Estrés, defensas bajas y herpes zóster: el caso Scaloni

El herpes zóster que afectó a Scaloni y la relación con el estrés

Lionel Scaloni y la preocupación médica por el herpes zóster

NewsITe

La reciente revelación de Lionel Scaloni, técnico de la Selección argentina, sobre el herpes zóster que sufrió tras el Mundial de Qatar volvió a poner en primer plano el impacto del estrés intenso sobre la salud. Lejos de tratarse de un cuadro menor, especialistas explican que esta infección viral, conocida popularmente como “culebrilla”, puede generar complicaciones prolongadas y dolorosas, en especial cuando las defensas del organismo se encuentran debilitadas.

El Dr. Lucio Criado (M.N. 72768), médico especialista en Medicina Interna, detalla que el herpes zóster se produce por la reactivación del virus varicela-zóster, el mismo que provoca la varicela en la infancia. Ese virus permanece latente durante años en los nervios y puede “despertar” cuando el sistema inmunológico se debilita, algo que suele ocurrir en situaciones de alto estrés, cansancio extremo o con el paso de los años.

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Según datos citados por el especialista, cerca del 90% de los adultos mayores de 50 años está en riesgo de desarrollar herpes zóster. A medida que envejecemos, se produce un proceso denominado inmunosenescencia, que implica un deterioro natural de las defensas y una menor capacidad de respuesta frente a infecciones. En este contexto, episodios vitales muy exigentes, como una competencia deportiva de máxima presión o problemas laborales y personales sostenidos, pueden actuar como disparadores.

Quiénes tienen más riesgo de padecer la infección

El riesgo de herpes zóster no depende solo de la edad o del estrés. Las personas con enfermedades crónicas también presentan una mayor probabilidad de reactivación del virus. Entre las condiciones que aumentan la vulnerabilidad se encuentran:

  • Diabetes y enfermedades cardiovasculares.
  • Enfermedad renal crónica.
  • Patologías respiratorias como asma y EPOC.
  • Cáncer y tratamientos con quimioterapia.
  • VIH y otras situaciones de inmunosupresión.
  • Enfermedades autoinmunes como lupus, psoriasis y artritis reumatoidea.

El herpes zóster suele comenzar con síntomas localizados como picazón, hormigueo, sensibilidad al tacto y la aparición de un sarpullido o ampollas en una franja de la piel, generalmente en el rostro, el tórax o el abdomen. Si bien muchas personas se recuperan sin mayores inconvenientes, otras pueden desarrollar complicaciones crónicas.

Dolor persistente y riesgo para la visión

La complicación más frecuente es la neuralgia postherpética (NPH), un dolor neuropático que puede permanecer durante meses o incluso años después de que las lesiones cutáneas hayan cicatrizado. Este dolor intenso puede alterar el descanso, el estado de ánimo y la movilidad, generando un fuerte impacto en la calidad de vida.

“Más allá de la erupción, el herpes zóster puede dejar un dolor que se prolonga tras la curación de las heridas de la piel, alterando el descanso, el estado de ánimo y la movilidad, lo que puede provocar depresión o retraimiento social”, explicó la pediatra e infectóloga Verónica Loggia (M.N. 106976), gerente médica de vacunas de GSK.

Cuando la infección compromete la zona del rostro, existe un riesgo elevado de que el virus afecte al ojo. En estos casos, se habla de zóster oftálmico, una forma grave que puede dañar estructuras oculares clave y, si no se trata a tiempo, derivar en pérdida parcial o total de la visión.

Frente a este panorama, especialistas insisten en la importancia de consultar de manera temprana ante los primeros síntomas y de hablar con el médico sobre las estrategias de prevención. La infectóloga Elena Obieta (M.N. 76451) subraya que cada control médico es una oportunidad para revisar el estado del sistema inmune y evaluar la vacunación contra el herpes zóster, herramienta considerada clave para reducir el impacto de esta enfermedad prevenible.

El caso de Scaloni funciona, así, como un recordatorio de que el estrés sostenido no solo afecta el ánimo, sino que también puede abrirle la puerta a infecciones serias. Cuidar el descanso, controlar las enfermedades de base y completar los esquemas de vacunación recomendados son pilares fundamentales para proteger la salud a largo plazo.

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