Alerta de la OMS por riesgo de brotes tras sismos en Venezuela

La OMS advierte por el impacto sanitario del doble terremoto

Daños en Venezuela tras el terremoto y presión sobre el sistema de salud

NewsITe

La Organización Mundial de la Salud (OMS) encendió una seria alarma sanitaria en Venezuela tras el doble terremoto del 24 de junio, que dejó miles de muertos y heridos y puso al límite la capacidad de respuesta del sistema de salud. El organismo advirtió por la alta probabilidad de brotes de enfermedades en las zonas afectadas, en un contexto de hospitales dañados, servicios básicos interrumpidos y miles de personas desplazadas.

Según datos preliminares difundidos por autoridades venezolanas, el balance del sismo asciende a 1.943 muertos y 10.571 heridos, mientras que Naciones Unidas estima que unas 50.000 personas continúan desaparecidas. La magnitud del desastre no solo se mide en términos de infraestructura destruida, sino también en el profundo impacto sobre un sistema sanitario que ya funcionaba con recursos limitados.

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En conferencia de prensa en Ginebra, el vocero de la OMS, Christian Lindmeier, explicó que los servicios de salud se encuentran “bajo una presión extrema”, con centros médicos operando por encima de su capacidad debido al ingreso masivo de pacientes con politraumatismos y lesiones de alta complejidad. Esta sobrecarga, advirtió, altera la atención habitual, retrasa cirugías y agrava problemas preexistentes de bioseguridad y disponibilidad de insumos.

La presidenta interina, Delcy Rodríguez, informó que al menos 38 hospitales resultaron afectados por el terremoto. Los primeros relevamientos de la OMS, al 27 de junio, abarcan 21 centros de salud en Caracas, La Guaira, Miranda y Falcón: tres de ellos se encuentran en estado crítico, seis presentan daños estructurales o solo funcionan parcialmente, y el resto continúa operativo, pero sometido a una fuerte presión asistencial.

Riesgo de enfermedades transmisibles y falta de servicios básicos

La combinación de interrupciones en los sistemas de agua potable y saneamiento, hacinamiento en refugios temporales y desplazamientos internos de población genera un escenario propicio para la reaparición de enfermedades prevenibles por vacunación. Entre ellas, la OMS menciona el sarampión, la difteria y la tos ferina, patologías que pueden expandirse rápidamente donde hay bajas coberturas de inmunización.

El organismo también advirtió por el aumento del riesgo de enfermedades de transmisión vectorial e hídrica, como fiebre amarilla, dengue, chikunguña, zika y malaria. La acumulación de agua estancada, los cambios en el hábitat de los mosquitos y las dificultades para sostener campañas de fumigación tras un desastre natural suelen acelerar los contagios en contextos de crisis.

  • Servicios de salud saturados y hospitales dañados en varias regiones.
  • Problemas en agua y saneamiento que favorecen enfermedades hídricas.
  • Desplazamientos de población y hacinamiento en refugios temporales.
  • Riesgo de reaparición de enfermedades prevenibles por vacunas.
  • Posible expansión de enfermedades transmitidas por mosquitos.

En paralelo, la OMS identificó serias dificultades en el manejo de fallecidos y en el registro de víctimas. El colapso de servicios forenses y morgues, sumado a la falta de sistemas eficientes para el seguimiento de personas desaparecidas, complica tanto la respuesta humanitaria como la reconstrucción de datos oficiales sobre el alcance real de la tragedia.

“Entre las principales carencias figuran el colapso de los servicios forenses y de las morgues, así como la insuficiencia de los sistemas de registro de víctimas y de seguimiento de personas desaparecidas”, señaló Christian Lindmeier, vocero de la OMS.

Frente a este panorama, la comunidad internacional sigue de cerca la evolución de la emergencia en Venezuela. Organismos multilaterales y agencias humanitarias coordinan ayuda para reforzar la infraestructura sanitaria, restablecer servicios esenciales y prevenir la circulación de enfermedades. El desafío inmediato, coinciden los especialistas, es evitar que la catástrofe provocada por el terremoto derive en una segunda crisis: la de los brotes epidémicos en una población ya fuertemente golpeada.

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