Por qué en Wimbledon todos se visten de blanco

NewsITe
Cada inicio de Wimbledon, el tercer Grand Slam de la temporada, repite una postal inconfundible: todas las jugadoras y todos los jugadores ingresan a la cancha vestidos de blanco. En tiempos donde la indumentaria deportiva apuesta a colores fuertes, estampas disruptivas y diseños personalizados, el torneo londinense se mantiene firme en una de las tradiciones más rígidas del mundo del deporte.
La regla va mucho más allá de la remera y el pantalón o la pollera. El código de vestimenta del All England Club alcanza a las medias, gorras, muñequera, vinchas, faldas y hasta a las suelas de las zapatillas, que solo pueden tener detalles de color mínimos, de no más de un centímetro. Cualquier exceso puede derivar en un reto de los supervisores e incluso en la obligación de cambiarse antes de seguir en competencia.
Un código nacido en la Inglaterra victoriana
La exigencia del blanco tiene su origen a fines del siglo XIX, cuando el tenis era un pasatiempo casi exclusivo de la aristocracia británica. En aquella sociedad, dejar ver las manchas de transpiración en la ropa era considerado de muy mal gusto. El blanco, al disimular mejor el sudor, se convirtió en sinónimo de elegancia y limpieza en las canchas.
Cuando se disputó la primera edición de Wimbledon, en 1877, los participantes ya jugaban de blanco, aunque la regla todavía no estaba escrita. Recién en 1963 el All England Club formalizó el código de vestimenta e incorporó la obligación de usar ese color de manera casi absoluta. Desde entonces, lejos de relajarse, el reglamento se fue endureciendo.
A lo largo de las décadas, la organización limitó cada vez más el tamaño de los logos comerciales, los vivos de otros tonos y cualquier elemento que pudiera romper la imagen uniforme del certamen. Para los responsables del torneo, ese aspecto visual es parte central de su identidad.
Polémicas, excepciones y una tradición que resiste
El código blanco de Wimbledon generó choques con no pocas figuras. El estadounidense Andre Agassi llegó a ausentarse varios años del torneo en sus inicios como profesional por su rechazo a esta rigidez. Ya más cerca en el tiempo, Roger Federer recibió un llamado de atención en 2013 por presentarse con zapatillas cuyas suelas naranjas desentonaban con el resto de su indumentaria.
En el circuito femenino también hubo controversias. En 2023, y en línea con reclamos de jugadoras y especialistas, Wimbledon introdujo una excepción histórica: permitió el uso de shorts interiores oscuros debajo de las polleras o vestidos blancos para disminuir la ansiedad vinculada a la menstruación. El cambio fue leído como un gesto de adaptación a los tiempos actuales sin renunciar del todo a la tradición.
Pese a las críticas, el All England Club sostiene que el blanco favorece la concentración en el juego y evita que la discusión se desvíe hacia los diseños o colores. La estética uniforme, argumentan, resalta el contraste con el verde intenso del césped y contribuye a la atmósfera clásica que distingue al torneo.
- La tradición del blanco se remonta al siglo XIX y se formalizó en 1963.
- El código alcanza a casi todas las prendas y accesorios, incluso las suelas.
- Hubo polémicas con figuras como Andre Agassi y Roger Federer.
- En 2023 se introdujo una excepción para shorts interiores oscuros en mujeres.
Más de un siglo después de sus orígenes, el estricto código blanco convierte a Wimbledon en un torneo único, donde la modernidad convive con costumbres que parecen inalterables.
En un circuito cada vez más global, tecnológico y comercial, Wimbledon elige apoyarse en sus raíces. El blanco, lejos de ser un simple requisito de vestuario, se transformó en un símbolo: un recordatorio de que, al menos en estas canchas, hay tradiciones que todavía marcan el ritmo del presente.

