Trump eleva la tensión: amenaza con “controlar” Cuba

Trump vincula su ofensiva en Irán con una posible acción sobre Cuba

Donald Trump durante un discurso en Florida sobre Cuba e Irán

NewsITe

Buenos Aires, 2 de mayo (NA) – El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, volvió a escalar la tensión en el tablero internacional al asegurar que podría “tomar el control” de Cuba “casi de inmediato”, una vez que, según afirmó, concluya con el “trabajo” militar en Irán. Sus declaraciones, vertidas en un encuentro privado en Florida, reavivan el fantasma de una intervención directa en la isla caribeña.

El mandatario republicano fue el orador principal en una cena organizada por el Forum Club, en West Palm Beach. Allí, ante un auditorio integrado por dirigentes políticos y ejecutivos del sector privado, deslizó la posibilidad de ordenar que el portaaviones USS Abraham Lincoln, actualmente implicado en operaciones en Medio Oriente, se traslade al Caribe como muestra de fuerza frente al gobierno cubano.

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Trump llegó incluso a bosquejar un escenario de rendición sin combate. Según reconstruyó Noticias Argentinas, el presidente dijo que el portaaviones podría situarse “a unos 100 metros de la costa” de Cuba, desde donde –aventuró– la población diría “muchas gracias, nos rendimos”. La frase, celebrada por parte del auditorio, fue interpretada como una señal de endurecimiento adicional hacia La Habana.

Escalada de sanciones y presión económica sobre la isla

Las nuevas advertencias coinciden con el refuerzo de las sanciones económicas que Washington aplica sobre Cuba. El mismo viernes en que se conocieron las declaraciones, la administración Trump anunció medidas adicionales dirigidas contra sectores clave de la economía cubana, entre ellos energía, defensa, minería y servicios financieros.

Desde enero, la Casa Blanca sostiene una política de “máxima presión” que incluye restricciones al suministro de combustibles, trabas financieras y advertencias diplomáticas a países y empresas que mantengan vínculos estratégicos con el gobierno de la isla. El objetivo declarado es debilitar los pilares económicos del régimen y condicionar su margen de maniobra interno y externo.

Respaldo interno y debate en el Congreso de Estados Unidos

La ofensiva retórica de Trump encontró respaldo en su equipo y en referentes del oficialismo republicano. El secretario de Estado, Marco Rubio, acusó a Cuba de permitir la presencia de servicios de inteligencia de “adversarios” de Estados Unidos a escasas 90 millas de sus costas, algo que –advirtió– la gestión actual “no está dispuesta a tolerar”.

El clima de confrontación también se trasladó al Capitolio. El Senado estadounidense rechazó el martes una iniciativa impulsada por la oposición demócrata que buscaba limitar las posibilidades de que el presidente ordene operaciones militares sobre territorio cubano sin autorización previa del Congreso. La negativa mantuvo prácticamente intactas las facultades del Ejecutivo en materia de despliegue militar.

Cuba, Irán y la proyección de fuerza estadounidense

En su exposición a puertas cerradas, Trump volvió a presentar a la flota naval como instrumento central de disuasión. El USS Abraham Lincoln, que participa de la ofensiva contra objetivos vinculados a Irán, se transformó en símbolo de esa doctrina: usar el poderío militar como mensaje directo a gobiernos considerados hostiles.

  • Uso de sanciones económicas para presionar a La Habana.
  • Posible desplazamiento de activos navales al Caribe como señal de fuerza.
  • Debate interno en Washington sobre los límites al poder de guerra presidencial.

“Tomaremos el control de Cuba casi de inmediato”, habría dicho Trump, al vincular el desenlace del conflicto con Irán con una eventual acción directa sobre la isla.

Mientras persisten la incertidumbre y las advertencias cruzadas, Cuba vuelve a quedar en el centro de una disputa geopolítica donde se combinan sanciones, amenazas de intervención y el conflicto abierto en Medio Oriente. Analistas internacionales advierten que cualquier movimiento militar en el Caribe podría reconfigurar no solo el vínculo bilateral entre Washington y La Habana, sino también el equilibrio de poder en la región.

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