La huida del virrey Sobremonte tras la invasión británica marcó el inicio de una gesta popular que alimentó la idea de autogobierno y sentó las bases de la conciencia nacional.

El 25 de junio de 1806, tropas británicas desembarcaron en las costas de Quilmes, en el actual territorio bonaerense, dando inicio a la Primera Invasión Inglesa al Virreinato del Río de la Plata. Fue el primer desafío militar directo a la autoridad española en la región, y desencadenó una inesperada reacción popular que marcaría un punto de inflexión en la historia argentina.
Al mando del general William Carr Beresford, los invasores llegaron con el objetivo de tomar Buenos Aires, considerada una plaza estratégica en el comercio atlántico. El virrey Rafael de Sobremonte, máximo representante de la Corona española, se retiró hacia Córdoba con el tesoro público, dejando la ciudad sin defensa efectiva. Esta retirada, percibida como una traición por gran parte de la población local, terminó por erosionar su autoridad y abrió paso a una resistencia protagonizada por criollos y milicianos voluntarios.
La toma de Buenos Aires y el colapso del poder virreinal
Con escasa oposición militar, las fuerzas británicas ingresaron a Buenos Aires el 27 de junio. Las tropas locales estaban mal organizadas y superadas en número, y el virrey ya había abandonado la ciudad. La ocupación británica fue breve, pero significativa: duró 46 días y dejó al descubierto la debilidad de la administración colonial.
Durante ese período, los británicos intentaron ganarse a la población local fomentando el comercio libre y promoviendo ciertas libertades, sobre todo la del culto católico. Sin embargo, el malestar social creció, y el descontento se transformó rápidamente en organización. Al frente de la resistencia se puso Santiago de Liniers, un oficial francés al servicio de España, quien comenzó a movilizar tropas en Montevideo con apoyo del gobernador Francisco Javier de Elío.
El 12 de agosto de 1806, Liniers logró reconquistar Buenos Aires tras un ataque conjunto por tierra y por el Riachuelo, apoyado por milicias urbanas y una población firmemente decidida a expulsar al invasor. La victoria consolidó su figura como líder militar y relegó a Sobremonte, quien fue destituido de facto por el Cabildo.

Un despertar criollo: milicias, autogobierno y conciencia política
Frente al abandono del virrey, fueron los criollos quienes asumieron el liderazgo de la defensa. Su ímpetu no solo se tradujo en resistencia, sino también en organización: comenzaron a formarse los primeros cuerpos de milicias voluntarias, integrados por vecinos, comerciantes y jóvenes dispuestos a enfrentar al invasor. Estas milicias, como los Patricios, Húsares y Arribeños, serían el embrión de las fuerzas revolucionarias que años después protagonizarían la gesta independentista.
La invasión inglesa tuvo un efecto inesperado: la población del Río de la Plata, hasta entonces acostumbrada a la obediencia colonial, descubrió que podía organizarse y defenderse sin depender de España. Nacieron así las milicias criollas, cuerpos armados conformados por vecinos y comerciantes que luego jugarían un papel clave en los procesos revolucionarios.
La experiencia también sembró el germen de una nueva identidad colectiva. Las decisiones del Cabildo, la formación de cuerpos armados y la participación activa de sectores populares en la resistencia mostraron que era posible ejercer formas de autogobierno local. La sociedad rioplatense comenzó a pensarse a sí misma como algo distinto al dominio colonial.
Un año después, en 1807, los británicos volverían a intentar una segunda invasión, esta vez aún más ambiciosa. Pero el precedente ya estaba marcado: el pueblo criollo se sabía capaz de organizarse, de resistir, y de decidir su destino.
La Primera Invasión Inglesa no solo fue un episodio militar. Fue el comienzo de un proceso político y cultural que, menos de cuatro años más tarde, desembocaría en la Revolución de Mayo de 1810. La huida del virrey, la organización popular y la recuperación de la ciudad por mano propia fueron las primeras señales del fin del orden colonial.

