Antibióticos y microbiota: alertan por su uso indebido

Alertan por el impacto del mal uso de antibióticos en la flora intestinal

Médico sosteniendo comprimidos de antibióticos frente a un esquema del intestino humano

NewsITe

El uso inadecuado de antibióticos volvió a quedar en el centro de la escena sanitaria. Especialistas advirtieron que la automedicación, los tratamientos iniciados sin diagnóstico certero y la indicación de estos fármacos ante cuadros virales no sólo alimentan la resistencia bacteriana, sino que también afectan de forma directa a la microbiota intestinal, conocida popularmente como flora intestinal.

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En diálogo con la Agencia Noticias Argentinas, la infectóloga Corina Nemirovsky, del Hospital Italiano de Buenos Aires, remarcó que los antibióticos no son medicamentos inocuos: su utilización errónea puede desencadenar alergias, reacciones cutáneas y desequilibrios profundos en las comunidades de microorganismos que habitan el intestino. Ese ecosistema es clave para el funcionamiento del sistema inmune, la digestión y el bienestar general.

El problema excede lo individual. El uso incorrecto de estos fármacos fortalece cepas bacterianas que se vuelven resistentes, lo que dificulta el tratamiento de infecciones comunes. “Las resistencias pueden transmitirse de persona a persona, eliminarse por excretas y contaminar el agua, cerrando el círculo de transmisión”, explicó Nemirovsky al describir el impacto comunitario.

Cómo afecta el abuso de antibióticos a la microbiota intestinal

En nuestro organismo conviven bacterias, hongos, virus y parásitos que cumplen funciones indispensables. En el intestino, conforman la microbiota intestinal, un entramado que participa en la absorción de nutrientes, la producción de vitaminas y la regulación de defensas. Cuando un antibiótico actúa, no distingue siempre entre bacterias dañinas y beneficiosas.

Miguel Ángel de Cristófano, bioquímico y subdirector de las carreras de Farmacia y Bioquímica del Hospital Italiano, subrayó que preservar la eficacia de los antibióticos implica también cuidar estos ecosistemas microbianos. Los tratamientos prolongados o mal indicados pueden empobrecer la diversidad de la flora intestinal y favorecer trastornos digestivos, infecciones recurrentes y alteraciones inflamatorias.

Los grupos más vulnerables a estas alteraciones son las personas con el sistema inmunológico comprometido, los pacientes que reciben tratamientos inmunosupresores, los recién nacidos y niños pequeños —cuya microbiota aún está en desarrollo— y los adultos mayores de 65 años. En todos ellos, un desequilibrio intestinal puede tener consecuencias clínicas de mayor gravedad.

El eje intestino-cerebro y la importancia de los buenos hábitos

La evidencia científica disponible muestra que una microbiota sana ayuda a mantener un sistema inmune más equilibrado. En los últimos años cobró fuerza el concepto de eje intestino-cerebro: la comunicación permanente entre el aparato digestivo y el sistema nervioso central, motivo por el cual algunos especialistas se refieren al intestino como “el segundo cerebro”.

En este contexto, los expertos recomiendan tomar antibióticos sólo cuando son indicados por un profesional y respetar siempre la dosis y la duración del tratamiento. Una alimentación variada y rica en alimentos de origen vegetal contribuye a proteger la flora intestinal.

  • Priorizar fibras presentes en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas.
  • Incorporar alimentos fermentados como yogur natural, kéfir o chucrut, que pueden sumar bacterias beneficiosas.
  • Evitar descartar antibióticos vencidos en la basura común o por el inodoro; lo correcto es llevarlos a farmacias hospitalarias o puntos de recolección autorizados.

“Cada vez existe más evidencia de que proteger la eficacia de los antibióticos implica también cuidar la microbiota que habita nuestro organismo”, destacó de Cristófano.

Tras finalizar un tratamiento, sostener estos hábitos favorece la recuperación gradual del equilibrio intestinal. Para los especialistas, el desafío es doble: usar racionalmente los antibióticos para frenar la resistencia bacteriana y, al mismo tiempo, cuidar un aliado silencioso pero decisivo para la salud: la microbiota intestinal.

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