En su partido número 200 con la camiseta de la Selección, el capitán tuvo una noche fantástica, que coronó con un hat-trick para alcanzar a Klose como máximo goleador de la historia de los mundiales. Cómo no ilusionarse…

EZEQUIEL GUISONE
Desde Kansas, Enviado especial
Pasaron tres años y medio de la consagración en Qatar a este nuevo camino en Norteamérica, y los dos grandes interrogantes de todo ese lapso de tiempo fueron si Lionel Messi llegaría a disputar su sexto mundial -primero- y en qué nivel lo haría -después-.
Este martes en Kansas bastaron 25 minutos para confirmar que el capitán está en una versión estupenda. Porque la camiseta albiceleste lo potencia, y porque futbolísticamente hace todo bien. Nada nuevo, claro está, pero si nos vamos unos años atrás, todos nos preguntábamos qué Messi veríamos en el Mundial 2026, durante el cual cumplirá 40 años.
Contra Argelia fue el que encontró todos los huecos para romper la defensa, y en apenas dos minutos ya había definido a la red después de una muy buena seguidilla de pases. Por unos centímetros la jugada fue anulada, pero el rosarino mostró que estaba enchufadísimo. Bajó a recuperar la pelota (en una le cubrió la espalda a Montiel), se asoció a la perfección con De Paul (de buen partido) y coronó un arranque a toda orquesta con un golazo digno de su sello, el número 14 en la historia de los mundiales.
En el segundo tiempo no aflojó. Mandó un zurdazo por arriba a los 5 minutos, asistió después a Lautaro (Zidane le tapó el remate bajo) y a los 14 metió el 2 a 0 con un gol de goleador, definiendo tras el rebote que dio el arquero en el remate de Mac Allister.
Con ese tanto quedó a uno de alcanzar al alemán Miroslav Klose, hasta ese momento solitario líder de la tabla de goleadores históricos de los mundiales.
A los 31 minutos, volvió a clavar in zurdazo abajo para transformar la noche de Kansas en un auténtico sueño.
De aquel “ya está” tras la final ganada a Francia a este Messi que quiere más. Y lo que quiere, lo tiene. Ahora nos volvimos a ilusionar…

