Una noche de rock sureño en el corazón del Abasto

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El Conventillo Cultural Abasto se convirtió, por una noche, en una pequeña estación del sur de Estados Unidos. En ese escenario porteño, una banda encabezada por el guitarrista y cantante Juan Manuel Rodríguez Silva ofreció un potente tributo a The Allman Brothers Band, una de las formaciones fundamentales del rock sureño. Con un repertorio cuidadosamente elegido y un sonido trabajado al detalle, el grupo consiguió trasladar al público a la tradición de Macon, Georgia, sin perder el pulso propio de la escena local.
Rodríguez Silva estuvo acompañado por Demian Núñez en guitarra, Lucho Herlein en teclados, Sebastián Heudtlass en bajo y Federico Renati en batería, con la participación especial del guitarrista Franco Martino. Desde los primeros compases se notó un ensamble sólido, fruto de un trabajo colectivo que fue más allá del simple ejercicio de imitación. Aunque la formación ya había rendido homenajes a George Harrison y a Derek and the Dominos, la soltura con la que transitaron este repertorio dejó la sensación de que conviven a diario con estas canciones.
El concierto abrió con “Hot Lanta”, instrumental que sirvió como carta de presentación para la banda y calentó motores en la sala. Luego llegó “Statesboro Blues”, donde Núñez desplegó un slide afilado que encendió al público y marcó la temperatura de la noche. La lista continuó con “Trouble No More”, de pulso blusero y ejecución vertiginosa, hasta desembocar en una extensa y climática versión de “In Memory of Elizabeth Reed”. Allí se manifestó con claridad el espíritu de The Allman Brothers Band, con una compleja trama rítmica en la que las guitarras se entrelazaron con el órgano Hammond, dando lugar a largos solos y atmósferas cambiantes.
En el tramo central del recital el clima se volvió más íntimo. Rodríguez Silva invitó al escenario a Franco Martino para un set electroacústico que incluyó lecturas sobrias y sentidas de “Midnight Rider” y “Blue Sky”. Las dos guitarras, en diálogo permanente, sostuvieron melodías limpias y armonías vocales cuidadas que ofrecieron un respiro antes del regreso de la electricidad. Ese pasaje funcionó como puente entre la épica jamera y la canción más desnuda, una faceta muchas veces menos explorada de la banda homenajeada.
Entre la tradición de Macon y la escena porteña
El resto del grupo volvió al escenario para encarar una versión de “Jessica” que reafirmó el nivel instrumental de la formación. Sobre el final, el trío de guitarras encontró su punto máximo en “Ramblin’ Man”, con un público ya completamente entregado. Tras la despedida de Martino, el conjunto se lanzó a una intensa “Whipping Post”, ejecutada con una energía casi cinematográfica, y remató la velada con “You Don’t Love Me”, donde se sumó como invitado el guitarrista zurdo Juan Cruz Posadas, responsable del show de apertura junto a su trío.
Más allá de la respuesta entusiasta de la audiencia, la noche dejó la sensación de haber presenciado un gesto poco frecuente en la cartelera porteña: un tributo dedicado exclusivamente a The Allman Brothers Band, algo casi inédito en Buenos Aires. En los años setenta, proyectos como Stubeaker y Carolina recogieron su influencia; luego lo hicieron Dulces 16 con Conejo Jolivet, y más tarde músicos como Víctor Hamudis y Yalo López mantuvieron vivo ese legado desde composiciones propias. En tiempos recientes, el grupo Támesis incorporó algunas versiones, y el guitarrista Nico Bereciartua, hoy en The Black Crowes, se declaró seguidor de la escuela de Macon.
- Repertorio centrado en clásicos del rock sureño y el blues eléctrico.
- Formación con tres guitarras en escena en los momentos clave del show.
- Un abordaje respetuoso del legado de Allman Brothers, pero con sello local.
Durante dos horas, el legado del rock sureño volvió a respirar con fuerza propia en pleno Abasto, demostrando que cuando las guitarras dialogan así, la historia sigue viva.
El paso de este homenaje por el Conventillo Cultural Abasto confirmó que la tradición sureña todavía encuentra nuevas voces dispuestas a revisitarla sin caer en la caricatura ni en la nostalgia vacía. Con oficio, pasión y un profundo conocimiento del repertorio, la banda de Rodríguez Silva sumó un capítulo singular a la historia del rock en Buenos Aires.

