Brisa Pereyra: once años de preguntas sin respuesta

NewsITe
A once años de la desaparición de Brisa Aylén Pereyra, el expediente judicial permanece prácticamente inmóvil y el paradero de la niña sigue siendo un enigma. Brisa tenía 5 años cuando, en julio de 2015, dejó de ser vista por su familia y por los investigadores que desde entonces intentan reconstruir qué ocurrió en esas horas clave.
El caso volvió a instalarse en la agenda pública por la crudeza de su historia y por la falta de respuestas. Brisa estaba al cuidado de su padrastro, Víctor Sequeira, quien declaró que el 21 de julio de 2015 la dejó con un cartel en la esquina de Alvarado y Magaldi, en el barrio porteño de Barracas, para que su madre, Paola, la retirara allí y así evitar cruzársela. Desde ese momento no hay rastro comprobable de la niña.
La trama se remonta a abril de 2014, cuando Paola decidió que Víctor –con quien tenía dos hijos en común– se hiciera cargo de Brisa en una vivienda de Lomas de Zamora. Desde entonces, las versiones se bifurcan: algunos testimonios señalan que la madre nunca volvió a ver a su hija; otros apuntan a que hubo encuentros esporádicos. Lo único firme es que, al menos en los papeles, nadie advirtió la ausencia de la menor durante un tiempo prolongado.
Lo más llamativo del expediente es que, según relatan quienes siguieron la causa, tanto la madre como el padrastro tomaron real dimensión de que Brisa no estaba recién un mes después, cuando se cruzaron de manera casual. Ese encuentro derivó en la denuncia formal, radicada recién el 31 de agosto de 2015 por la noche, y dio origen a una investigación que nunca logró consolidar una hipótesis sólida.
Una causa sin avances y una familia que no deja de buscar
Durante años cobró fuerza la sospecha de que Brisa podría haber sido vendida y llevada a Brasil, una línea que se trabajó en la Justicia y en organismos dedicados a la búsqueda de personas. Sin embargo, a más de una década del inicio del caso no hay pruebas concluyentes que confirmen esa versión ni indicios firmes que permitan orientar la pesquisa hacia un destino concreto.
Frente al avance limitado del expediente, fueron la abuela de la niña, Norma De Kemmeter, y su tía Paulina quienes se pusieron al hombro la búsqueda. Ellas impulsaron campañas de difusión, recorrieron medios de comunicación y distribuyeron afiches en distintas provincias para mantener vigente la foto de Brisa y reclamar que la investigación no sea archivada.
- La desaparición ocurrió cuando Brisa tenía apenas 5 años.
- La denuncia se presentó más de un mes después de la última vez que fue vista.
- La causa permanece casi sin movimientos judiciales en la actualidad.
- La familia impulsó campañas en todo el país para mantener vivo el reclamo.
“Cada niño que desaparece y no es encontrado es una deuda del Estado y de la sociedad”, repiten los familiares, que piden que el caso Brisa no quede en el olvido.
A once años de aquel julio de 2015, el expediente de Brisa Pereyra simboliza la fragilidad de los mecanismos de protección de la niñez y las demoras que suelen atravesar las investigaciones por desaparición de menores. Mientras la causa judicial continúa sin definiciones, la familia insiste en que alguien debe saber qué pasó y reclama que se retomen las medidas de prueba pendientes para que el nombre de Brisa no se sume, silenciosamente, a la lista de niños desaparecidos en la Argentina.

