Tras 150 años desaparecidas, 158 tortugas gigantes regresaron a una isla de Galápagos con ayuda de datos satelitales

Las tortugas gigantes volvieron a la isla Floreana después de haber desaparecido del lugar durante el siglo XIX. Científicos utilizaron información satelital sobre vegetación, precipitaciones, temperatura y terreno para seleccionar los sitios con mejores condiciones para su reinserción.

Después de más de un siglo y medio de ausencia, las tortugas gigantes volvieron a caminar por la isla Floreana, en el archipiélago de Galápagos. Un programa de restauración ecológica permitió liberar 158 ejemplares y utilizó información satelital para seleccionar los sectores más adecuados para su regreso.

La liberación se realizó el 20 de febrero de 2026 en dos puntos estratégicos de la isla. Las tortugas tienen entre 12 y 14 años, una edad en la que ya cuentan con un tamaño que incrementa sus posibilidades de sobrevivir en libertad.

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Los especialistas también eligieron deliberadamente el momento del año. El regreso coincidió con la temporada de lluvias, período en el que aumenta la disponibilidad de vegetación y aparecen fuentes estacionales de agua.

Por qué desaparecieron de Floreana

La población de tortugas gigantes de Floreana desapareció durante el siglo XIX. Durante décadas, los balleneros que recorrían el Pacífico las cazaron y transportaron como fuente de alimento para sus largas travesías.

A esa presión se sumó la introducción de animales invasores, entre ellos cerdos y ratas, que comenzaron a alimentarse de huevos y ejemplares jóvenes.

La desaparición de las tortugas también alteró el funcionamiento del ecosistema. Estos animales consumen vegetación, abren caminos entre la maleza y dispersan semillas mientras se desplazan, por lo que cumplen una función en la transformación del paisaje.

Durante décadas se creyó que el linaje original de Floreana se había perdido definitivamente. Sin embargo, un descubrimiento realizado en 2000 abrió una posibilidad para recuperarlo.

Investigadores encontraron en el volcán Wolf, ubicado en la isla Isabela, tortugas con características particulares. Posteriores estudios genéticos compararon su ADN con muestras obtenidas de restos de antiguas tortugas de Floreana y determinaron que algunos ejemplares conservaban ascendencia de aquella población.

La hipótesis apunta a que balleneros trasladaron tortugas entre diferentes islas siglos atrás. Ese movimiento habría permitido que parte del linaje sobreviviera fuera de Floreana.

A partir de esos resultados, los especialistas desarrollaron un programa de reproducción que permitió obtener nuevos ejemplares destinados a regresar a la isla.

Datos desde el espacio para elegir dónde liberarlas

Uno de los principales desafíos era determinar en qué sectores podían adaptarse mejor los animales. Las tortugas habían crecido bajo condiciones controladas y necesitaban encontrar alimento, agua y espacios apropiados para descansar y reproducirse.

Para definirlo, los investigadores combinaron millones de observaciones sobre tortugas de distintas islas con información obtenida mediante satélites.

Los datos provenientes de sistemas como Landsat y Sentinel permitieron analizar la vegetación y sumar variables vinculadas con las precipitaciones, las temperaturas y las características del terreno. Con esa información, los científicos elaboraron modelos para identificar los ambientes más favorables.

La tecnología también permite proyectar cómo podrían modificarse esas condiciones en las próximas décadas. Se trata de un factor relevante para una especie cuyos ejemplares pueden superar los 100 años de vida.

Un proyecto que busca recuperar el ecosistema

Las 158 tortugas liberadas forman parte del Proyecto de Restauración Ecológica de Floreana. La iniciativa tiene un objetivo más amplio: recuperar especies nativas y reconstruir funciones naturales perdidas durante décadas.

El programa contempla combatir especies invasoras y avanzar con la reintroducción de al menos 12 especies originarias de la isla.

Mientras tanto, las tortugas adultas utilizadas en el programa de reproducción permanecerán bajo cuidado para continuar generando descendencia. Las nuevas generaciones serán incorporadas progresivamente a Floreana una vez que alcancen un tamaño que les permita enfrentar las condiciones naturales.

Así, después de más de 150 años, las tortugas gigantes volvieron a ocupar un territorio del que habían desaparecido. Esta vez, su regreso combinó conservación, estudios genéticos y datos obtenidos desde el espacio para aumentar las posibilidades de que la población vuelva a establecerse en la isla.

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