Los pacientes deberán acreditar un diagnóstico terminal, superar una evaluación de salud mental y autoadministrarse la medicación para acceder a la práctica.

A partir de este 5 de agosto, el estado de Nueva York comenzó a aplicar la Ley de Asistencia Médica para Morir, una norma que permite a adultos con enfermedades terminales solicitar medicación para poner fin a su vida bajo estrictas condiciones. La legislación entró en vigencia seis meses después de que la gobernadora Kathy Hochul la promulgara y convirtió a Nueva York en el estado número 13 de Estados Unidos en habilitar este procedimiento.
La ley establece que solo podrán acceder quienes tengan un diagnóstico terminal con una expectativa de vida de seis meses o menos, confirmada por dos médicos independientes. Además, la medicación deberá ser autoadministrada, un requisito que busca garantizar que la decisión sea completamente voluntaria y que ninguna otra persona intervenga en el acto final.
Para iniciar el trámite, el paciente deberá acreditar capacidad mental, realizar la solicitud de forma verbal y escrita, someterse a una evaluación de salud mental, esperar al menos cinco días antes de recibir la receta y registrar su pedido mediante una grabación de audio o video. La norma también impide que una persona con interés económico en la herencia del paciente actúe como testigo del proceso.
Una ley impulsada tras casi diez años de debate
El proyecto ingresó por primera vez en la Legislatura de Nueva York en 2016 y atravesó casi una década de discusión política y reclamos de organizaciones y pacientes.
Una de las principales impulsoras fue Jules Netherland, residente del Bronx con cáncer de mama metastásico, quien acompañó la campaña mientras continuaba con su tratamiento. Su mayor temor era morir antes de que la ley fuera aprobada. El día en que el Senado dio luz verde al proyecto estuvo presente en el recinto.
La gobernadora Kathy Hochul reconoció que la decisión estuvo marcada por una experiencia personal. “Presenciar el sufrimiento de mi madre fue una experiencia desgarradora, sabiendo que no había nada que pudiera hacer para aliviar el dolor de alguien a quien amaba”, expresó al anunciar la promulgación.
Luego agregó: “Con las salvaguardas adicionales acordadas con la Legislatura, esta ley permitiría a los neoyorquinos sufrir menos, no acortando sus vidas, sino sus muertes”.
Apoyos, cuestionamientos y el alcance de la norma
La asambleísta Amy Paulin, autora del proyecto, afirmó: “A partir de hoy, los neoyorquinos con enfermedades terminales que enfrentan un sufrimiento inimaginable tienen el consuelo de saber que cuentan con una opción compasiva más”.
Por su parte, la Conferencia Católica de Nueva York rechazó la legislación y sostuvo: “Esta nueva ley señala el abandono por parte de nuestro gobierno de sus ciudadanos más vulnerables, diciéndoles a las personas enfermas o con discapacidades que el suicidio en su caso no solo es aceptable, sino que es alentado por nuestros líderes electos”.
Según datos citados por The New York Times, en los estados donde estas leyes ya están vigentes el 1% o menos de las muertes anuales ocurre bajo esta modalidad. Muchos pacientes completan el procedimiento, obtienen la receta y finalmente deciden no utilizarla, aunque consideran que disponer de esa posibilidad les brinda tranquilidad.

