La nicoleña Vanesa Rubiola formó parte del plantel argentino que ganó el Sudamericano de básquet adaptado en Perú, asegurando una plaza para los Parapanamericanos de Santiago. Argentina ganó el torneo invicto, con amplios triunfos sobre Bolivia, Colombia y las locales. “Todas pudimos jugar y demostrar todo lo que se nos enseña”, contó.

Ezequiel Guisone
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Las Lobas, como se las llama en el ambiente deportivo nacional, lograron días atrás la esperada clasificación a los Juegos Parapanamericanos de Santiago de Chile. Lo hicieron ganando de manera contundente el Sudamericano de Lima, Perú, con una nicoleña en el plantel. Se trata de Vanesa Rubiola, que hace apenas tres años empezó con el deporte pero que ya ha sumado una importante experiencia a nivel nacional e internacional. En Lima, por primera vez escuchó el Himno Nacional argentino en una ceremonia de clausura y se colgó una medalla dorada.
“Fue hermoso. Es un orgullo haber representado a la Argentina de esta manera, haber logrado los triunfos de esta manera, ganando todos los partidos”, expresó la nicoleña en su visita al programa La Deportiva, de Radio U 89.9. “Lo mejor es que pudimos jugar todas las jugadoras, porque muchas veces dependiendo los rivales y el torneo, juegan más tiempo las titulares, entonces no tenemos tanto roce. Y en este torneo eso estuvo bueno, porque todas pudimos jugar al menos un cuarto en cada partido y demostrar todo lo que se nos enseña, porque durante el año hacemos un esfuerzo grande, tenemos toda la teoría pero nos faltan un poco más de torneos, entonces esos son los momentos que necesitamos para ganar el roce y la experiencia”, agregó.
Vanesa conoció este deporte cuando tenía 35 años, a través de un incansable trabajador como Víctor Bava, referente indiscutido del deporte adaptado en nuestra ciudad. “Me hubiese encantado poder conocer el deporte de adolescente, quizás hubiese hecho una carrera mucho más larga o en otro lado, como lo hacen algunas compañeras”, reconoció, aunque valoró: “Todo se encuentra en el momento que se tiene que encontrar. Quizás si me presentaban esto de chica no lo hubiese visto como lo veo ahora”.
Vanesa sufrió un grave problema de salud a los 12 años que la obligó a realizar fuertes tratamientos y un trasplante. A los 16, su estado se complicó y ya no hubo otra alternativa que amputarle una de sus piernas. “Tuve la posibilidad de utilizar una prótesis, por lo que hice una vida lo más normal posible, de salidas, escuela, juntarme con amigos, aunque lo que tenía que ver con el deporte lo había dejado a un lado”, contó.
Subirse a la silla
“Víctor me vio un verano en el club de Cazadores, me preguntó si hacía algún deporte y me terminó convenciendo para ir a probarme a Buenos Aires, donde entrena la selección”, recordó la nicoleña. “Acepté, fui y el entrenador me pidió que me sentara en una silla. Yo soy medio reacia a la silla, siempre usé prótesis, pero me animé y me gustó. Fue como volver a correr. La mayoría pasamos por esa situación, sentarnos en la silla y agarrar velocidad era como correr con nuestras dos piernas”, expresó luego.
La actividad la atrapó. Comenzó viajando una vez por semana a Buenos Aires para entrenar con la Selección, y casi que en un abrir y cerrar de ojos se encontró entrenando todos los días y viviendo en el Cenard, nada más y nada menos. “Es un montón”, tiró entre risas. “Cada vez que hablo con alguien me dice eso, que les gustaría conocer ese lugar, que es un honor estar ahí. Ayuda a que uno se enfoque más en el deporte y esté pensando en eso. Tengo la mañana gimnasio y después cancha. Casi todos los días tenemos ese doble turno”, explicó Vanesa, quien retorna cada fin de semana a nuestra ciudad “para liberar un poco la cabeza, aprovechar y disfrutar un poco la familia y los amigos”.

La celeste y blanca
Empezó a entrenar en la Selección a fines de 2019, justo cuando el plantel había viajado a Lima a los Parapanamericanos. “Además de hacer un deporte, una de las cosas que me atrapó era el hecho de los viajes, de representar a Argentina, que es algo que no se puede explicar”, contó Vanesa.
Luego llegó la pandemia y no había partidos, por lo que la nicoleña participó del siguiente Sudamericano casi sin tener experiencia dentro de la cancha. A medida que se fue reactivando la actividad tras el Covid, ella fue ganando seguridad y experiencia. Con su club, Cedima, juega en las categorías Segunda y Tercera. Y además está la Selección, donde cobra una beca que le permite sostenerse en la actividad.
El esfuerzo y el sacrificio que hace todos los días tuvo una recompensa la semana pasada en Perú. “El hecho de haber podido jugar… es como que este torneo lo sentí que realmente lo ganamos todas, porque al poder jugar todas se sintió más propio”, recordó.
“A mí escuchar el himno siempre me erizaba la piel. Y en Perú, tener la posibilidad de quedar en el primer puesto y que suene nuestro himno, fue un orgullo enorme. Nunca había vivido el hecho de ganar un torneo, que pongan tu himno en la premiación la emoción es doble. Fue hermoso”, cerró.

