Un columnista del prestigioso diario británico sostuvo que el Reino Unido debería retomar el diálogo con Argentina por la soberanía de las islas. Además, cuestionó el costo de mantener el enclave militar y recordó que antes de la guerra de 1982 ambos países negociaban una transferencia de soberanía.

La histórica disputa por la soberanía de las Islas Malvinas volvió a instalarse en el centro del debate público, esta vez a partir de un pronunciamiento surgido desde el Reino Unido. El prestigioso diario británico The Guardian publicó una columna de opinión en la que instó al gobierno británico a reabrir las negociaciones con Argentina y aseguró que las islas “no pueden seguir siendo británicas para siempre”.
El planteo apareció pocos días después de que los jugadores de la selección argentina exhibieran una bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas” durante los festejos por la victoria frente a Inglaterra. La imagen generó fuertes críticas de dirigentes, exfuncionarios y medios británicos, pero también reavivó el debate sobre un conflicto diplomático que permanece abierto desde hace décadas.
El autor de la columna, el periodista Simon Jenkins, sostuvo que el Reino Unido debería revisar su postura histórica y retomar una negociación que quedó interrumpida tras la guerra de 1982.
El artículo fue publicado bajo el título “¿Las Malvinas son argentinas? No exactamente, pero las Malvinas no pueden seguir siendo británicas para siempre” y plantea que el reciente acuerdo alcanzado entre el Reino Unido y España sobre Gibraltar demuestra que los conflictos territoriales pueden encontrar soluciones mediante el diálogo.
El costo de mantener el statu quo
En uno de los pasajes centrales del texto, Jenkins afirmó que “ninguno de los territorios de la época imperial británica tiene derecho eterno a permanecer como está” y remarcó que las Islas Malvinas representan un gasto superior a los 60 millones de libras esterlinas anuales en materia de defensa para los contribuyentes británicos.
El columnista recordó que antes del conflicto bélico ambos gobiernos mantenían conversaciones sobre una eventual transferencia de soberanía. Incluso señaló que el acuerdo de comunicaciones firmado en 1971 permitió que los habitantes de las islas viajaran, estudiaran, recibieran atención médica y desarrollaran actividades comerciales con el territorio continental argentino.
También destacó que durante la década de 1970 las Naciones Unidas impulsaban procesos de descolonización y alentaban a las potencias europeas a resolver la situación de los territorios de ultramar.
Para Jenkins, el criterio que predominaba entonces no respondía únicamente a argumentos históricos, sino también a una cuestión geográfica y estratégica. En ese sentido, sostuvo que resultaba poco razonable que un Estado europeo destinara importantes recursos militares para sostener el control de un territorio ubicado a miles de kilómetros de distancia.
Las negociaciones frustradas antes de la guerra
El periodista británico repasó además distintos intentos diplomáticos desarrollados antes de 1982. Recordó que funcionarios de los gobiernos laboristas y posteriormente de la administración de Margaret Thatcher analizaron alternativas que contemplaban una transferencia de soberanía con amplios niveles de autonomía para los isleños e incluso bajo garantías de las Naciones Unidas.
No obstante, calificó como una “auténtica barbaridad” la decisión de la dictadura militar argentina de invadir las islas mientras esas conversaciones aún continuaban, al considerar que ese hecho terminó por hacer fracasar cualquier posibilidad de acuerdo.
Aun así, Jenkins sostiene que la guerra no justificaba congelar durante más de cuatro décadas cualquier discusión sobre la soberanía.
También relativizó el alcance político del referéndum celebrado en 2013, cuando el 99,8% de los votantes isleños expresó su voluntad de continuar bajo administración británica. A su entender, ese resultado no elimina el reclamo argentino ni modifica el carácter colonial del conflicto.
El periodista afirmó que, tarde o temprano, los territorios coloniales terminan integrándose a sus respectivas regiones y que las reivindicaciones argentinas “no van a desaparecer”.
Un llamado a retomar el diálogo
En el cierre de la columna, Jenkins sostuvo que las Islas Malvinas continúan funcionando como “una fortaleza militar aislada” sostenida por el Reino Unido a gran distancia de su territorio continental.
Por ese motivo, consideró que en algún momento un gobierno británico deberá asumir el costo político de reabrir las negociaciones con Argentina, aunque advirtió que, por ahora, tanto el Ministerio de Asuntos Exteriores como el Ministerio de Defensa prefieren postergar el debate.
Finalmente, expresó que sería positivo que la repercusión generada por la bandera exhibida durante el partido de fútbol sirviera para impulsar un nuevo proceso de diálogo, aunque admitió que no es optimista respecto de que eso ocurra en el corto plazo.

