Nepal enfrenta una de sus peores tragedias recientes

La catástrofe provocada por una avalancha de lodo en el valle del río Trishuli, en Nepal, ya dejó un saldo de 1.010 personas fallecidas y 4.599 desaparecidas, según el último reporte oficial difundido por las autoridades nepalíes. El desastre, originado por un desprendimiento de tierra y el colapso de un glaciar en una zona montañosa cercana a la frontera con China, generó inundaciones repentinas que arrasaron comunidades enteras.
Las intensas lluvias de la semana pasada derivaron en un violento flujo de barro y rocas que descendió por el valle, destruyendo viviendas, puentes e infraestructura básica. En la región afectada trabajan 20.819 efectivos de seguridad abocados a las tareas de búsqueda, rescate y asistencia, informó la Autoridad Nacional de Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres de Nepal.
Hasta el momento, más de 10.000 personas fueron rescatadas, entre ellas 252 extranjeros que se encontraban realizando actividades turísticas o de montaña en la zona. Desde la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, el vocero del secretario general, Stéphane Dujarric, destacó el despliegue de equipos humanitarios y advirtió que el número de víctimas podría aumentar a medida que se accede a áreas que aún permanecen aisladas.
Emergencia, rutas bloqueadas y zonas aisladas
El gobierno nepalí declaró el estado de emergencia en 15 municipios y reconoció oficialmente otras dos áreas como fuertemente afectadas. Muchos caminos siguen intransitables: las rutas solo pueden recorrerse hasta Nuwakot y varios tramos de la estratégica ruta Prithvi permanecen completamente bloqueados por derrumbes.
En cuanto al suministro eléctrico, las autoridades informaron que el servicio fue restablecido en los distritos de Dhading y Nuwakot, mientras continúan los trabajos en Rasuwa, uno de los puntos más castigados por la avalancha. En paralelo, organizaciones locales e internacionales intentan restablecer comunicaciones, acceso a agua potable y servicios de salud en las aldeas más remotas.
Alarma por las necesidades humanitarias
A medida que los equipos logran llegar a las zonas más dañadas, se hace más evidente la magnitud de la crisis humanitaria. La ONU detalló un panorama preocupante en materia de agua, alimentación, salud y contención psicosocial, con especial impacto en niños y mujeres.
- Unas 65.000 personas requieren asistencia urgente en agua, saneamiento e higiene para prevenir brotes de enfermedades.
- Más de 22.000 niños necesitan servicios de protección ante situaciones de abuso, trata o separación de sus familias.
- Cerca de 2.600 niños menores de cinco años podrían necesitar tratamiento contra la malnutrición aguda grave.
- Alrededor de 10.500 mujeres embarazadas o en período de lactancia precisan apoyo nutricional y atención médica adecuada.
- Más de 10.000 chicos en edad escolar requieren apoyo psicosocial para afrontar el trauma derivado de la tragedia.
Agencias de la ONU, organizaciones humanitarias y el propio gobierno nepalí trabajan en un plan de respuesta que incluye la instalación de refugios temporales, la distribución de alimentos y agua, y la creación de espacios seguros para la niñez.
Entierros masivos y duelo nacional
Otro de los aspectos más duros de la tragedia se vive en los cementerios improvisados. Por motivos de salud pública, las autoridades comenzaron el domingo a enterrar a las víctimas sin identificar plenamente los restos, aunque cada cuerpo es sometido previamente a la toma de muestras de ADN. Ese procedimiento permitirá, más adelante, la exhumación y cremación de los cuerpos una vez que sean identificados formalmente.
En la llanura, a unos 200 kilómetros de los valles de Rasuwa, se cavaron cientos de tumbas en el bosque de Devighat, conocido hasta hace poco como un destino para el senderismo y hoy transformado en un cementerio provisional. Allí se concentra el dolor de familiares que siguen buscando respuestas sobre el paradero de sus seres queridos.
La tragedia en Nepal vuelve a poner en foco la vulnerabilidad de las comunidades de montaña frente al cambio climático, el retroceso de los glaciares y los eventos meteorológicos extremos, que se vuelven cada vez más frecuentes y devastadores.
Mientras continúa el operativo de rescate y el país intenta dimensionar el impacto económico y social del desastre, la comunidad internacional comienza a coordinar el envío de ayuda. El desafío inmediato será salvar vidas y garantizar condiciones mínimas de dignidad para los sobrevivientes; el de mediano plazo, reconstruir infraestructuras y viviendas en una geografía cada vez más expuesta a fenómenos extremos.

