A 1.000 días de gestión: qué cambió en la economía argentina

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A 1.000 días de la asunción de Javier Milei en la Presidencia, la discusión económica gira en torno a una pregunta central: ¿qué dejó hasta ahora su programa de ajuste y desregulación? Cuatro economistas de distintos espacios analizan el rumbo, los logros y las deudas pendientes de una gestión que se propuso cambiar de raíz el modelo económico argentino.
Entre los puntos de coincidencia aparece la estabilización macroeconómica: la reducción de la inflación desde niveles críticos, el cierre del déficit fiscal y la corrección parcial de precios relativos. Sin embargo, también se subraya que ese ordenamiento aún no se tradujo en una mejora generalizada del ingreso y el empleo, sobre todo en los grandes centros urbanos y en los sectores de menores recursos.
Miguel Kiguel, especialista en macroeconomía y mercados financieros, destaca como principal logro el pasaje de una “economía disfuncional” –con controles cambiarios extremos, brecha elevada y restricciones a las importaciones– a un esquema más parecido al de otros países, con mayor apertura y competencia. A su juicio, la construcción de una cultura de equilibrio fiscal y la reducción del peso del Estado marcan un cambio estructural que podría trascender a este gobierno.
Equilibrio fiscal, desregulación y un modelo que aún no derrama
Agustín Etchebarne, director de la Fundación Libertad y Progreso, remarca que el Gobierno evitó la hiperinflación y eliminó el déficit fiscal desde el inicio del mandato, lo que, según su visión, demostró que el ajuste de las cuentas públicas es una decisión política y no una quimera técnica. Asegura que la desregulación, la reforma laboral y el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) sentaron bases de largo plazo, aunque advierte que el gran desafío es transformar la estabilización en una expansión vigorosa del empleo privado formal.
Etchebarne también pone el foco en los acuerdos internacionales, como los firmados en el marco del Mercosur con la Unión Europea, la EFTA y Singapur, así como el acercamiento a Estados Unidos. En su visión, estos convenios abren mercados, atraen inversiones y ayudan a blindar las reformas. Para que ese proceso se consolide, considera clave una ratificación política del rumbo económico y un nuevo pacto fiscal que involucre a Nación, provincias y municipios.
Desde una mirada más cauta, Lorenzo Sigaut Gravina, de Equilibra, reconoce que se logró una economía “más robusta” frente a shocks externos, con reservas en recuperación y un esquema cambiario más ordenado. No obstante, subraya que este modelo “no derrama” sobre la mayoría de los asalariados formales ni sobre el empleo de calidad, que atraviesa un goteo de destrucción lenta pero persistente. El salario real, señala, sigue por debajo de los niveles del inicio del mandato de Milei.
Potencial productivo, pobreza estructural y el largo plazo
Martín Kalos, de Epyca Consultores, coincide en que el Gobierno logró avanzar en la estabilización nominal y en la baja de la inflación mediante el ancla cambiaria y la contención de los salarios. Pero advierte que el plan está incompleto sin una estrategia de desarrollo productivo: una economía que solo beneficia a unos pocos sectores –como energía, minería o agro– mientras se destruyen empresas y empleos en otras ramas no es sustentable en el tiempo.
- Kalos enfatiza que muchos de los cambios estructurales actuales exceden al Gobierno: el auge del litio en el norte, el desarrollo de Vaca Muerta y nuevos enclaves productivos venían gestándose desde antes.
- También marca como rasgo estructural la persistencia de una elevada pobreza y la dificultad para reinsertar laboralmente a un amplio sector de la población.
- Los cuatro especialistas coinciden en que el gran reto es que la estabilidad macro se traduzca en crecimiento inclusivo, con más inversión, crédito y empleo privado formal.
“La mayor virtud ha sido poner en la cabeza de todos la necesidad de mantener el equilibrio fiscal”, resume Miguel Kiguel, mientras otros economistas advierten que sin un plan productivo amplio la recuperación será parcial y desigual.
Con el horizonte de la continuidad del programa económico aún en debate político, el consenso entre los analistas es que la Argentina enfrenta una encrucijada: profundizar un esquema de equilibrio fiscal y apertura que mejore la competitividad, pero incorporando políticas que permitan recomponer ingresos, recuperar empresas y volver a generar empleo de calidad en todo el país.

