Charles Ng: mató en los EE. UU. a 11 personas junto a un cómplice, pero creen que fueron al menos 25

El caso del hongkonés condenado por una ola de crímenes en EE. UU.

Charles Chi-Tat Ng, conocido también por el alias “Mike Kimoto”, es uno de los asesinos seriales más temidos de la historia criminal reciente de Estados Unidos. Nacido en Hong Kong el 24 de diciembre de 1960, fue señalado como responsable, junto a su cómplice Leonard Lake, del secuestro, tortura y asesinato de 11 personas en California, aunque los investigadores sospechan que las víctimas podrían haber sido al menos 25.

Los crímenes se cometieron entre 1983 y 1985, principalmente en una cabaña del condado de Calaveras, en el estado de California. Allí la dupla habría montado una especie de búnker del horror, donde retenían a sus víctimas, muchas de ellas matrimonios jóvenes y familias completas, sometiéndolas a vejaciones extremas antes de asesinarlas.

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La historia criminal de Ng empezó mucho antes. De adolescente fue expulsado de varios colegios por hechos de robo y su padre decidió enviarlo a un internado en Yorkshire, Inglaterra, de donde también fue echado. En 1978 llegó a Estados Unidos con visa de estudiante, pero abandonó la universidad al primer semestre. En ese país conoció a Leonard Lake, un exmarine con antecedentes, con quien selló una sociedad letal.

Según reconstrucciones judiciales, la pareja criminal secuestraba tanto a hombres como a mujeres. Ellos eran asesinados o forzados a presenciar la violación y tortura de sus parejas. Entre las víctimas confirmadas figuran Harvey y Deborah Dubs, de 30 y 33 años, y su hijo Sean, de apenas un año y medio, desaparecidos en julio de 1984. También se cuentan jóvenes como Clifford Peranteau, Jeffrey Gerald y el excompañero de celda de Ng en una prisión militar, Michael Carroll, cuya novia, Kathleen Allen, también desapareció en 1985.

La caída de la dupla y el suicidio de Leonard Lake

El principio del fin para la trama se produjo casi de manera casual. Lake fue descubierto luego de que Ng robara una morsa valuada en apenas 75 dólares de una ferretería y la cargara en el baúl de un Honda marrón. Cuando la policía revisó el vehículo, halló una pistola Ruger calibre .22 con silenciador y otros elementos sospechosos, lo que derivó en el secuestro del auto y la detención de Lake.

Durante el interrogatorio, Lake reveló la identidad de su cómplice, Charles Ng, y pidió papel y lápiz para redactar una confesión. Sin embargo, antes de avanzar, solicitó un vaso de agua. Cuando los agentes regresaron a la sala, lo encontraron convulsionando: se había cosido pastillas de cianuro en el cuello de la camisa y las ingirió en ese momento. Murió horas después en el hospital, evitando así enfrentar un juicio por los múltiples homicidios.

Ng, en tanto, logró huir a Canadá, donde fue detenido más tarde por robo y posesión de armas. Su extradición a Estados Unidos generó una larga disputa judicial, ya que la defensa buscaba evitar que enfrentara la pena de muerte. Finalmente fue entregado a la justicia estadounidense, juzgado y condenado por 11 asesinatos, con una sentencia que lo mantiene actualmente en el corredor de la muerte de la prisión de San Quintín, en California.

Un caso emblemático en la historia del crimen

  • Los crímenes se cometieron entre 1983 y 1985 en California.
  • Se acreditaron 11 víctimas, pero se sospecha que fueron al menos 25.
  • Varias de las desapariciones involucraron familias completas.
  • Lake se suicidó con cianuro para evitar el juicio.
  • Ng aguarda su ejecución en el corredor de la muerte de San Quintín.

El caso de Charles Ng y Leonard Lake es considerado uno de los episodios más brutales y perturbadores de la criminalidad moderna en Estados Unidos, por el nivel de planificación, violencia y deshumanización ejercida sobre las víctimas.

Décadas después, el expediente sigue siendo material de estudio para criminólogos y fuerzas de seguridad, que ven en la historia de Ng y Lake un sombrío ejemplo de cómo la combinación de personalidades violentas, acceso a armas y ausencia de controles puede derivar en una cadena de crímenes seriales de enorme impacto social.

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