres para reconstruir su verdadera identidad

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La historia de Nicole, Claudia y Nadia —nombres ficticios para preservar la intimidad de dos de ellas— expone uno de los casos más conmocionantes de error médico e institucional en la Argentina reciente. Casi cinco décadas después de haber dado a luz en un hospital cordobés, Nicole logró confirmar que la beba que se llevó a su casa en mayo de 1977 no era su hija biológica. El descubrimiento desencadenó una búsqueda dolorosa pero necesaria, que terminó por revelar un intercambio de bebés y una vida entera vivida bajo una identidad equivocada.
Según relató el abogado de la causa, Fabián Sosa de los Santos, Nicole siempre tuvo la intuición de que algo no cerraba. Había tenido otros partos sin complicaciones y, sin embargo, cuando le entregaron a la recién nacida observó que tenía los ojos rojos, como si hubiese sufrido el esfuerzo del parto, a pesar de que el procedimiento había sido normal. Su esposo desestimó sus dudas con la frase: “¿Estás loca? ¿Cómo se van a confundir un bebé?”. El comentario selló el silencio durante años.
Con el paso del tiempo, las diferencias visibles entre Claudia —la niña que crió como hija— y el resto de sus hijas reforzaron la sospecha de Nicole. Recién tras la muerte de su marido se animó a plantear abiertamente sus dudas y, luego de sortear obstáculos económicos, en 2021 ambas pudieron acceder a un estudio de ADN en un instituto privado de Nueva Córdoba. El resultado fue contundente: no existía vínculo biológico entre ellas. A partir de ese momento empezó una nueva y compleja etapa para las dos.
El contexto en el que se había producido el parto, pleno inicio de la última dictadura cívico-militar en la Argentina, obligó a abrir otra línea de investigación. La causa se remitió al Banco Nacional de Datos Genéticos a través de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI), ante la hipótesis de una posible vinculación con apropiación de bebés durante el terrorismo de Estado. Los estudios descartaron esa conexión y orientaron la pesquisa hacia un intercambio de recién nacidas dentro de la maternidad.
El hallazgo de Nadia y el impacto emocional de la verdad
Con la certeza de que se había producido un error en el hospital, se revisaron los registros de nacimientos de aquel día: se identificó que tres mujeres habían dado a luz a niñas. Se las convocó de manera voluntaria para someterse a pruebas genéticas. Así apareció Nadia, quien en un primer momento rechazó la posibilidad de hacerse el estudio, pero tiempo después aceptó y también recibió una verdad que le cambió la vida.
En febrero de 2024, Nicole, Claudia y Nadia fueron citadas y notificadas por separado de los resultados. Los análisis confirmaron que Nicole es la madre biológica de Nadia. El golpe emocional fue demoledor. De acuerdo al relato del abogado, Nadia “salió corriendo” al enterarse y no quiso, en ese instante, conocer a quien le habían revelado como su verdadera madre. “¿Qué significa que a los 47 años te digan que tu familia en realidad no es tu familia y que en la oficina de al lado está tu madre biológica?”, planteó Sosa de los Santos.
Con el correr de los meses, y acompañadas por tratamientos psicológicos, Nicole y Nadia lograron tener un primer encuentro y comenzaron a construir un vínculo. El desafío es enorme: entre ambas se perdió todo un recorrido vital compartido —infancia, adolescencia, escuela, amistades, primeros trabajos y celebraciones familiares— que ya no puede recuperarse, aunque sí puede narrarse y resignificarse.
El camino judicial y una indemnización cuestionada
Mientras las protagonistas intentaban reordenar su historia personal, la Justicia civil de Córdoba avanzaba en el expediente. El juez Mariano Díaz Villasuso, a cargo del Juzgado en lo Civil y Comercial de 35ª Nominación, consideró probado el intercambio de bebés ocurrido en mayo de 1977 en una maternidad provincial. En su fallo, reconoció que no fue posible determinar el modo exacto en que se produjo el error ni identificar a la persona responsable dentro del establecimiento de salud, pero sí acreditó que tanto Nadia como Claudia fueron entregadas a familias que no eran las suyas.
Con base en esa reconstrucción, el magistrado ordenó indemnizar a las tres mujeres afectadas: Nicole, la madre biológica, y las dos hijas que crecieron en hogares equivocados. Cada una recibirá entre 25 y 30 millones de pesos, más intereses. Para el abogado de la causa, el aspecto económico es apenas una parte de la reparación: “El resultado del monto es anecdótico, porque nada va a suplir lo que vivieron; se trata de una vulneración de derechos humanos básicos, como el derecho a la identidad y a la verdad”, remarcó.
Aun así, la representación legal decidió apelar el fallo ante la Cámara, por considerar que la suma fijada es insuficiente frente al daño moral y existencial causado. En el caso de Claudia, el perjuicio resulta todavía más profundo: si bien pudo conocer a sus hermanos y reconstruir su apellido de origen, sus padres biológicos fallecieron hace años, lo que le impidió tener siquiera un encuentro tardío con ellos.
“La niñez, la adolescencia, la pubertad, el primer novio, la fiesta de 15 años, su primer trabajo, todo lo que una persona puede vivir en la vida, lo perdieron”, sintetizó Sosa de los Santos sobre las tres historias cruzadas por un error irreparable.
El caso reaviva el debate sobre los protocolos de identificación de recién nacidos en hospitales públicos y privados, así como la responsabilidad del Estado ante fallas que, aun sin intención, dejan marcas indelebles en la vida de las personas. Para Nicole, Claudia y Nadia, la Justicia abrió una puerta a la reparación, pero la tarea de reconstruir su identidad seguirá siendo un proceso íntimo, largo y lleno de interrogantes.

