Trump lanza un polémico Consejo de Paz financiado por los Estados

NewsITe
La iniciativa diplomática del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, comienza a tomar forma bajo el nombre de “Consejo de Paz” (Board of Peace), un organismo que se presenta como alternativa a las Naciones Unidas pero cuya arquitectura política y financiera ya genera fuertes controversias en la comunidad internacional.
De acuerdo con un borrador de estatutos revelado por la agencia Bloomberg, el proyecto prevé que los países que aspiren a un asiento permanente en el Consejo deban realizar una contribución mínima de 1.000 millones de dólares en efectivo. Este requisito coloca el financiamiento en el centro del esquema de poder del organismo, alejándolo de los modelos tradicionales de cooperación multilateral nacidos tras la Segunda Guerra Mundial.
Según el documento preliminar, el Consejo de Paz tendría como objetivo declarado “promover la estabilidad y asegurar una paz duradera en zonas de conflicto”, tomando a la Franja de Gaza como primer escenario de actuación. Sin embargo, especialistas en relaciones internacionales advierten que la propuesta puede convertirse en un foco de tensión geopolítica, al erigirse como un espacio rival de la ONU y con un liderazgo fuertemente personalizado en la figura de Trump.
Reglas de membresía, veto y poder de decisión
El borrador establece que cada Estado miembro contará con un voto y que las decisiones se adoptarán por mayoría simple. No obstante, todas las resoluciones quedarán supeditadas a la aprobación del presidente del Consejo, rol que asumiría el propio Trump, lo que en los hechos le otorga un poder de veto absoluto sobre cualquier medida.
- Poder de veto presidencial: ninguna resolución entrará en vigor sin la firma final del presidente del Consejo.
- Membresía por pago: los mandatos estándar se fijan en tres años, pero los países que aporten más de 1.000 millones de dólares en el primer año accederán, de facto, a un estatus de miembros permanentes.
- Puesta en marcha: la organización quedará formalmente constituida una vez que al menos tres Estados firmen y acepten sus estatutos.
Este modelo introduce un criterio fuertemente transaccional para el acceso y la permanencia, atado a la capacidad económica de los Estados, y rompe con el principio de igualdad soberana que rige en la ONU y en otros foros multilaterales.
Invitación a Argentina y reacciones en el escenario global
La iniciativa cobró especial relevancia en la Argentina luego de que el presidente Javier Milei confirmara haber recibido una propuesta formal para que el país se sume como Miembro Fundador del Consejo de Paz. Aunque no trascendió si Buenos Aires debería realizar el aporte mínimo de 1.000 millones de dólares, el guiño se inscribe en el alineamiento estratégico que el Gobierno viene expresando hacia Washington desde el inicio de su gestión.
Mientras Milei evalúa los alcances políticos y económicos de la invitación, en Europa y en distintos organismos internacionales predomina la cautela e incluso el rechazo. Fuentes consultadas por Bloomberg señalan que un grupo de países ya trabaja de manera coordinada para bloquear o al menos limitar el avance del Consejo, ante el temor de que se convierta en una herramienta de presión económica bajo el rótulo de diplomacia de paz.
Críticos del proyecto advierten que el Consejo de Paz podría consolidar un sistema en el que la influencia internacional se compra con cheques millonarios y se concentra en manos de un solo liderazgo.
Con el “Consejo de Paz”, la administración Trump busca rediseñar el mapa de la gobernanza global, privilegiando acuerdos de lealtad directa y contribuciones financieras sobre los mecanismos multilaterales tradicionales. El lugar que ocupará la Argentina en este nuevo tablero, y el impacto que el proyecto pueda tener en el equilibrio de fuerzas con la ONU, serán claves a seguir en los próximos meses.

