El desahogo de una migrante venezolana que encontró refugio en Argentina

NewsITe
“Si yo siento una justicia amarga, porque por lo menos a ese dictador y asesino se lo lleven de mi país, permítanme celebrar”. Con esa frase, dicha al aire en una entrevista radial en Argentina, Anais Castro —conductora, cantautora, modelo y locutora venezolana— puso en palabras un sentimiento extendido entre miles de migrantes: la necesidad de expresar alivio tras la confirmación de la captura de Nicolás Maduro, figura central del poder en Venezuela durante la última década.
El testimonio, emitido por Urbana Play 104.3, combinó dolor, memoria y un pedido directo a quienes miran el conflicto desde lejos: que no se relativice el sufrimiento acumulado. “No nos contaminen la alegría de sentir que se hace un poquito de justicia. No nos la quiten”, reclamó, al referirse a los cuestionamientos que suelen recibir los venezolanos en el exilio cuando celebran hechos políticos vinculados a su país de origen.
En su relato, Castro recordó que la censura y el miedo atravesaron su vida desde muy joven. Mencionó el cierre de RCTV en 2007 como un punto de quiebre para la libertad de expresión, y describió cómo las protestas estudiantiles se multiplicaron con los años, en un clima donde las detenciones, la violencia y la persecución formaron parte de la cotidianeidad. “En 2014… empiezan las protestas más heavies en Venezuela y llega el primer éxodo masivo”, rememoró, al evocar el impacto de la represión y la muerte de estudiantes.
Identidad, desarraigo y la comunidad venezolana en el país
Instalada en Argentina, Castro dijo sentirse parte de una comunidad que ya es visible en la vida diaria: “Hoy es muy difícil encontrar un argentino que no tenga al menos un amigo venezolano”. Su reflexión apunta a un fenómeno social que atravesó a todo el país: la integración de miles de familias que llegaron buscando estabilidad, trabajo y un horizonte más previsible.
Sin embargo, esa integración convive con el peso de la pertenencia. En su caso, la identidad venezolana aparece como un vínculo que no se corta con la distancia: se sostiene en el idioma compartido, en los recuerdos y también en el duelo por lo perdido. Por eso, insistió en la necesidad de respeto: no exigir comprensión total, pero sí empatía ante una experiencia marcada por la represión y la falta de libertades.
Una crisis que se metió en la vida cotidiana
La entrevista también recorrió el deterioro social y sanitario. Castro relató episodios de discriminación política en centros de salud y describió la escasez de medicamentos, alimentos y combustible como parte del día a día. En esa línea, explicó que la crisis dejó marcas profundas no sólo en quienes se fueron, sino en quienes permanecen en Venezuela con miedo a represalias.
Claves del testimonio que resonó en redes y en la diáspora
- El pedido de “tres días” para celebrar sin ser juzgados por el dolor acumulado.
- El recuerdo del cierre de medios y la censura como inicio de un proceso de restricción de libertades.
- La denuncia de represión, detenciones y torturas en contextos de protesta.
- El impacto emocional del exilio: pérdidas, duelos a distancia e imposibilidad de volver.
“No nos contaminen la alegría de sentir que se hace un poquito de justicia. No nos la quiten”.
Hacia el final, la comunicadora planteó una idea que se repite en muchos relatos migrantes: la mezcla de alivio y temor. Incluso lejos, dijo, persiste el miedo a consecuencias burocráticas o represalias contra familiares. En ese marco, su pedido fue simple y contundente: dejar que, después de tanto silencio y pérdida, quienes vivieron la Venezuela de la censura y la represión puedan —aunque sea por un rato— “ser felices” y celebrar lo que interpretan como un gesto de justicia.

