A 27 años de la llegada de Titanic al VHS: una joya del cine autoconsciente en la mirada de Angel Faretta

El 5 de marzo de 1998, Titanic llegó a los videoclubes, consolidándose como un fenómeno cultural en el formato doméstico.

El 5 de marzo de 1998, Titanic llegó a los videoclubes y tiendas en formato VHS, consolidándose como un fenómeno cultural de masas. Para entonces, la película de James Cameron ya había batido récords en taquilla y se encaminaba a hacer historia en los premios Óscar.

A 27 años de su estreno en cines, la cinta sigue siendo un referente del cine moderno autoconsciente. No solo por su impresionante despliegue técnico con reminiscencias barrocas, sino también por la manera en que logró retratar la tragedia del transatlántico inserta en perspectiva mayor del colapso de una época.

Con 11 premios Óscar, incluyendo Mejor Película y Mejor Director, Titanic se posicionó hasta el día de hoy como una de las producciones más exitosas de todos los tiempos.

La historia de Jack y Rose, interpretados magistralmente por Leonardo DiCaprio y Kate Winslet, trascendió la pantalla grande. Se convirtió en un símbolo de la tragicidad puesta en escena de forma brillante.

El análisis de Ángel Faretta: un cine de lo sublime

El crítico de cine y teórico estético argentino Ángel Faretta ha analizado Titanic desde una perspectiva muy propia, con un abordaje inédito hasta entonces.

Para él, la película de Cameron es un claro ejemplo del cine “autoconsciente”, concepto que desarrolló a lo largo de su prolífica obra teórica. Según Faretta, el film no es solo una recreación espectacular del hundimiento del Titanic o una simple historia “romántica”. Más bien, se inscribe en una tradición cinematográfica que combina el melodrama clásico con una mitología del héroe romántico que nos precede “desde la noche de los tiempos”.

Titanic, revisada por Angel Faretta

Faretta destaca cómo Cameron construye una narrativa que se nutre del cine clásico de Hollywood. Y en una titánica (nunca mejor dicho) construcción, va tomando elementos del cine de aventuras, el romanticismo decimonónico y la tragedia griega.

En su análisis, Faretta señala que Titanic es una película que, bajo la piel de una estética grandilocuente, presenta una dimensión simbólica riquísima, con referencias y alusiones veladas que nadie está obligado a ver y no obstruyen el desarrollo de una trama sencilla y conmovedora. Pero que, tal como la arquitectura de una catedral medieval o un fresco del renacimiento están ahí, conectándonos con elementos tradicionales muy caros a nuestra condición humana.

El crítico ha resaltado que la película no solo retrata la tragedia del Titanic como un mero desastre marítimo -aunque también, ciertamente, lo es-, sino como la representación del colapso de una época. La opulencia del barco simboliza el esplendor de la modernidad y el optimismo del siglo XX, mientras que su hundimiento marca el inicio de una era de incertidumbre y cambios profundos. Mas aún: el hundimiento del Titanic es el advenimiento de esa dimensión trágica ineludible, que la modernidad niega pero no puede evitar.

En este sentido, Faretta revela a Titanic como una obra que plantea una reflexión sobre el destino y la fragilidad de la civilización humana en su dimensión inevitablemente trágica. En una “verticalidad”, que, a semejanza del iceberg en medio del Atlántico, “corta” con la horizontalidad incesante de una modernidad liberal positivista que pretende construir barcos que “ni Dios puede hundir”.

El legado de una película eterna

A 27 años de su estreno, Titanic sigue siendo una de las películas más vistas, comentadas y analizadas en la historia del cine. Su impacto va más allá del éxito comercial, consolidándose como un referente del cine épico y trágico. La forma en que Cameron combinó efectos especiales innovadores con una narrativa clásica ha convertido a esta obra en un modelo de cine espectacular, pero con alma.

Las reflexiones de Ángel Faretta sobre Titanic ofrecen una perspectiva que trasciende la taquilla y los premios. Para él, la película es un ejemplo de cómo el cine puede ir más allá del entretenimiento y transformarse en una experiencia estética, filosófica y emocional.

En su ciclo de charlas titulado El simbolismo de la nave, este prolífico crítico estético ha explorado tal vez como nadie el film de Cameron. A través de sus seminarios, ha enseñado las profundas referencias simbólicas fundamentales que la película contiene y que, en muchos casos, pasan desapercibidas. Pero están allí, colocadas de una manera brillante. Y siempre se trata de esos datos y saberes tradicionales, que han entrado en diáspora fragmentaria desde la modernidad.

Los aportes de Faretta han sido, y siguen siendo, una enseñanza clave para redescubrir esta joya del cine, que hoy cumple 27 años de su llegada al formato VHS. Precisamente, es a través de ese artefacto técnico—inevitable en tiempos de esta “movilización total” (como él suele citar, aludiendo a Ernst Jünger)—que este crítico porteño ha transmitido la riqueza a menudo olvidada de este film.

Después de todo, como dice Faretta toda gran obra artística puede verse y revisitarse una y otra vez. Y nunca se agota.

A casi tres décadas de su estreno, Titanic sigue navegando en la memoria colectiva, demostrando que las grandes historias nunca se hunden.

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