Una historia sobre madres, hijos y segundas oportunidades

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En su novela Ushuaia, publicada por Tusquets, el escritor chileno Alberto Fuguet se sumerge en los pliegues más íntimos de una familia para explorar el vínculo entre una madre y un hijo marcados por la distancia, los silencios y una necesidad afectiva que nunca termina de apagarse. Con 344 páginas, el libro confirma una etapa de madurez en la obra del autor de Mala onda y Tinta roja, esta vez con la emoción y el melodrama en primer plano.
La protagonista, Leticia Lucero, nace en San Luis pero decide armar una nueva vida en Chile. Junto a ella crece Bruno, su hijo, un joven hipersensible que encuentra en la escritura una forma de entenderse a sí mismo y de relacionarse con el mundo. Entre ambos se construye una relación tensa, atravesada por el amor, las diferencias y todo aquello que nunca se termina de decir.
La trama se despliega a través de distintos momentos de la historia reciente: la Argentina de fines de los años 70, el icónico Festival de Viña del Mar de 1985 y los primeros años del siglo XXI. Lejos de organizarse de manera cronológica, la novela avanza a partir de testimonios, recuerdos, entradas de blog, notas periodísticas y textos de ficción. Ese procedimiento fragmentario invita al lector a completar por sí mismo los huecos y silencios que los personajes no logran nombrar.
El límite geográfico como metáfora emocional
El título Ushuaia funciona como mucho más que una referencia al extremo sur del continente. La ciudad simboliza el límite, la distancia y la posibilidad de estar en un borde desde el cual todo puede recomenzar. Fuguet convierte ese paisaje imaginado en una metáfora de sus criaturas: estar lejos puede implicar aislamiento, pero también abrir la puerta a una nueva vida.
Uno de los rasgos más llamativos del libro es la incorporación consciente del melodrama a una narrativa que, hasta ahora, se identificaba con personajes urbanos, guiños pop y una mirada más seca sobre la experiencia contemporánea. En esta ocasión, el autor se permite trabajar con la emoción sin disimulos, y la intimidad familiar tiene tanto peso como los acontecimientos históricos y sociales que rodean a los protagonistas.
La experiencia periodística de Fuguet se percibe en la estructura del relato. El uso de diferentes voces, documentos y registros proporciona una suerte de investigación sobre la historia de Leticia y Bruno, alejándose de la idea de personajes ejemplares para concentrarse en personas con contradicciones, heridas y deseos. Así, la novela construye una textura híbrida que cruza recursos del periodismo con herramientas clásicas de la ficción.
Una novela de madurez sobre vínculos y memoria
En Ushuaia reaparecen temas recurrentes del autor —la familia, el desarraigo, la dificultad de comunicarse— pero tratados desde una zona más íntima. La relación entre madre e hijo, los secretos familiares que operan como corrientes subterráneas y la ilusión de empezar de cero se convierten en ejes del libro.
- Una estructura fragmentaria que obliga al lector a reconstruir la historia.
- Un uso deliberado del melodrama como motor emocional del relato.
- Un cruce entre lenguaje periodístico y recursos de la novela contemporánea.
Más que ofrecer respuestas cerradas, Ushuaia apuesta por dejar una huella en la memoria del lector a través de sus personajes y sus zonas de sombra.
De este modo, Fuguet propone una historia donde los finales y los comienzos se confunden, y donde la frontera —geográfica y afectiva— se vuelve el espacio desde el cual pensar qué se pierde y qué puede volver a empezar.

