Un estudio de la Universidad de Buenos Aires (UBA) reveló que el 48,9% de las personas de entre 18 y 29 años atraviesa condiciones de vulnerabilidad social. Entre quienes integran ese grupo predominan el empleo informal, los ingresos insuficientes y la dependencia del sistema público de salud.

El 48,9% de los jóvenes argentinos de entre 18 y 29 años se encuentra en situación de vulnerabilidad social, de acuerdo con una investigación elaborada por la Universidad de Buenos Aires (UBA). El relevamiento, realizado sobre 1002 casos en distintos puntos del país, expone un escenario atravesado por la precariedad laboral, las dificultades económicas, el acceso limitado a derechos básicos y los problemas de salud mental.
Uno de los datos más significativos del estudio muestra que contar con un trabajo no garantiza abandonar esa condición. Entre los jóvenes vulnerables, apenas el 15,3% tiene un empleo registrado, mientras que el 46,1% trabaja sin registrar. A su vez, el 29,8% desarrolla actividades por cuenta propia y el 5,2% se desempeña como monotributista, lo que refleja el peso que tiene la informalidad dentro de ese universo.

La investigación también evidencia una relación entre el nivel educativo y la calidad del empleo. Entre quienes no finalizaron el secundario, el trabajo no registrado alcanza al 51%, mientras que solo el 10,2% accede a un empleo formal. En cambio, entre quienes cursaron estudios terciarios o universitarios, el porcentaje de empleo registrado asciende al 30%, aunque la informalidad continúa alcanzando al 35% del grupo.

La vulnerabilidad va más allá del empleo
Las dificultades económicas aparecen como otro rasgo común entre los jóvenes vulnerables. El informe señala que más de la mitad de los hogares no logra cubrir sus gastos mensuales, una situación que se combina con otras carencias estructurales. El 78% depende exclusivamente del sistema público de salud y el 46,2% vive en hogares integrados por cinco o más personas.
En paralelo, el estudio identificó un grupo de jóvenes que no estudia, no trabaja ni busca empleo, conocido como “Triple Ni”. Aunque representa una porción minoritaria del total, los investigadores advierten que se trata de un sector especialmente expuesto a quedar por fuera de los principales espacios de integración social.
La salud mental también forma parte del diagnóstico. Más del 70% de los jóvenes relevados manifestó sufrir nervios o ansiedad con distinta frecuencia y la mitad aseguró atravesar episodios de desgano o depresión. Además, tres de cada diez reconocieron tener dificultades para controlar el consumo de alcohol, tabaco o drogas.

Trabajo y vivienda, las principales aspiraciones
Pese a ese contexto, las expectativas de futuro continúan concentrándose en dos objetivos concretos. El 31,9% de los jóvenes espera conseguir empleo o mejorar su situación laboral durante los próximos cinco años, mientras que el 29,8% aspira a acceder a una vivienda propia.

El estudio también refleja que la educación mantiene un valor central entre quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad. Casi nueve de cada diez consideran que continuar estudiando podría mejorar sus oportunidades laborales y su calidad de vida, un dato que para los investigadores refuerza la necesidad de fortalecer el vínculo entre la formación y el acceso a empleos de mayor calidad.

