Tensión máxima por Groenlandia: Europa desafía el ultimátum de EE.UU.

Europa responde al ultimátum de Trump por la soberanía de Groenlandia

Mette Frederiksen y la disputa entre Europa y Estados Unidos por Groenlandia

NewsITe

La disputa por la soberanía de Groenlandia desató una nueva tormenta diplomática entre Europa y Estados Unidos. La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, afirmó que “Europa no será chantajeada”, en respuesta directa al anuncio de Washington de aplicar aranceles punitivos a los países que rechacen la venta de la estratégica isla ártica.

Las declaraciones de Frederiksen se produjeron tras una ronda de consultas de emergencia con los principales líderes europeos, entre ellos el canciller alemán Friedrich Merz, el presidente francés Emmanuel Macron y el primer ministro británico Keir Starmer. El objetivo: acordar una respuesta conjunta ante lo que Bruselas considera una escalada sin precedentes en la presión económica de la Casa Blanca.

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Según adelantó la administración de Donald Trump, desde el 1 de febrero entraría en vigencia un arancel del 10% sobre productos provenientes de ocho países europeos: Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia. La amenaza va más allá: si para principios de junio no hay entendimiento sobre una eventual venta de Groenlandia, la tasa saltaría al 25%, golpeando de lleno a sectores industriales y agroalimentarios.

Aranceles como presión geopolítica

En Washington argumentan que el control de Groenlandia es clave para la seguridad nacional de Estados Unidos y para la competencia estratégica con Rusia y China en el Ártico. La isla, rica en recursos naturales y ubicada en un punto neurálgico de rutas marítimas y militares, se volvió pieza codiciada en el tablero global.

Frente a este escenario, un bloque de ocho naciones europeas emitió un comunicado conjunto expresando “solidaridad total” con Dinamarca y advirtiendo sobre una “peligrosa espiral descendente” en las relaciones transatlánticas. En Bruselas interpretan la ofensiva arancelaria como un intento de condicionar decisiones de soberanía mediante herramientas comerciales.

La respuesta europea y el impacto en la OTAN

Frederiksen remarcó que la discusión excede las fronteras danesas y toca principios que Europa considera irrenunciables: integridad territorial, respeto al derecho internacional y autonomía de los territorios con estatus especial. Recordó además que Groenlandia es parte del Reino de Dinamarca, cuenta con un alto grado de autogobierno y “no está en venta”.

La tensión también complica la cohesión interna de la OTAN. Aliados históricos se enfrentan ahora por una disputa de política exterior en la que Estados Unidos recurre a su peso económico como herramienta de presión. En Copenhague y otras capitales ya se estudian posibles represalias: desde demandas ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) hasta aranceles espejo dirigidos a sectores sensibles de la economía norteamericana.

“Queremos cooperación, no conflicto. Pero Europa no va a aceptar que se la presione para negociar su territorio”, sostuvo Frederiksen, en una frase que sintetiza el clima que domina hoy las capitales europeas.

Mientras tanto, analistas internacionales advierten que la llamada “Doctrina Donroe”, basada en el uso expansivo de los aranceles como instrumento geopolítico, podría marcar una nueva fase de fricción entre ambos lados del Atlántico, con impacto no solo en la diplomacia, sino también en el comercio global.

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