Un estudio reveló que las personas suelen equivocarse al predecir sus propias decisiones futuras

Una investigación publicada en una revista académica europea concluyó que la mayoría de las personas no logra anticipar correctamente cómo actuará en el futuro. El trabajo mostró que incluso cuando la experiencia demuestra que pueden tomar buenas decisiones más adelante, muchas siguen actuando en el presente como si fueran a equivocarse.

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La idea de que las personas se conocen lo suficiente como para anticipar sus propias decisiones futuras quedó bajo cuestionamiento a partir de una investigación desarrollada por académicos de Estados Unidos. El estudio, publicado en el Journal of the European Economic Association, sostiene que la mayoría de la gente no logra prever con precisión cómo actuará más adelante y que ese error influye directamente en las decisiones que toma en el presente.

El trabajo, titulado “Noisy Foresight”, fue elaborado por Chad Kendall, profesor asociado de finanzas y economía empresarial de la Escuela de Negocios Patti y Allan Herbert de la Universidad de Miami, junto a Anujit Chakraborty, investigador de la Universidad de California en Davis.

La investigación se propuso responder una pregunta puntual: si las personas pueden anticipar sus propias acciones futuras y utilizar ese conocimiento para decidir mejor hoy. Según los resultados obtenidos, la respuesta es negativa en la mayoría de los casos.

Un experimento para medir cómo pensamos el futuro

Para analizar esa conducta, los investigadores diseñaron una tarea de inversión dividida en dos etapas. Los participantes recibían un dólar y debían decidir cuánto dinero invertir en un proyecto incierto.

Posteriormente, una vez conocido el rendimiento de esa inversión, podían elegir si mantenerla o retirar el dinero. El diseño incluía una condición central: quienes obtenían malos resultados siempre conservaban la posibilidad de salir de la inversión más adelante.

En términos prácticos, los participantes contaban con una especie de resguardo. Si el proyecto no funcionaba como esperaban, podían evitar el peor escenario retirando el dinero en la segunda instancia.

Bajo esa lógica, sostienen los investigadores, muchos deberían haberse sentido cómodos invirtiendo sumas mayores desde el comienzo. Sin embargo, eso no fue lo que ocurrió.

Aproximadamente el 60% de los participantes modificó sus decisiones iniciales tomando en cuenta un resultado negativo que, desde una perspectiva lógica, no debía influir en absoluto. Actuaron como si estuvieran destinados a sufrir un mal desenlace que, llegado el momento, nunca aceptarían.

El patrón que casi nadie incorporó

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio fue que los participantes no se equivocaban cuando llegaba la segunda etapa. Al enfrentar el momento de decidir, casi siempre elegían correctamente y evitaban el resultado desfavorable.

El problema aparecía antes.

Aunque a lo largo de más de veinte rondas comprobaban repetidamente que podían actuar racionalmente en el futuro, la mayoría no trasladaba ese aprendizaje a la decisión inicial.

“Hay muy poco aprendizaje”, explicó Kendall. “Se han visto a sí mismos tomar la decisión racional en el segundo período una y otra vez, pero nunca reflexionan sobre ello y piensan: ‘Bueno, debería aprender que nunca voy a obtener esto malo’”.

Según los investigadores, esta desconexión sugiere que muchas personas toman decisiones presentes desconfiando de su propio comportamiento futuro, aun cuando la experiencia demuestra lo contrario.

Tratar al futuro como si fuera otra persona

El estudio también buscó diferenciar este fenómeno de otros errores de predicción ya conocidos en economía.

Hasta ahora, gran parte de las investigaciones se enfocaban en dificultades para anticipar el comportamiento de otras personas en contextos competitivos o de negociación. En este caso, el experimento eliminó completamente esa variable.

No había rivales ni terceros involucrados. Cada participante debía predecirse únicamente a sí mismo.

“Uno pensaría que si alguna vez pudieras darte cuenta de esto, sería cuando te toca a ti”, señaló Kendall. “No tienes que preocuparte de si esa persona está loca o si tal vez está tratando de hacerme daño. Eres tú”.

Para el investigador, los resultados muestran que muchas personas piensan el tiempo de manera fragmentada y no integran naturalmente la relación entre lo que harán mañana y lo que deciden hoy.

“La gente piensa de forma prospectiva, en el tiempo”, afirmó. “No piensan: lo que hago mañana afecta lo que debería hacer hoy”.

En la interpretación más extrema del estudio, agregan los autores, los participantes terminaban tratando a su propio yo futuro como si se tratara de alguien distinto.

El modelo del “yo ruidoso”

Tras comparar distintos modelos explicativos, los investigadores concluyeron que el que mejor se ajustaba a los datos era el denominado modelo del “yo ruidoso”.

Esta idea plantea que las personas no ignoran completamente el futuro, sino que actúan como si su versión futura pudiera equivocarse ocasionalmente, aun cuando en la práctica casi nunca lo hace.

El modelo incorpora además el concepto de “descuento cognitivo”, definido como una tendencia a otorgar menor valor a las recompensas futuras no por preferir beneficios inmediatos, sino por la dificultad mental de imaginar con claridad escenarios todavía no vividos.

La combinación de ambos factores explicó el comportamiento de aproximadamente el 90% de los participantes del estudio.

A partir de estos hallazgos, Kendall resumió el aprendizaje principal de la investigación en una recomendación simple, aunque difícil de aplicar: “Piensa en tu futuro. Intenta planificar tus decisiones futuras antes de pensar en qué hacer hoy”.

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