Keiko Fujimori busca revancha en un Perú en crisis

Keiko Fujimori vuelve a disputar el poder en un escenario crítico

Keiko Fujimori durante un acto de campaña en Perú

La dirigente peruana Keiko Fujimori se prepara para afrontar una nueva segunda vuelta presidencial, esta vez frente a Roberto Sánchez, decidida a revertir un historial de tres derrotas consecutivas en balotajes. A los 51 años, la líder de Fuerza Popular vuelve a apostar a su fortaleza en Lima y las principales ciudades, mientras las encuestas previas la muestran en desventaja en amplios sectores del interior del país.

Para una parte del electorado, Fujimori encarna la promesa de orden, experiencia de gestión y continuidad de un modelo económico que vinculan con años de estabilidad y crecimiento. Para otros, en cambio, simboliza la continuidad de un proyecto político que aún carga con las sombras de las violaciones a los Derechos Humanos cometidas en los años noventa, durante el gobierno de su padre, Alberto Fujimori.

Hija del exmandatario que dominó la política peruana durante una década, Keiko Fujimori estuvo ligada al poder desde muy joven. A los 19 años asumió como primera dama tras la separación de sus padres, en medio de denuncias públicas de su madre, Susana Higuchi, sobre maltratos en el entorno presidencial. Durante seis años acompañó a su padre en ceremonias oficiales, giras internacionales y reuniones de alto nivel, una experiencia que la expuso al funcionamiento íntimo del poder cuando sus contemporáneos recién ingresaban a la universidad o al mercado laboral.

Del fujimorismo clásico al “fujimorismo 2.0”

Alberto Fujimori llegó a la Presidencia en 1990 como un outsider y se consolidó como una figura influyente en la región, tras derrotar militarmente a Sendero Luminoso y al Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, y controlar la hiperinflación que devastaba a Perú. Ese legado, que combina logros económicos y de seguridad con graves cuestionamientos en materia de Derechos Humanos, marcó el inicio de la carrera política de su hija.

Keiko estudió Administración de Empresas en la Universidad de Boston e hizo posgrados en Estados Unidos, pero regresó a Perú en 2005. Al año siguiente fue elegida congresista y, en 2010, asumió el liderazgo del espacio fundado por su padre. Desde entonces buscó construir una identidad propia, bautizada por algunos como “fujimorismo 2.0” o incluso “keikismo”, aunque nunca se distanció de la figura paterna ni renegó de su herencia política.

Su trayectoria electoral la llevó en tres oportunidades a instancias de balotaje: en 2011 perdió frente a Ollanta Humala; en 2016 cayó por un margen mínimo ante Pedro Pablo Kuczynski; y en 2021 fue derrotada por Pedro Castillo por apenas unas decenas de miles de votos. Pese a esos reveses, mantuvo el control de una de las estructuras partidarias más sólidas del país y se consolidó como figura central de la oposición.

Conflictos políticos, causas judiciales y un país fragmentado

Mientras Perú atravesaba una década signada por la fragmentación, Fuerza Popular conservó una fuerte presencia en el Congreso y se convirtió en un actor decisivo en la vida institucional. Sus críticos la señalan como una de las responsables de la inestabilidad que llevó al país a tener nueve presidentes en diez años, en buena medida por el rol de su bancada en procesos de vacancia y renuncia de mandatarios. Fujimori rechaza esa lectura y sostiene que sus acciones se ajustaron a la Constitución y que las crisis fueron consecuencia de gobiernos débiles y cuestionados.

A las tensiones políticas se sumaron sus problemas con la Justicia. Keiko Fujimori fue investigada por presunto lavado de activos en el marco del caso Odebrecht, el megacaso de corrupción que salpicó a gran parte de América Latina. Pasó casi dieciséis meses en prisión preventiva entre 2018 y 2020. Sin embargo, en octubre de 2025 el Tribunal Constitucional anuló el juicio al considerar que los cargos centrales carecían de sustento, y en enero de 2026 un juez archivó la causa principal, despejando el camino para una nueva candidatura, aunque todavía enfrenta imputaciones menores por presuntas irregularidades en declaraciones ante organismos electorales.

La campaña actual la encuentra sin la figura de su padre, fallecido en 2024, y ya divorciada de Mark Vito, con quien tuvo dos hijas. El clima social también cambió: la preocupación dominante ya no es la economía sino la inseguridad, en un contexto de aumento de extorsiones, homicidios y crimen organizado. En ese escenario, Fujimori estructura su mensaje en torno a la “mano dura”, con la promesa de impulsar reformas en el sistema judicial y penitenciario e inspirarse en las políticas del presidente salvadoreño, Nayib Bukele.

La apuesta de Keiko Fujimori es convencer a los peruanos de que el país necesita autoridad, experiencia y capacidad de gestión para enfrentar una nueva etapa de crisis política y social.

Al mismo tiempo, propone acelerar inversiones mineras, reducir la burocracia y expandir la infraestructura vinculada a la agroexportación para reactivar la economía. El balotaje frente a Roberto Sánchez no solo definirá quién conducirá el Ejecutivo peruano los próximos años, sino también si el fujimorismo logra, finalmente, volver al poder o suma una cuarta derrota en segunda vuelta.

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