Think tank liberal calcula una suba de precios en línea con Caputo

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En medio de la transición en el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) tras la salida de Marco Lavagna y parte de su equipo, la Fundación Libertad y Progreso difundió una estimación propia de inflación para enero de 2026. Según sus cálculos, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) habría registrado una suba del 2,6%, un número prácticamente calcado del “entorno del 2,5%” anticipado días atrás por el ministro de Economía, Luis Caputo.
El dato privado se conoce a la espera del informe oficial del INDEC, previsto para el martes 10 de febrero si no se modifica el calendario de publicaciones pese a la reconfiguración interna del organismo. En diciembre, la inflación había sido del 2,8% y el 2025 cerró con un incremento acumulado del 31,5%, según las estadísticas oficiales.
Alimentos, tarifas y vacaciones presionan sobre el índice
De acuerdo con Libertad y Progreso, el rubro que más empujó el 2,6% de enero fue alimentos y bebidas no alcohólicas, con una variación del 7,3% en el mes. Este salto se explicó, principalmente, por el aumento en carnes y sus derivados, pescados y mariscos, además de productos estacionales como verduras, legumbres y otros frescos sensibles a la demanda y a factores climáticos.
Otro componente relevante fue el incremento de servicios regulados, con un capítulo destacado para las tarifas del transporte público, que comenzaron a moverse por encima del ritmo general de la inflación. A esto se sumaron ajustes en servicios vinculados a la vivienda y otros precios administrados, con impacto indirecto sobre el resto de la canasta.
La estacionalidad de las vacaciones también jugó su papel: rubros como restaurantes y hoteles, salud y vivienda mostraron variaciones que, si bien individualmente no fueron tan altas como las de alimentos, contribuyeron al nivel general del índice. Según el informe, este comportamiento refleja una combinación de recomposición de márgenes y traslados de costos acumulados.
Proyecciones optimistas y recomendaciones al Gobierno
El trabajo difundido por la Fundación Libertad y Progreso incluye un capítulo de análisis y proyecciones en el que sus economistas se muestran relativamente optimistas respecto de la trayectoria de los precios para los próximos meses. El eje central de ese optimismo se basa en una menor incertidumbre política y en la expectativa de una mayor estabilidad cambiaria.
Iván Cachanosky, economista jefe de la entidad, sostuvo que la inflación se aceleró en los meses previos por la inestabilidad electoral y la suba del dólar, pero consideró que, con el nuevo escenario político definido, el índice retomará un sendero descendente. Proyectó que, pasada la mitad del año, la inflación podría ubicarse en torno al 1% mensual y que 2026 cerraría con un aumento cercano al 18% interanual, siempre que no haya nuevos shocks.
- El 2,6% estimado para enero se apoya en el fuerte aumento de alimentos.
- El think tank prevé que la inflación mensual perforará el 2% en el segundo trimestre.
- Las tarifas de transporte y otros servicios regulados agregan presión en el corto plazo.
Dinámica monetaria, demanda de dinero y estabilidad del peso
En el plano de la política económica, los especialistas de Libertad y Progreso insisten en que la clave para consolidar la baja inflacionaria será la coordinación entre el Banco Central y el Tesoro. En ese sentido, el economista Julián Neufeld planteó que, si el Gobierno decide respaldar la emisión en un modelo de estimación de la demanda de dinero —es decir, emitir solo lo que la economía está dispuesta a absorber—, podría morigerar el ritmo de suba de los precios.
Neufeld advirtió, sin embargo, que un relajamiento prematuro de las tasas de interés podría desordenar la oferta de dinero y complicar el objetivo de desinflación. La discusión sobre el nivel de los rendimientos en pesos aparece así como un punto sensible para sostener la confianza de los ahorristas y evitar movimientos bruscos hacia el dólar u otros activos.
“Si el Gobierno se respalda en su modelo de estimación de la demanda de dinero y emite en consecuencia debería poder menguar el ritmo de la inflación”, remarcó Neufeld, al tiempo que alertó que bajar demasiado las tasas puede hacer “difícil contener la inflación en los próximos meses”.
Por su parte, el economista Tomás Amerio detalló que el 2,6% de enero se explica en gran medida por alimentos, pero también por subas en restaurantes y hoteles, y bienes y servicios varios, lo que evidencia una presión persistente en algunos segmentos de la canasta. Esa dinámica convive con intentos de estabilización en otros rubros, donde los aumentos ya incorporaron la pérdida de poder adquisitivo previa a las elecciones.
La mirada de Abram: confianza, tipo de cambio y horizonte inflacionario
El director de la Fundación Libertad y Progreso, Aldo Abram, vinculó la reciente desaceleración del IPC con la mejora en la confianza luego del último turno electoral. Según su diagnóstico, la fuerte suba inflacionaria del período preelectoral reflejó la caída en la demanda de pesos y la depreciación de la moneda local. Con el resultado que ratificó un cambio de rumbo económico, sostuvo, se habría revertido parcialmente ese proceso.
Abram planteó que el Banco Central viene emitiendo en línea con el aumento de la demanda de dinero y que eso contribuye a la estabilidad cambiaria observada en las últimas semanas. De mantenerse esta dinámica, consideró que la depreciación del peso sería acotada durante el año y que cada vez quedan menos precios por ajustar por completo a la pérdida de poder de compra acumulada.
El economista proyectó que la inflación mensual perforaría el 2% durante el segundo trimestre y podría ubicarse por debajo del 1% hacia el final de 2026, en un escenario sin sobresaltos políticos ni cambiarios.
Mientras tanto, el mercado y los analistas seguirán con atención la publicación del dato oficial del INDEC, que será clave para evaluar cuánto se alinean los indicadores públicos con las mediciones privadas y si la tendencia a la baja se consolida en un contexto de ajustes tarifarios y puja distributiva aún latente.

