Un informe registró cómo decisiones diarias impactan y dejan huella en la biodiversidad

ANÁLISIS INTERNACIONAL

Científicos de Alemania y Finlandia, con la colaboración de especialistas de países como Argentina y Colombia, detectaron que la forma de comer, moverse y consumir influye directamente en la pérdida de especies y ecosistemas en general.

Las decisiones diarias pueden cambiar el destino de miles de especies en el planeta. Científicos del Instituto Hot or Cool, una organización independiente con sede en Berlín (Alemania), y de la Universidad de Jyväskylä, en Finlandia, demostraron cómo la vida diaria de las personas deja una huella silenciosa sobre la biodiversidad, es decir, la variedad de seres vivos y ecosistemas que existen en la Tierra.

Cada elección suma o resta naturaleza, aunque no siempre se vea. Publicaron un informe que introduce el concepto de la “huella de biodiversidad”. Es una forma de calcular el impacto de los hábitos cotidianos sobre animales, plantas y ecosistemas.

Esa perspectiva conecta lo que se come, cómo se viaja, el espacio donde se vive y lo que se compra con la cantidad de especies que pueden desaparecer.

Los investigadores la definen como “un método de contabilidad basado en el consumo que vincula el consumo de los hogares con la pérdida de biodiversidad a lo largo de las cadenas de suministro globales, expresando los impactos en una unidad común de biodiversidad”.

El análisis resaltó que cerca del 70% de los impactos climáticos, el 70% del uso del suelo, el 48% del uso de materiales y el 81% del uso de agua dulce pueden vincularse directamente a los estilos de vida y el consumo de los hogares.

Alcances del estudio

Los investigadores analizaron Brasil, Finlandia y Japón, y observaron que en todos los países los hábitos diarios explican gran parte del daño a la naturaleza, aunque los patrones y los productos que se consumen sean diferentes.

Contaron con la participación de especialistas de la Argentina, Alemania, Italia, Irlanda, Reino Unido, Austria, Colombia y Suecia. Uno de los expertos fue el doctor en Biología Pedro Jaureguiberry, investigador del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (IMBIV), que depende del Conicet y la Universidad Nacional de Córdoba, en nuestro país.

El nuevo informe muestra que nuestros estilos de vida tienen un impacto grande sobre la naturaleza, incluso más allá de las fronteras, a través de las cadenas globales de producción.

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Más variables y propuestas

Otro hallazgo fue que muchas acciones que benefician a la naturaleza también ayudan al clima, como reducir el desperdicio de alimentos o promover el uso de sistemas de transporte colectivo (en lugar de individual) y/o activo (por ejemplo, la bicicleta).

La vivienda y el consumo de productos también dejan huella. Casas grandes, que usan más energía y materiales, y la compra constante de ropa o electrónicos nuevos multiplican el impacto ambiental.

Por ejemplo, en Japón, la huella por consumo de ropa es una de las más altas, mientras que en Brasil los muebles y los electrodomésticos tienen más peso en la pérdida de especies.

Los investigadores propusieron cambios sencillos como aumentar la proporción de alimentos de origen vegetal, elegir productos de temporada y proximidad, y consumir solo lo necesario.

En la movilidad, el estudio propone caminar, usar la bicicleta o el transporte público y prescindir de viajes innecesarios en auto o avión. También se insta a rediseñar las ciudades para facilitar estilos de vida sostenibles.

Para el consumo, reutilizar y reparar antes de desechar se vuelve esencial. En algunos países se incentiva la fabricación de productos duraderos y se regula la publicidad para desalentar el sobreconsumo.

Los investigadores también insistieron en que el uso de plásticos genera contaminación en ecosistemas terrestres y acuáticos, especialmente por la liberación de microplásticos provenientes de textiles y productos descartables.

Esos residuos afectan a especies marinas y animales terrestres, que pueden ingerirlos o quedar atrapados.

Para los científicos que elaboraron el informe, las políticas públicas y la educación son necesarias para facilitar el cambio que recomendaron en los estilos de vida.

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