Investigadores observaron que canciones seleccionadas personalmente consiguieron extender el tiempo de entrenamiento en los participantes en más de cinco minutos, en comparación con sesiones en silencio. Además, acumularon un mayor trabajo cardiovascular y permanecieron más tiempo por encima de su umbral anaeróbico, lo que indica una mayor tolerancia al esfuerzo y una prolongación de la actividad bajo condiciones exigentes.

Un nuevo estudio realizado por investigadores de Finlandia y Estados Unidos -publicado en Psychology of Sport and Exercise– muestra que la música para entrenar seleccionada por el propio usuario puede incrementar la tolerancia mental y hacer más llevadero el ejercicio intenso, aunque no modifica los límites físicos. Elegir canciones motivadoras ayuda a extender la duración de la actividad y brinda un apoyo psicológico relevante para quienes buscan constancia en su entrenamiento.
Para llegar a estas conclusiones, se analizaron adultos sanos que realizaron pruebas de ciclismo de alta intensidad, con y sin música de ritmo rápido (entre 120 y 140 pulsaciones por minuto). Cada persona preparó su propia selección musical y las pruebas se realizaron en orden aleatorio, lo que permitió comparar el desempeño individual en ambas condiciones.
Durante el experimento, los investigadores evaluaron la duración del esfuerzo, la frecuencia cardiaca, el consumo de oxígeno (VO2 máx.), los niveles de lactato en sangre y la percepción subjetiva del esfuerzo de cada participante.
El resultado central fue que los participantes extendieron el tiempo de entrenamiento en más de cinco minutos en promedio al escuchar música, en comparación con las sesiones en silencio.
Además, acumularon un mayor trabajo cardiovascular y permanecieron más tiempo por encima de su umbral anaeróbico, lo que indica una mayor tolerancia al esfuerzo y una prolongación de la actividad bajo condiciones exigentes.
Modulador psicológico
A pesar de la mejora en el tiempo de actividad, los investigadores no detectaron cambios significativos en indicadores fisiológicos clave como el lactato, la frecuencia cardíaca o el consumo de oxígeno al límite del agotamiento. Esto sugiere que la música no aumentó la capacidad física máxima de los participantes.
Según el estudio, el efecto se produjo principalmente a nivel mental: la música modificó la percepción subjetiva del esfuerzo y la disposición psicológica frente al cansancio, permitiendo que las personas continuaran ejercitándose durante más tiempo aunque sus límites fisiológicos siguieran siendo los mismos.
Estos hallazgos sugieren que la música actúa principalmente como un modulador psicológico, facilitando la continuidad de la actividad a través de la gestión de las sensaciones de fatiga y malestar.
Disociación
Los investigadores atribuyen el efecto positivo de la música a su capacidad para distraer la mente de la fatiga y las molestias físicas que aparecen durante el ejercicio. Según explicaron los autores del estudio, escuchar música puede ayudar a reducir la percepción del cansancio y hacer más llevadero el esfuerzo físico.
Este mecanismo, conocido como disociación, permite que la atención se centre en estímulos externos como las canciones en lugar de en las señales corporales asociadas al cansancio. De esta forma, aunque el esfuerzo físico sea el mismo, la percepción mental de dificultad disminuye y la experiencia se vuelve más llevadera y positiva.
Los especialistas recomiendan también crear un entorno agradable para la actividad física. Participar en sesiones de entrenamiento en grupo, invitar a amigos o complementar el ejercicio con contenidos audiovisuales puede potenciar la sensación positiva y hacer que la actividad resulte más sostenible a largo plazo.
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