Cavallo renovó críticas al RIGI y advirtió por el impacto en pymes

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El ex ministro de Economía Domingo Cavallo volvió a meterse de lleno en el debate sobre el rumbo económico del Gobierno nacional. En una extensa publicación en su blog personal, cuestionó con dureza el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) y su versión ampliada, el denominado Súper RIGI, al considerar que estos esquemas “ponen en desventaja a millones de empresas” y profundizan las distorsiones en el sistema productivo argentino.
Según Cavallo, la estrategia oficial de promover grandes proyectos mediante regímenes especiales de beneficios fiscales y cambiarios se apoya en un criterio equivocado: priorizar a unos pocos jugadores de gran porte por sobre el tejido de pequeñas y medianas empresas, responsables de la mayor parte del empleo y de la producción nacional. Para el ex funcionario, el foco debería estar puesto en eliminar los sesgos que castigan a quienes producen y exportan, en lugar de crear excepciones sectoriales.
Las declaraciones del ex ministro se conocieron poco después de que el titular de Economía, Luis Caputo, anunciara el RIGI número 20 vinculado a un proyecto en Vaca Muerta, por una inversión estimada en 4.500 millones de dólares. Cavallo advirtió que la proliferación de estos acuerdos, lejos de fortalecer la competitividad general, consolida un esquema de privilegios que sólo algunos actores pueden aprovechar.
Sesgos contra exportadores e inversores
En su análisis, Cavallo recuerda que el contexto internacional está marcado por cambios tecnológicos acelerados, por las políticas comerciales imprevisibles de Estados Unidos y por crecientes tensiones geopolíticas. En este escenario, argumenta, la Argentina debería apuntar a reglas claras y parejas, sin “privilegios cambiarios y financieros” para determinados sectores o tamaños de empresa.
El ex ministro asocia la pérdida de dinamismo exportador argentino con el retorno de controles, impuestos y restricciones al comercio exterior desde comienzos de los años 2000. Para ilustrar el retroceso, compara la evolución con Brasil: a fines de los años noventa, Argentina exportaba 26.000 millones de dólares frente a 48.000 millones del vecino país; hoy Brasil supera los 350.000 millones, mientras que la Argentina ronda los 100.000 millones.
A su juicio, si no se hubieran reinstalado las trabas al comercio, el país debería estar exportando actualmente más de 190.000 millones de dólares, manteniendo la relación que existía entonces con Brasil. También destaca que la producción exportable actual se construyó sin incentivos fiscales especiales y, por el contrario, afrontando un “sesgo antiexportador” que encarece y complica la actividad.
Críticas al cepo cambiario y reclamo de reformas
Otro eje central del planteo de Cavallo es la permanencia del cepo cambiario y los controles a la movilidad de capitales. El ex titular del Palacio de Hacienda sostiene que la imposibilidad de acceder a crédito a tasas competitivas, tanto dentro del país como en los mercados internacionales, constituye un fuerte “sesgo antiinversor” que desalienta proyectos productivos de largo plazo.
En este marco, vuelve a insistir en la necesidad de levantar cuanto antes todas las restricciones cambiarias y garantizar que no vuelvan a implementarse, al tiempo que se acumulan reservas internacionales. Este movimiento, afirma, permitiría reducir de manera sostenida la tasa de interés real y, con ello, mejorar las condiciones para exportadores e inversores.
- Elimina privilegios cambiarios y fiscales para unos pocos grandes jugadores.
- Busca reducir los sesgos antiexportador y antiinversor que frenan el crecimiento.
- Apunta a un esquema de reglas parejas para pymes y grandes empresas.
“Eliminar estos sesgos es la clave del éxito de la estrategia de crecimiento económico. Y esto no se consigue con el RIGI y mucho menos con el Súper RIGI, porque ambos esquemas discriminan y ponen en desventaja a millones de empresas y emprendedores”, advirtió Cavallo.
Finalmente, el economista se mostró crítico de las propuestas que buscan sostener un tipo de cambio real alto sin plena libertad de movimiento de capitales como vía para impulsar las exportaciones. A su entender, esta combinación termina “adormeciendo” la demanda de reformas más profundas para bajar la carga sobre el comercio exterior y reducir las tasas de interés reales, factores que considera indispensables para que la Argentina pueda aprovechar su potencial productivo y acercarse al desempeño de otras economías de la región.

