Milei, a 1.000 días: balances cruzados y desafíos 2027

Mil días de Javier Milei en la Casa Rosada: qué ven los analistas

Javier Milei durante un acto oficial a casi mil días de gestión

NewsITe

A 1.000 días de la asunción de Javier Milei como presidente de la Nación, distintos consultores y analistas políticos comienzan a trazar un balance de su gestión. El período funciona como una primera bisagra fuerte del mandato: ya no se habla solo de herencia recibida, sino del rumbo propio del Gobierno y de su impacto en la vida cotidiana de los argentinos.

En diálogo con diversos medios especializados, voces destacadas de la consultoría coincidieron en que el Gobierno logró ordenar parte de las variables macroeconómicas y consolidar una agenda de cambio profundo, pero también marcaron serios problemas en el frente social, la comunicación oficial y la relación con amplios sectores de la sociedad.

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Raúl Timerman, director del Grupo de Opinión Pública, recordó que en 2023 el voto a Milei se apoyaba en el hartazgo y el deseo de ruptura con el statu quo: “lo voto a Milei y que sea lo que Dios quiera”, sintetizaban muchos de sus potenciales votantes. Hoy, con el resultado de esos 1.000 días a la vista, la pregunta que se hacen los analistas es si ese electorado lo volvería a elegir en 2027.

Desgaste en la imagen presidencial y comparación con Macri

Cristian Buttié, director de CB Global Data, sostuvo que el período transcurrido es suficiente para auditar aciertos y errores. Según sus mediciones, Milei nunca volvió a alcanzar el pico de aprobación con el que inició su mandato, cercano al 56%. Si bien su imagen tuvo altibajos, la tendencia general fue descendente, con un desgaste particularmente marcado en votantes de identidad antikirchnerista que habían apostado por su propuesta.

Buttié trazó un paralelo con la experiencia de Mauricio Macri, al señalar que los números actuales del Presidente se parecen a los que mostraba Cambiemos hacia 2018. Entre los puntos a favor, destacó que Milei logró instalar en la sociedad temas como el equilibrio fiscal, el superávit y la autonomía del Banco Central, lo que le permite retener apoyos en sectores que valoran la disciplina económica.

Sin embargo, advirtió sobre un déficit persistente en la comunicación oficial: el Gobierno casi siempre corre detrás de la agenda y responde al contexto, en lugar de imponer sus propios temas. A esto se suma una oposición fragmentada, que no consigue articular una alternativa transversal, hecho que, paradójicamente, se transforma en un activo para el oficialismo aun en un escenario de desgaste.

Orden macroeconómico, malestar social y estilo confrontativo

Para Carlos Fara, director de Fara-Veggetti y expresidente de la Asociación Internacional de Consultores Políticos (IAPC), los 1.000 días muestran luces y sombras. En el plano macroeconómico, señala avances: cumplimiento del acuerdo con el FMI, baja de la inflación respecto de los picos iniciales, estabilidad cambiaria, mejora en el frente externo y acompañamiento de Estados Unidos.

No obstante, Fara remarca que el frente microeconómico está “muy complicado”, con deterioro en salarios, empleo y calidad de vida, lo que alimenta un fuerte malhumor social. A eso se suma un estilo presidencial confrontativo y agresivo que incomoda incluso a parte de quienes lo votaron, especialmente a sectores que provinieron de Juntos por el Cambio y no se sienten representados en ese tono.

El consultor también subraya la falta de empatía del Gobierno frente a temas sensibles como discapacidad, universidades o deudores morosos. En su mirada, la gestión llegó a este punto con un déficit en materia de comunicación y manejo de crisis, y con polémicas que alimentan la percepción social de que “hay corrupción en todos los gobiernos, y este es uno más”. Pese a ello, reconoce que Milei consiguió imprimir una impronta “fundacional” y revolucionaria en algunos debates, como la reforma laboral y el RIGI para grandes inversiones.

Reconfiguración del apoyo y efecto tercer año

Manuel Zunino, director de Proyección Consultores, considera que Milei aún conserva un capital central: su capacidad para ordenar la conversación pública y marcar la agenda. En la primera etapa de gestión, señala, el Presidente respondió al reclamo de estabilidad con una baja de la inflación y un discurso de orden económico. Pero esa etapa empieza a agotarse: la sociedad ya no solo demanda estabilidad, sino mejoras concretas en ingresos, empleo y bienestar.

Zunino advierte que el desgaste, medido en caída de imagen, intención de voto y evaluación de gestión, no debe confundirse con un derrumbe. Una franja importante de la población todavía le reconoce capacidad para resolver problemas, lo que amortigua la sanción política por el ajuste. Además, el Gobierno pasó de una polarización “gente vs. casta” a consolidarse como principal referente del polo antiperonista, sumando electores del PRO y conformando un núcleo duro heterogéneo.

Según el analista, el Gobierno transita el clásico “efecto tercer año”, cuando la herencia pierde valor explicativo y la ciudadanía empieza a juzgar principalmente los resultados propios. El desafío será mostrar mejoras tangibles antes del próximo turno electoral.

Un núcleo duro firme y el límite para ampliar adhesiones

Para Analía del Franco, directora de la consultora que lleva su nombre, Milei no consiguió ampliar su base de apoyo más allá de su núcleo duro, equivalente a lo obtenido en la primera vuelta de 2023. Ese tercio del electorado lo sigue acompañando pese al ajuste, pero el Presidente perdió el “anillo” de adhesiones más blandas que conquistó en el balotaje.

Del Franco apunta que, si bien el Gobierno puede mostrar logros en materia de inflación, el ciudadano común pregunta por empleo, salarios y calidad de vida. El cierre de fábricas y la caída del poder adquisitivo erosionan el apoyo extendido. A ello se suma el desgaste del estilo agresivo, que ahora se tolera menos en un contexto económico adverso, y la sensación de que el costo del ajuste no recayó primordialmente sobre la política, como se había prometido.

En sus estudios, la consultora detecta que la adhesión dura ronda apenas el 8%, mientras que el resto del apoyo se compone de respaldos críticos y votantes decepcionados pero aún sin una opción opositora convincente. En síntesis, el Gobierno mantiene competitividad electoral sobre todo por la debilidad del sistema político que enfrenta, más que por una expansión genuina de su consenso social.

Tras 1.000 días, los analistas coinciden: Milei consolidó un rumbo económico y una identidad política nítida, pero enfrenta el desafío clave de transformar ajuste en bienestar si quiere llegar fortalecido a 2027.

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