Tensión por Groenlandia: Europa frena el avance de Trump

Groenlandia, nueva pieza clave en la puja entre Washington y Europa

Efectivos militares operando en el territorio ártico de Groenlandia

NewsITe

Groenlandia volvió a instalarse en el centro de la geopolítica mundial a partir de la ofensiva del gobierno de Estados Unidos, encabezado por Donald Trump, para quedarse con la isla ártica. La Casa Blanca insiste en avanzar hacia una anexión o algún tipo de control directo sobre el territorio, mientras Dinamarca y las autoridades groenlandesas se atrincheran detrás del principio de “integridad territorial” y reciben el respaldo cerrado de la Unión Europea y la OTAN.

La reunión celebrada en la Casa Blanca entre representantes de Dinamarca, Groenlandia y Estados Unidos concluyó sin avances concretos, pero sí dejó en evidencia el choque de visiones. Washington presiona para transformar a Groenlandia en un activo propio, clave para su seguridad nacional y para el tablero militar en el Ártico; Copenhague, en cambio, reiteró que no habrá cesión de soberanía bajo ningún formato y que el futuro de la isla solo puede definirse dentro del Reino de Dinamarca.

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En conferencia de prensa frente a la embajada danesa, el canciller Lars Lokke Rasmussen subrayó que las posiciones “siguen siendo diferentes” y recordó que el gobierno danés ya comunicó con claridad su negativa a cualquier tipo de venta o traspaso. A su lado, la representante de Exteriores de Groenlandia, Vivian Motzfeldt, fue contundente: el objetivo es cooperar con Estados Unidos en materia de seguridad, pero sin renunciar a la condición de territorio danés ni aceptar ser “propiedad” de otro país.

El valor estratégico y militar de la isla ártica

Detrás del interés de Trump se mezcla la histórica presencia militar estadounidense en Groenlandia con el nuevo escenario que abre el deshielo del Ártico. El territorio, rico en minerales y recursos naturales, permite monitorear los movimientos de Rusia y China en el Atlántico Norte y controlar posibles rutas de navegación que podrían ganar relevancia en las próximas décadas.

Estados Unidos ya opera la base de Pituffik, instalada en 1943, que durante la Guerra Fría llegó a alojar a miles de soldados y hoy mantiene un contingente reducido. El acuerdo de defensa firmado en 1951 con Dinamarca habilita despliegues militares norteamericanos sin alterar la soberanía formal de la isla. Trump, sin embargo, insiste en que “no se defiende igual algo que se alquila que algo que es propio” y que Washington debe ser dueño de Groenlandia para garantizar su defensa frente a Rusia o China.

Respuesta europea: refuerzo militar y frente diplomático

La reacción europea fue rápida. Dinamarca anunció el incremento inmediato de su presencia militar en Groenlandia, así como la ampliación de ejercicios con la OTAN. El Ministerio de Defensa danés explicó que las maniobras buscan mejorar la capacidad de operar en condiciones extremas del Ártico y fortalecer la presencia aliada en una región clave para la seguridad de Europa y de la relación transatlántica.

En paralelo, Suecia y Alemania sumaron oficiales y contingentes a las prácticas conjuntas, mientras Noruega anticipó pasos similares. Francia, por su parte, decidió abrir un consulado en Groenlandia, gesto diplomático que se leyó como un apoyo explícito a Copenhague frente a la presión de Washington. A esto se sumaron las advertencias del presidente Emmanuel Macron sobre las “consecuencias en cadena” que tendría cualquier violación de la soberanía groenlandesa.

La OTAN, el Parlamento Europeo y el mensaje a Washington

  • Trump reclamó que “la OTAN debería liderar el camino” para que Estados Unidos asuma el control de la isla.
  • El Parlamento Europeo condenó las declaraciones de la administración estadounidense y pidió apoyo concreto a Dinamarca y Groenlandia.
  • Ursula von der Leyen remarcó que solo la población de la isla y el Reino de Dinamarca pueden decidir su futuro.
  • España y otros socios europeos expresaron su respaldo a la integridad territorial danesa.

“Queremos fortalecer nuestra cooperación con Estados Unidos, pero esto no significa que queramos ser propiedad de Estados Unidos”, sostuvo Vivian Motzfeldt, representante de Exteriores de Groenlandia.

Mientras Trump reitera que cualquier opción distinta a una Groenlandia bajo control estadounidense resulta “inaceptable”, Europa responde con un cierre de filas político, diplomático y militar. El mensaje que llega desde Copenhague y Bruselas es inequívoco: la isla seguirá siendo parte del Reino de Dinamarca, respaldada por sus aliados, y no se someterá a presiones que vulneren el derecho internacional ni el principio de soberanía territorial.

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