Fraile capuchino, confesor incansable y portador de los milagrosos estigmas; el Padre Pío fue modelo de santidad para la Iglesia en el siglo XX: su vida de oración, caridad y sufrimiento lo convirtió en uno de los santos más venerados del siglo XX.

Francesco Forgione nació el 25 de mayo de 1887 en Pietrelcina, en la archidiócesis de Benevento, Italia. Fue hijo de Grazio Forgione y María Giuseppa De Nunzio, y fue bautizado al día siguiente con el nombre de Francisco. Recibió la Confirmación y la Primera Comunión a los doce años. Desde niño relataba experiencias místicas y una fe profunda que lo marcaría de por vida.
El 6 de enero de 1903 ingresó como novicio en la orden de los Frailes Menores Capuchinos en Morcone. Ese mismo mes vistió el hábito franciscano y adoptó el nombre de fray Pío. Emitió la profesión simple y en 1907 la solemne. El 10 de agosto de 1910 fue ordenado sacerdote en Benevento. Por problemas de salud permaneció un tiempo en su familia, hasta que en septiembre de 1916 fue enviado al convento de San Giovanni Rotondo, donde vivió el resto de su vida.
Vida espiritual y apostolado
El Padre Pío destacó por su intensa vida de oración y penitencia. Decía: “En los libros buscamos a Dios, en la oración lo encontramos. La oración es la llave que abre el corazón de Dios”. Pasaba horas en coloquio con el Señor y dedicaba largas jornadas al confesionario, donde atendió a miles de fieles durante más de cincuenta años. Fue director espiritual, confesor y guía de multitudes, y se convirtió en padre de innumerables hijos e hijas espirituales.
El 20 de septiembre de 1918 recibió los estigmas de Cristo, que permanecieron en su cuerpo durante cinco décadas. Ese fenómeno extraordinario generó investigaciones y restricciones por parte de la Iglesia, que él aceptó siempre con obediencia y humildad. Además, los testimonios atribuyen a su intercesión milagros de curación, bilocaciones, lectura de conciencias y conversiones.

Su vida estuvo marcada por la cruz. Soportó dolores físicos y espirituales, incomprensiones, acusaciones y calumnias, pero respondió con paciencia y serenidad. Definía su misión con sencillez: “Quiero ser solo un pobre fraile que reza”.
En 1956 fundó la Casa Sollievo della Sofferenza, un hospital modelo que unió ciencia y caridad, destinado a aliviar el sufrimiento físico y espiritual de los enfermos. También impulsó los Grupos de Oración del Padre Pío, que hoy siguen activos en todo el mundo.
Virtudes, muerte y canonización
El Padre Pío vivió con radicalidad las virtudes cristianas. Fue prudente en su consejo, justo en el trato, fuerte en aceptar la cruz y templado en su estilo franciscano. Cumplió con fidelidad los votos de pobreza, castidad y obediencia, con un desprendimiento total de los bienes materiales y una entrega generosa al prójimo.
Murió el 23 de septiembre de 1968 en San Giovanni Rotondo, a los 81 años, pronunciando los nombres de Jesús y María. Sus funerales convocaron a una multitud y su fama de santidad se extendió por todo el mundo.
El 29 de noviembre de 1982 la Santa Sede concedió el inicio de su causa de canonización. En 1997 fue reconocido oficialmente por la heroicidad de sus virtudes. El 2 de mayo de 1999 Juan Pablo II lo beatificó tras aprobar el milagro de la curación de Consiglia De Martino. El 16 de junio de 2002, en la plaza de San Pedro, el mismo pontífice lo canonizó luego de confirmar el milagro de la curación del niño Matteo Pio Colella.
Hoy, cada 23 de septiembre, la Iglesia lo recuerda como uno de los santos más amados y venerados del siglo XX. Su tumba en San Giovanni Rotondo recibe millones de peregrinos y su mensaje sigue vigente: oración constante, aceptación del sufrimiento ofrecido a Cristo y caridad concreta hacia los demás.

