Superávit fiscal: de la emergencia al desafío de la consolidación

NewsITe
La discusión económica argentina entra en una nueva fase. Tras los primeros dos años del Gobierno de Javier Milei, en los que la prioridad fue alcanzar el equilibrio de las cuentas públicas, el foco se desplaza ahora hacia otra pregunta clave: ¿es posible sostener el superávit fiscal en un contexto de recuperación lenta y desigual de la actividad económica?
Los datos recientes muestran que el ajuste inicial dio resultados. En julio, el Sector Público Nacional volvió a registrar superávit primario y financiero, favorecido en parte por el corrimiento de algunos vencimientos impositivos desde junio. Aun así, el dato relevante es que, en los primeros siete meses del año, el resultado primario acumulado se ubica cercano al 0,9% del Producto Interno Bruto (PIB), una señal de orden fiscal poco frecuente en la historia reciente del país.
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Ese avance convive con desafíos crecientes. La recaudación perdió dinamismo, se redujeron impuestos y derechos de exportación, se agotaron fuentes de ingresos extraordinarios y la actividad ligada al mercado interno sigue mostrando debilidad. Luego de un ajuste de gran magnitud, cada nuevo peso de recorte es más difícil de conseguir, lo que obliga a un rediseño más profundo del funcionamiento del Estado.
De ajustar el gasto a reformar el Estado
Los analistas coinciden en que la Argentina está ingresando en una “segunda etapa” de la consolidación fiscal. La primera se basó, principalmente, en bajar el gasto y eliminar el déficit. La segunda, más compleja, apunta a transformar ese ajuste en un cambio estructural y permanente. Esto implica avanzar sobre la reducción de subsidios económicos, mejorar la eficiencia y la composición del gasto, revisar la estructura estatal, redefinir la relación fiscal con las provincias y encarar, en algún momento, reformas en los sistemas tributario y previsional.
El objetivo ya no es solo gastar menos, sino construir un Estado capaz de sostener el equilibrio fiscal sin depender de ajustes extraordinarios y recurrentes. En este marco, la política fiscal se vuelve una pieza central del andamiaje de estabilidad macroeconómica, pero no un fin en sí mismo, sino una plataforma para el desarrollo.
¿Primero crecer o primero ordenar las cuentas?
La desaceleración de la actividad reavivó una discusión clásica: la idea de que primero debe reactivarse la economía para que mejore la recaudación y recién después consolidar las cuentas públicas. Sin embargo, la experiencia argentina muestra los riesgos de esa secuencia: durante décadas se intentó impulsar el crecimiento anticipando recursos que la economía aún no generaba, lo que derivó en déficit persistente, emisión, inflación, aumento del riesgo país y caída de la inversión.
El programa actual busca invertir esa lógica. El superávit fiscal reduce la necesidad de financiamiento asociado al déficit y contribuye a bajar el riesgo soberano y el costo del capital. Si a ello se suma estabilidad monetaria, acumulación de reservas y reglas de juego más claras, el horizonte de las decisiones empresarias se amplía y aparecen el crédito, la inversión y, luego, una recuperación más sostenible de la actividad.
El rol del crecimiento en el círculo virtuoso
El crecimiento económico sigue siendo indispensable. Una economía que no crece enfrenta límites fiscales, sociales y políticos cada vez más estrechos. Además, cuando el PIB aumenta, se amplían las bases imponibles, mejora la recaudación y se vuelve menos costoso sostener el equilibrio fiscal. Por eso, los economistas advierten que no se trata de oponer superávit a crecimiento, sino de articular ambas metas en un mismo esquema.
- Un régimen fiscal creíble reduce la incertidumbre y el riesgo país.
- Menor riesgo facilita el crédito y abarata el financiamiento para empresas y familias.
- Más crédito y previsibilidad incentivan la inversión y el aumento de la productividad.
- El crecimiento resultante fortalece la recaudación y hace más sencillo mantener el equilibrio.
“El círculo virtuoso no consiste en elegir entre superávit y crecimiento, sino en lograr que la estabilidad fiscal reduzca la incertidumbre y favorezca la inversión, y que el crecimiento, a su vez, facilite sostener ese equilibrio”, señalan los especialistas consultados.
El desafío para la Argentina, de aquí en adelante, será demostrar que puede pasar de un ajuste de emergencia a un régimen fiscal estable y previsible, mientras revisa la composición del gasto, reduce distorsiones y genera condiciones para que el sector privado vuelva a invertir. La verdadera discusión, sostienen los analistas, ya no es cuánto ajuste adicional puede soportar la economía, sino cuánto crecimiento puede generar un país en el que el equilibrio fiscal deje de ser una excepción y se convierta en una regla duradera.

