Cae la frecuencia sexual en los adultos: qué dicen los estudios

TENDENCIAS

Estudios internacionales registran una baja en la frecuencia sexual en adultos y un aumento de la abstinencia en jóvenes en los últimos años. Especialistas advierten que la convivencia, el estrés y los cambios en los hábitos cotidianos influyen en el deseo y la vida íntima. Planificar encuentros íntimos y reducir el uso de dispositivos móviles son estrategias recomendadas para revitalizar el deseo en la pareja.

De la redacción de EL NORTE
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En los últimos 36 años, diversos estudios internacionales muestran que la frecuencia sexual semanal en adultos se redujo del 55% en 1990 al 37% en 2024. En el mismo período, el porcentaje de adolescentes y jóvenes de 18 a 29 años que afirmaron no haber tenido relaciones en el último año creció del 12% al 24%. Las investigaciones, aunque realizadas en otros países, describen una tendencia sostenida que abre interrogantes sobre el impacto de la convivencia, los hábitos y la rutina en la vida sexual de las parejas.

Milagros Burgos Recci, psicóloga y sexóloga, explicó que en Argentina no existen datos específicos, aunque reconoce que el tema genera debates. Según la especialista, la discusión central se enfoca en cómo se mide y se define el sexo.

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La especialista señaló que el deseo sexual sigue siendo motor en la dinámica de pareja, pero está condicionado por la convivencia y la rutina. “Pensemos qué es el deseo sexual: es el impulso hacia el placer erótico. No es lo mismo la pareja que la masturbación. La convivencia aporta cosas positivas y negativas, depende de cómo se gestione,” resaltó. Según la especialista, es fundamental distinguir entre frecuencia y calidad sexual, y analizar el deseo en contextos de convivencia elegida y sin situaciones de violencia.

La convivencia, lejos de ser en sí misma negativa, presenta ventajas y desafíos. Burgos Recci aclaró: “Hay que dejar de ver la convivencia como la mala de la película. Pensemos en sus aspectos positivos: compartir rutinas, gestos de cuidado, apoyo emocional. Pero también aparecen obligaciones, tareas domésticas y la dificultad de encontrar momentos íntimos”.

La sexóloga recomendó que las parejas hagan un balance y reconozcan tanto los beneficios como los problemas de la vida compartida: “Hagamos una lista. ¿Qué cosas me gustan y cuáles no? Después, intentemos modificar aunque sea algo pequeño”.

La especialista advirtió que muchas veces se atribuyen las dificultades sexuales exclusivamente a la convivencia, cuando influyen otras variables, como el estrés cotidiano o la atención dispersa. “Hay que preguntarse qué estoy haciendo yo para cambiar eso. Recuperar el deseo no exige un esfuerzo descomunal, sino pequeñas acciones conscientes”, aconsejó.

Recuperar el deseo

Consultada por ejemplos concretos, Burgos Recci enumeró recursos prácticos: “Lo primero es registrar qué me enciende el deseo y qué lo apaga, y dialogar con la pareja sobre esos puntos. El deseo no es igual para todos. A veces, salir de la casa o modificar el entorno ayuda. Se pueden usar objetos guardados para ocasiones especiales y crear una atmósfera diferente en la mesa, incluso solo para una cena con agua”.

Otra recomendación de la sexóloga es reducir la presencia de dispositivos: “Dejemos los celulares un rato al costado y reencontremos a la pareja en la sobremesa”. Aconsejó renovar rituales e incorporar gestos sencillos: “Halagar más seguido, preguntar detalles personales y aumentar los elogios cotidianos, ya que estos gestos funcionan como condimento para el deseo”.

La especialista también sugirió planificar encuentros y desmitificar la idea de que el deseo debe surgir de manera espontánea: “Planifiquemos. El deseo también se entrena, como el músculo. Si hace falta, pidamos ayuda profesional”.

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