Tarifas por encima de la inflación y fuerte caída de pasajeros

NewsITe
Los colectivos del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) atraviesan una de las peores caídas de demanda de los últimos años. En apenas doce meses se registraron 28 millones de viajes menos, en un contexto en el que las tarifas aumentaron más del doble que la inflación general, golpeando de lleno el bolsillo de los usuarios.
De acuerdo con datos de la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (AAETA), en julio se contabilizaron 128,1 millones de pasajes, frente a los 146,1 millones del mismo mes del año anterior. Esto implica una baja interanual del 19,1% en la cantidad de transacciones con tarjeta SUBE en el transporte público automotor del AMBA.
El ajuste en el precio del boleto modificó los hábitos de viaje tanto en días hábiles como en fines de semana y feriados. Las líneas que operan en territorio bonaerense son las más afectadas por la retracción de usuarios, en un escenario atravesado por salarios que corren detrás de la inflación y un encarecimiento sostenido del costo de movilidad.
Brecha entre CABA y el conurbano por las subas del boleto
El informe de AAETA marca una clara asimetría entre las distintas jurisdicciones del AMBA. Mientras en la Ciudad de Buenos Aires (CABA) la caída de pasajeros en días hábiles fue del 7,2%, en las líneas que circulan exclusivamente por la provincia de Buenos Aires (PBA) el desplome fue mucho mayor: 22,6%.
Detrás de esa diferencia aparece la disparidad en los aumentos de la tarifa con SUBE registrada, de acuerdo con los esquemas que aplican cada administración y la periodicidad de las actualizaciones. En CABA y en PBA las subas son mensuales y responden a una fórmula que combina la inflación más un 2% adicional, mientras que las líneas nacionales —que conectan ambas jurisdicciones— se actualizan con menor frecuencia.
Con ese mecanismo, en la Ciudad el boleto mínimo de colectivo pasó de $488,70 a $820,99 en un año, lo que representa un incremento del 67,99%. En la provincia, en cambio, el salto fue mucho más pronunciado: de $489,61 a $1.063,98, es decir, una suba del 117,31% en igual período. En las líneas de jurisdicción nacional la tarifa se movió de $451,01 a $742,81, un 64,69% de aumento interanual.
La comparación con la inflación anualizada, que ronda el 33%, exhibe la magnitud del ajuste: en la provincia de Buenos Aires el boleto aumentó casi cuatro veces por encima de ese índice. Para los usuarios del conurbano esto se traduce en una pérdida marcada de accesibilidad económica al transporte público y en un recorte de viajes no imprescindibles.
Fin de semana con menos ocio y más recortes de viaje
La merma en la cantidad de pasajeros no se limita a la rutina laboral de lunes a viernes. El relevamiento indica que el ajuste también alcanza al tiempo libre, las visitas familiares y las actividades recreativas. Mientras que en los días hábiles la caída promedio de usuarios fue del 17,3%, los domingos se observó la mayor contracción de julio, con un desplome del 35,8%.
Según el estudio, el promedio diario de pasajeros los domingos se redujo de 3,18 millones a apenas 2,04 millones. Los sábados también mostraron un impacto significativo, con una baja del 21,3% en la cantidad de viajes. Incluso los feriados, como el del 9 de julio, registraron una caída del 14,6%, reflejando que cada salida se evalúa con más cuidado en los hogares del AMBA.
En la práctica, miles de familias se ven obligadas a concentrar su movilidad en lo estrictamente necesario: ir y volver del trabajo, trámites ineludibles o turnos médicos. Los viajes para ver a amigos o parientes, realizar actividades culturales o de esparcimiento quedan postergados o se reemplazan por alternativas más económicas.
Impacto en el presupuesto familiar y en la oferta de servicios
El encarecimiento del transporte tiene un correlato directo en las cuentas de los hogares. De acuerdo con estimaciones del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP), el gasto promedio mensual de una familia del AMBA destinado exclusivamente al transporte público pasó de $69.783 a $121.031 en un año, lo que implica un incremento del 73%.
Este incremento se da en un contexto de ingresos que no crecen al mismo ritmo, lo que obliga a reorganizar el presupuesto: se reducen otros consumos, se combinan trayectos a pie o en bicicleta y se priorizan los viajes vinculados al empleo formal o a actividades esenciales.
En paralelo, también se ajusta la oferta del servicio. Los colectivos del AMBA redujeron un 8,9% los kilómetros recorridos: de 28,6 millones a 26,1 millones de kilómetros. Como la reducción de la oferta fue menor a la caída de pasajeros, las unidades circulan con menor nivel de ocupación promedio, lo que tensiona aún más la ecuación económica de las empresas prestatarias.
El escenario actual del transporte en el AMBA muestra un círculo complejo: tarifas que crecen por encima de la inflación, menos pasajeros, menos kilómetros recorridos y mayor presión sobre los presupuestos familiares.
En este marco, especialistas en movilidad urbana advierten que, sin una revisión integral de los esquemas tarifarios y de subsidios, la combinación de pérdida de usuarios, deterioro del servicio y encarecimiento del viaje diario puede profundizar la crisis del transporte público en el área metropolitana.

