Washington refuerza su despliegue militar y financiero en Medio Oriente

NewsITe
Estados Unidos resolvió endurecer todavía más su postura frente a Irán con el envío de un nuevo portaaviones a la región de Medio Oriente. El USS George Washington será el buque encargado de relevar al USS Abraham Lincoln, que lleva más de 250 días desplegado en apoyo de las operaciones militares contra el régimen iraní, según confirmaron fuentes navales citadas por medios estadounidenses.
El George Washington, considerado por la Armada estadounidense como su principal portaaviones de despliegue avanzado en el océano Pacífico, fue avistado recientemente atravesando el estratégico estrecho de Malaca, que conecta el Pacífico con el Índico. Un funcionario de la Marina confirmó al portal especializado USNI News que la nave se dirigía hacia el oeste tras cruzar el estrecho de Singapur, lo que confirma su rumbo hacia el área de operaciones vinculada al conflicto con Irán.
El relevo del Lincoln llega en un contexto de creciente preocupación por las condiciones a bordo de ese buque. Trascendieron reportes sobre escasez de insumos básicos, problemas de calidad del agua, fallas en las instalaciones de fontanería, dificultades en la operatoria segura de la cubierta de vuelo e interrupciones en el servicio de correo para la tripulación. A ello se suma un marcado deterioro de la salud mental del personal, tras un despliegue excepcionalmente prolongado.
Un despliegue récord y fuertes costos materiales
El senador Richard Blumenthal reveló que el USS Abraham Lincoln pasó 200 días consecutivos sin tocar puerto, un récord para un portaaviones estadounidense y un símbolo de la intensidad de la campaña militar contra Irán. El esfuerzo bélico también tuvo impacto en el poder aéreo: según publicó The Washington Post, el Ejército estadounidense perdió alrededor del 25% de su flota de drones MQ-9 Reaper en el marco de las operaciones iniciadas en febrero.
Cada uno de esos drones puede costar entre 30 y 50 millones de dólares, dependiendo de su configuración de sensores y armamento, lo que eleva el valor aproximado de las pérdidas a más de 1.300 millones de dólares. Estas cifras ilustran la magnitud del compromiso militar de Washington en Medio Oriente y la apuesta por sostener una presión constante sobre Teherán.
De la “Furia Épica” a la “Furia Económica” contra Teherán
Mientras se reorganiza el dispositivo naval, la administración estadounidense también apunta a un endurecimiento del frente financiero. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, anticipó la aplicación de medidas económicas contra Irán “como nunca antes se han visto”, en línea con la política de “máxima presión” reinstalada por el expresidente Donald Trump y reforzada tras el inicio de las hostilidades en febrero.
- Refuerzo del aislamiento económico de Irán mediante sanciones financieras.
- Bloqueo y rastreo de cuentas bancarias y billeteras de criptomonedas vinculadas a Teherán.
- Congelamiento de activos iraníes en distintos países y freno a los pagos internacionales.
- Mantenimiento del bloqueo en el estratégico estrecho de Ormuz para limitar las exportaciones de crudo.
Bessent describió esta etapa como una transición desde la “Operación Furia Épica” —la campaña militar coordinada entre Estados Unidos e Israel lanzada el 28 de febrero— hacia una fase de “Furia Económica”, destinada a profundizar el aislamiento de la economía iraní.
“Vamos a aplicar medidas como nunca antes se han visto en la historia del aislamiento económico de un país”, advirtió Bessent al anticipar los próximos anuncios oficiales.
Con el avance del USS George Washington hacia la región, el recambio del Lincoln y el frente de sanciones en expansión, Washington busca reforzar su capacidad de presión militar y económica sobre Irán, en un escenario que mantiene en vilo a Medio Oriente y a los mercados energéticos globales.

