Tensión entre Washington y Londres por el tributo a gigantes tecnológicos

NewsITe
El expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió que, de volver a la Casa Blanca, podría aplicar “fuertes aranceles” a las importaciones procedentes del Reino Unido si Londres no elimina el llamado impuesto a los servicios digitales (ISD), un tributo que grava la facturación local de las grandes plataformas tecnológicas.
En una entrevista publicada por el diario británico The Telegraph, Trump sostuvo que el esquema fiscal británico golpea de manera injusta a empresas estadounidenses como Apple, Google y Meta. El exmandatario planteó que se trata de “grandes compañías estadounidenses, nos gusten o no, son nuestras empresas y las mejores del mundo”, en declaraciones reproducidas por la agencia Xinhua y retomadas por Noticias Argentinas.
El impuesto a los servicios digitales del Reino Unido aplica una tasa del 2% sobre los ingresos generados en territorio británico por motores de búsqueda, redes sociales y mercados en línea de gran escala. La medida se inscribe en la discusión global sobre cómo gravar a empresas que operan digitalmente y pueden tributar en jurisdicciones de baja imposición mientras generan ingresos en múltiples países.
“Más les vale tener cuidado”: la advertencia de Trump
Trump afirmó que su equipo viene analizando alternativas de respuesta y que una de las herramientas sería recurrir a aranceles selectivos contra productos británicos. “Podemos cumplir fácilmente con la medida imponiendo un fuerte arancel al Reino Unido. Así que más les vale tener cuidado. Si no eliminan el impuesto, probablemente les impondremos un fuerte arancel”, enfatizó.
El trasfondo de la amenaza se vincula con la histórica estrategia de Trump de utilizar los aranceles como mecanismo de presión en negociaciones comerciales y políticas, algo que ya se observó durante su gestión en los cruces con China, la Unión Europea y otros socios.
Recaudación millonaria y pulseada por la regulación digital
De acuerdo con datos difundidos por el Departamento de Ingresos y Aduanas británico, el ISD generó 944 millones de libras esterlinas (unos 1.300 millones de dólares) en el ejercicio fiscal 2025-2026, lo que representa un aumento del 17% frente al período previo.
Las proyecciones oficiales citadas por la prensa británica anticipan que la recaudación podría trepar a 1.400 millones de libras (aproximadamente 1.880 millones de dólares) anuales para 2030, consolidando al impuesto como una fuente relevante de recursos en el presupuesto del Reino Unido.
Pese a las presiones estadounidenses, el gobierno británico sostiene que el tributo se mantendrá en vigencia hasta que se logre un acuerdo internacional amplio sobre cómo gravar a las grandes plataformas. Desde Londres argumentan que el impuesto apunta a garantizar que las compañías digitales contribuyan en proporción a la actividad económica que desarrollan en el país.
Choque con Europa por los impuestos tecnológicos
El enfrentamiento por el impuesto digital no se limita al Reino Unido. En los últimos años, Estados Unidos mantuvo fuertes discrepancias con varios países europeos que impulsaron gravámenes similares. Washington alega que estas medidas castigan de manera desproporcionada a firmas estadounidenses, mientras que las capitales europeas remarcan la necesidad de actualizar los sistemas tributarios a la economía digital.
En ese marco, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) impulsa un acuerdo global que redefina dónde y cómo tributan las multinacionales digitales, con el objetivo de evitar la doble imposición pero también las maniobras de elusión fiscal. Hasta que ese consenso se plasme en normas concretas, varios gobiernos europeos, entre ellos el británico, planean sostener sus esquemas nacionales de impuestos digitales.
“No me gusta que ataquen a las empresas estadounidenses, porque básicamente se trata de nuestras grandes empresas estadounidenses”, remarcó Trump al criticar la política fiscal británica.
La advertencia de nuevos aranceles suma tensión a una relación bilateral que, en los últimos años, ya estuvo marcada por debates comerciales pos-Brexit y por la competencia regulatoria en torno a la economía digital.

