Una estancia centenaria, a una hora de la Ciudad

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A menos de 70 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, en el partido de Exaltación de la Cruz, se encuentra la Estancia La Mimosa, un clásico del turismo rural bonaerense que combina historia, tradición gauchesca y aire de campo. Con más de 150 años de vida, este casco histórico se transformó en una de las escapadas preferidas para quienes quieren cortar la rutina sin alejarse demasiado del área metropolitana.
Ubicada a poco más de una hora en auto por la Autopista Panamericana, la estancia abre sus tranqueras los fines de semana y en vacaciones para ofrecer un auténtico “día de campo” con gastronomía criolla, destrezas ecuestres y contacto directo con la naturaleza. La propuesta apunta tanto a familias con chicos como a parejas y grupos que buscan una jornada diferente durante el receso invernal.
El origen del lugar se remonta a 1869, cuando el inmigrante vasco Ángel Vélaz fundó allí la pulpería de campaña conocida como “La Esquina de Vélaz”, sobre el antiguo Camino Real. En tiempos sin alambrados ni ferrocarril, el parador era punto obligado de paso para gauchos, carreteros y viajeros que cruzaban la llanura bonaerense.
Un refugio con historia sobre el antiguo Camino Real
Por estos pagos circularon figuras que luego serían parte del imaginario nacional. Se menciona el paso de Camila O’Gorman antes de su trágico final, y también se vincula la zona con Don Segundo Ramírez, el gaucho que inspiró a Ricardo Güiraldes para escribir su célebre novela Don Segundo Sombra. Durante la epidemia de fiebre amarilla de 1871, el lugar funcionó como refugio para familias que huían de la Ciudad de Buenos Aires en busca de resguardo.
Con el correr de las décadas, el antiguo almacén de ramos generales fue dando paso a una estancia con impronta señorial. A comienzos del siglo XX se incorporaron amplios jardines con arboledas exóticas, un palomar y una cuidada forestación que combinan rasgos coloniales con detalles italianizantes y toques de art nouveau. En ese contexto adoptó definitivamente el nombre de La Mimosa, con un casco que hoy forma parte del atractivo principal.
Caminar por sus senderos permite apreciar especies autóctonas y ejemplares únicos, como un imponente palo borracho centenario, considerado uno de los más altos de la provincia. El paisaje se completa con corrales, galpones y galerías techadas que mantienen el espíritu de las viejas estancias bonaerenses.
Cómo es el día de campo en La Mimosa
La propuesta turística está organizada para que el visitante pueda disfrutar una jornada completa, desde la mañana hasta la media tarde. La recepción suele incluir empanadas caseras recién horneadas y una copa de vino o bebida sin alcohol, en un clima distendido que recrea la hospitalidad de las casas de campo de antaño.
- Actividades al aire libre: Caminatas por el parque arbolado, paseos a caballo para grandes y chicos y recorridos en carruajes antiguos permiten recorrer el predio y tomar dimensión de la historia del lugar.
- Almuerzo criollo: Al mediodía se sirve un asado completo con cortes típicos, ensaladas y postre, mientras un espectáculo folclórico en vivo suma danzas tradicionales, malambo con boleadoras y bombos.
- Destrezas gauchas: Por la tarde llega el turno de la corrida de sortijas, una demostración ecuestre clásica que resume la habilidad y precisión de los jinetes rurales.
La fauna del establecimiento también forma parte del atractivo. En los alrededores del casco conviven ovejas, cabras, vacas, ñandúes y una numerosa cantidad de pavos reales que se mueven libremente por los jardines, acaparando la atención de los visitantes más pequeños y generando postales ideales para la foto del recuerdo.
Turismo educativo, bodas y eventos corporativos
Además del clásico día de campo abierto al público, La Mimosa diversificó su oferta con propuestas específicas para distintos tipos de grupos. Una de ellas es la modalidad de Estancia Educativa, pensada para contingentes escolares de nivel inicial, primario y secundario. Allí, los alumnos participan de actividades guiadas sobre producción agropecuaria, flora y fauna local, cuidado de animales de granja y tareas rurales como el ordeñe.
El casco histórico y el entorno natural también convirtieron al lugar en un escenario demandado para casamientos, fiestas sociales y eventos empresariales. Las empresas suelen elegir la estancia para jornadas de integración y “team building”, aprovechando los amplios espacios verdes y la posibilidad de combinar reuniones de trabajo con actividades recreativas al aire libre.
La Mimosa se consolidó como un patrimonio vivo del turismo rural bonaerense, donde la historia se cuenta al pie del fogón, entre guitarras, caballos y asado.
Cómo llegar desde la Ciudad de Buenos Aires
La estancia se encuentra en el partido de Exaltación de la Cruz, en el noreste bonaerense. Desde la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el acceso principal es por Autopista Panamericana, ramal Pilar, y luego por rutas provinciales que llevan directamente a la zona rural donde está emplazado el casco.
La distancia es de menos de 70 kilómetros, lo que la convierte en una escapada ideal para hacer en el día sin necesidad de alojamiento. En el actual contexto, donde muchos viajeros priorizan experiencias auténticas y de cercanía, La Mimosa se posiciona como una opción accesible para reconectar con las tradiciones del campo argentino sin alejarse demasiado del asfalto porteño.

