Lubetkin advirtió que la tensión complica la agenda del Mercosur

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El canciller de Uruguay, Mario Lubetkin, calificó como una “muy mala noticia” para la región la escalada diplomática entre Argentina y Brasil, los dos socios mayores del Mercosur. Desde Montevideo, el jefe de la diplomacia uruguaya planteó que el actual clima de confrontación no sólo afecta a Buenos Aires y Brasilia, sino que repercute de manera directa en Uruguay y Paraguay, así como en el funcionamiento general del bloque.
Las tensiones entre los gobiernos de Javier Milei y Luiz Inácio Lula da Silva se vienen profundizando en las últimas semanas, con cruces públicos, posturas encontradas en foros internacionales y fricciones en la agenda económica bilateral. En ese contexto, la voz de Lubetkin se suma a la preocupación de distintos actores políticos y empresariales que observan con inquietud el impacto potencial sobre el comercio intrarregional y las negociaciones externas del Mercosur.
“Lo observamos muy mal, por cierto. Esto no ayuda a nadie”, sostuvo el ministro uruguayo al ser consultado por periodistas en Montevideo. El funcionario remarcó que, cuando se resienten las relaciones entre Argentina y Brasil, “se resiente todo el Mercosur”, un bloque que ya viene atravesando debates internos sobre su rumbo, su nivel de integración y la apertura hacia nuevos acuerdos comerciales.
Lubetkin hizo especial hincapié en que el semestre en curso es particularmente relevante para el Mercosur, debido a que Uruguay ejerce la presidencia pro témpore del bloque y, al mismo tiempo, lidera la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Esa doble responsabilidad le otorga a Montevideo un rol central en la coordinación de agendas políticas y comerciales, en un momento en el que la región intenta reposicionarse frente a potencias como Estados Unidos, la Unión Europea y China.
Preocupación por las negociaciones y llamado al diálogo
Según señaló el canciller, un Mercosur “tensionado” complica el avance de los principales capítulos de negociación que el bloque tiene en carpeta, entre ellos la implementación definitiva del acuerdo con la Unión Europea, el acercamiento a países de Asia y las discusiones sobre modernización de normas internas. En ese escenario, la falta de sintonía entre Buenos Aires y Brasilia reduce los márgenes para alcanzar consensos y enviar señales de previsibilidad a los mercados.
Lubetkin expresó su deseo de que “a nivel de Estado se encuentren los mecanismos de diálogo para bajar las tensiones y poder avanzar”. La referencia al nivel estatal buscó despegar el tratamiento de la crisis de las declaraciones personales o los cruces mediáticos, y enfocarlo en los canales institucionales de la diplomacia, considerados clave para recomponer la confianza.
Consultado sobre la posibilidad de que Uruguay asuma un rol de mediador, el ministro aclaró que Montevideo mantiene su disposición a colaborar “cuando sea requerido”, pero subrayó que, por el momento, no existe ningún proceso formal de intermediación en marcha. La postura uruguaya se enmarca en una tradición de búsqueda de consensos y de defensa del multilateralismo en la política exterior del país vecino.
En paralelo, analistas regionales advierten que un deterioro prolongado del vínculo entre Argentina y Brasil podría traducirse en trabas al comercio, demoras en proyectos de infraestructura compartidos y una menor coordinación en organismos regionales. Para países más pequeños como Uruguay y Paraguay, el Mercosur continúa siendo un espacio clave para la proyección de sus economías y su inserción internacional, por lo que la estabilidad del bloque es vista como una prioridad estratégica.
“Esperamos que, a nivel de Estado, se encuentren los mecanismos de diálogo para bajar las tensiones y poder avanzar”, sostuvo el canciller uruguayo Mario Lubetkin.
Mientras se aguarda la evolución del vínculo entre Buenos Aires y Brasilia, en Montevideo insisten en la necesidad de recomponer puentes cuanto antes. En una región atravesada por desafíos económicos, sociales y geopolíticos, la cohesión del Mercosur aparece como un factor decisivo para evitar un mayor aislamiento y sostener la capacidad negociadora del bloque frente al resto del mundo.

